El alma del Banco de Alimentos

El alma del Banco de Alimentos

Natural de La Camocha, estudió para industrial pero trabajó siempre de comercial. Actualmente estudia Psicología

Llega en su Vespa negra y disfruta de un té manchado con un chorrito de leche mientras desgrana, con su habitual todo pausado, su propia historia. No es difícil darse cuenta de que Juan Luis Núñez (Gijón, 1958), es una de esas personas que se entregan a los demás, pues pese a poder contar infinidad de anécdotas de su infancia en el poblado o de sus numerosos viajes al extranjero por motivos laborales, es en los proyectos que tiene en mente para mejorar la vida de quienes más sufren en los que prefiere detenerse y a los que vuelve una y otra vez.

Nació en Gijón pero Juan Luis pasó toda su infancia en el poblado de La Camocha, donde su padre trabajaba de minero. Allí hizo piña con otros niños con quienes pasaba el mayor tiempo posible en la calle, su campo de juegos. Con una enorme sonrisa, Juan Luis recuerda las tardes jugando a baloncesto con una improvisada canasta formada por las ramas de un platanero o a indios y vaqueros con arcos fabricados por él mismo. Uno de sus pasatiempos favoritos, relata, era ir a robar cerezas y manzanas, una actividad cuyo interés era directamente proporcional a la probabilidad existente de ser perseguidos por el dueño. «Si le preguntas a mi madre, te dirá que siempre fui un niño buenísimo, pero el caso es que yo recuerdo que prácticamente todos los días salía la zapatilla a pasear», bromea.

Con catorce años comenzó a estudiar en los Jesuitas para pasar, posteriormente, a la Fundación Revillagigedo, donde se formó como maestro industrial. Inició también los estudios de Ingeniería, pero no llegó a terminarlos y empezó muy joven a trabajar como comercial. «La verdad es que fue un poco sin querer, pues un matrimonio amigo de mis padres llevaba la representación del Grupo Siro en Asturias y me consiguió un puesto en verano como mozo de almacén y repartidor», explica. Un día se vio con un catálogo de productos en la mano ante la puerta de una tiendecita de la calle Dos de Mayo, en el barrio de La Calzada, y unas irrefrenables ganas de echar a correr. «Me metí en el coche y ahí sentado lo pensé bien. Finalmente decidí entrar y hablar con la dueña y resulta que me gustó», relata. Al poco tiempo ya estaba trabajando para una empresa multinacional e iniciando una carrera que en poco tiempo le llevaría a representar a varias empresas alrededor de todo el mundo para terminar asentándose en Bacardi.

Enamorado del mundo de las relaciones comerciales, no dejó de formarse para adquirir habilidades en gestión de equipos, dirección, motivación, etcétera. Fueron precisamente todos estos cursos los que comenzaron a alimentar el gusto por la Psicología que le llevó, hace un par de años, a matricularse en la Universidad de Oviedo.

Durante sus años de comercial Juan Luis viajó por toda España, Europa y parte de América. Eran, sin embargo, viajes de trabajo que le dejaban poco tiempo para conocer los lugares en los que se alojaba. Por ese motivo no dudó en lanzarse a conocer muchos de aquellos lugares por su cuenta. «Un verano, incluso, cogí una autocaravana y me recorrí toda Andalucía».

Campamentos parroquiales

Para lo que sí sacaba tiempo, aunque fuera de debajo de las piedras, era para ayudar y concienciar a los demás. Su lado más solidario comenzó a despuntar cuando era apenas un adolescente y comenzó a participar en el movimiento junior de la parroquia de Vega, que organizaba salidas a la naturaleza y acciones de voluntariado. Fue allí donde conoció a su ex mujer, con quien tuvo seis hijos y organizó numerosos campamentos destinados a concienciar a las familias asistentes en asuntos como la paz y la igualdad.

Con el paso del tiempo continuó involucrándose en labores de voluntariado en entidades como Proyecto Hombre y el Albergue Covadonga que compaginaba con su trabajo. Fue precisamente un grupo de voluntario del albergue, entre los que se encontraba Juan Luis, el que sentó las bases de lo que hoy conocemos como la Fundación Banco de Alimentos de Asturias. «Comenzamos a buscar alimentos para el albergue y nos enteramos de que en Madrid estaba funcionando una cosa que se llamaba Banco de Alimentos. Nos pusimos en contacto con ellos, fuimos a ver como funcionaba y decidimos ponerlo en marcha aquí», relata.

Dicho y hecho. Con presupuesto cero y la ilusión por las nubes un grupo de quince personas logró hacerse con vehículos y un almacén y comenzó a funcionar. Corría el año 1997 y durante su primer ejercicio recogieron 30.000 kilos de alimentos, una cifra que en 2014 se elevó a más de dos millones. Juan Luis preside desde el año 2000 la fundación y reconoce que el cargo le permitió conocer «la cara más dura de la necesidad, pero también comprobar cómo cuando las dificultades aprietan las personas son capaces de dar lo mejor de sí mismas».