Susana Meana, la gijonesa que tuvo que esperar 20 años a que le diagnosticaran su enfermedad

Susana Meana Tejo con la medicación que debe tomar a diario. Son más de diez pastillas cada día. /
Susana Meana Tejo con la medicación que debe tomar a diario. Son más de diez pastillas cada día.

Sufre 'Lyme', una infección que transmiten las garrapatas. «Me han tildado de loca porque no sabían qué tenía»

LAURA FONSECAGijón

Las garrapatas no solo pueden dar una mala vida a los perros. También a las personas. Si no que se lo pregunten a Susana Meana Tejo, a la que los médicos y especialistas tardaron veinte años en diagnosticarle 'Lyme', la enfermedad de la garrapata, una extraña infección que ahora se constata que lleva décadas al libre albedrío atacando su organismo. Lo que sufre esta joven de 36 años, nacida en Madrid, pero que lleva viviendo en Gijón «desde pequeña», es una rara dolencia que transmiten éstos ácaros. Se trata de una patología infecciosa causada por la 'espiroqueta borrelia burdorgferi', una bacteria transmitida por las garrapatas y que primariamente se encuentran en roedores, perros e, incluso, se cree que hasta pájaros.

en contexto

El problema de la enfermedad de Lyme es que suele confundirse con otros trastornos, por lo que su diagnóstico, como ocurrió con Susana, suele demorarse durante años. «Se la conoce como la gran imitadora por sus más de 360 síntomas diferentes, como la esclerosis múltiple, alzhéimer, ELA, fatiga crónica o fibromialgia», explica. En los estadíos iniciales «suele parecerse mucho a la gripe, porque provoca febrícula, dolores musculares y de cabeza». Además, en muchas ocasiones los afectados no suelen ser conscientes de que les picó una garrapata por lo que «ni siquiera hay sospecha de que pueda ser este tipo de infección». Los enfermos suelen recibir diagnósticos erróneos y tardíos. Muchos de ellos, se enmarcan como casos de fatiga crónica, como cuenta Sara Fernández, presidenta de la Asociación Lyme Crónico de España (ALCE), creada hace dos años para dar visibilidad a esta dolencia «muy poco conocida y muy poco manejada por los médicos», afirma.

Susana sí supo que algo le había picado. Fue hace tiempo. «Tenía 16 años y estaba en las fiestas de Santiago, en Les Vieyes, en Villaviciosa». Ella era dama de honor. Todo iba sobre ruedas para la entonces adolescente hasta que «un bicho me picó en la pierna», dice mientras muestra dos marcas que aún se pueden ver en su muslo izquierdo. «Me puse malísima y estuve un mes a tratamiento. Tenía dos agujeros tremendos y de aquella pierna infectada salió de todo, pus y carne 'podre'. Fue horrible. Recuerdo que venían a curarme y que el médico metía una especie de bisturí para medir la profundidad de la picadura y de la zona dañada, que crecía día tras día». La joven llegó a pensar que perdería la pierna, pero «un mes después, aquello empezó a mejorar, aunque nunca llegaron a saber qué me había picado».

Mareos bruscos

Susana dice que desde aquello «ya no fui la misma. Nunca me llegué a sentir bien del todo. Me dolía todo el cuerpo y se me inflamaban las piernas y los dedos. Empecé a enfermar continuamente». Como a muchos de los que caen en las garras del Lyme, enfermedad que lleva el nombre de la ciudad estadounidense donde se describió por vez primera en 1975, a Susana le dijeron que sufría fibromialgia. Ese diagnóstico se lo dieron hace 14 años, pero ella siguió sufriendo otros problemas de corazón, ginecológicos, neurológicos. Hasta «una retinosis pigmentaria que casi me deja ciega».

Eso no le impidió desarrollar una vida medianamente normal, trabajar de camarera (algo que ya no puede hacer porque hay días que «no me tengo en pie») y tener dos hijos, ahora adolescentes. Pero en diciembre del año pasado empeoró. Empezó a sufrir mareos, cambios bruscos de humor y estados depresivos. «Me caigo por la calle, así, de repente. La mente se me pone en blanco y me desplomo», cuenta. Durante muchos años «me tildaron de loca porque no sabían lo que tenía. Decían que todo era psicosomático, que eran enfermedades que yo misma me producía con la mente». Pero en marzo de este año, un neurólogo del Hospital de Jove le hizo las pruebas serológicas que dieron positivo al Lyme. Su cuerpo presentaba anticuerpos 'igm' que confirmaban la presencia de la bacteria que transmite la garrapata. La infección campó a sus anchas durante tanto tiempo en su organismo que prácticamente se adueñó de él. En mayo la tuvieron que ingresar porque sus piernas se paralizaron. A Susana le pusieron antibióticos, que al parecer es lo único que puede erradicar la infección o, al menos, mantenerla a raya. Pero el tratamiento no fue efectivo «y ahora me vuelven a enviar al psiquiatra porque piensan que es algún trastorno mental».

El caso de Susana «es de libro», dice la presidenta de ALCE. «Un tercio de los enfermos acaban en el psiquiatra, entre otras cosas porque la toxicidad que genera la bacteria acaba provocando problemas psiquiátricos». Sara Fernández sabe por experiencia propia que «al principio el tratamiento con antibiótico genera resistencias lo que puede llevar a pensar que está fallando. Pero es todo lo contrario. La bacteria se intenta defender, se encapsula y se esconde, por eso es fundamental que el antibiótico se mantenga durante meses».

Ella lleva a tratamiento dos años y ya ha recuperado hasta el 80% de lo que había perdido por culpa de la infección.