La Liga planta cara a los ultras

Carga policial de la Unidad de Intervención Policial (UIP) en el Fondo Sur, en marzo de 2015 tras incidentes en la grada de El Molinón. /
Carga policial de la Unidad de Intervención Policial (UIP) en el Fondo Sur, en marzo de 2015 tras incidentes en la grada de El Molinón.

«Quiere acabar con la violencia en el fútbol a toda costa», señala el inspector Claudio Alperi

LUCÍA RAMOS

Ultras cada vez más jóvenes y politizados. La muerte de Francisco José Romero Taboada 'Jimmy', un hincha del Deportivo de La Coruña el pasado mes de noviembre en las inmediaciones del Vicente Calderón durante una pelea entre miembros del Frente Atlético y los Riazor Blues, volvió a poner en el punto de mira a estos grupos que llevan la afición por sus colores más allá del límite. Este suceso, que inevitablemente trae a la memoria el caso del hincha de la Real Sociedad Aitor Zabaleta, asesinado de una puñalada en el corazón en 1998 por un ultra del Frente Atlético, coincidió con lo que parece «un repunte» de estos grupos tras «varios años de estancamiento», según señala el inspector del Cuerpo Nacional de Policía, Delegado de Participación Ciudadana y Coordinador de Seguridad de El Molinón, Claudio Alperi. Unos colectivos que cada vez cuentan con miembros más jóvenes -aunque no por ello menos peligrosos- y con un «fuerte componente político».

Ante semejante panorama, y sobre todo después de que la muerte de 'Jimmy' disparase todas las alarmas, los clubs, que hasta hace poco tiempo permitían ciertos privilegios a sus ultras, comienzan a tomar medidas parar pararles los pies. Una cruzada que encabeza la Liga de Fútbol Profesional, decidida a «acabar con la violencia, ya sea física o verbal, a toda costa», señala Alperi.

La aprobación de la Ley del Deporte de 2007 fue el detonante que aceleró el destierro de los estadios de algunos de los grupos ultras más peligrosos del país, como los Boixos Nois del Barcelona y los Ultras Sur del Real Madrid. Sin embargo, son muchos los que todavía siguen en activo y cuentan, según señala el Coordinador de Seguridad de El Molinón, con miembros cada vez más jóvenes, politizados y violentos entre sus filas. «Muchos de los veteranos se van alejando de este ambiente por motivos laborales, familiares o, simplemente, cansancio, pero siempre hay numerosos jóvenes dispuestos a darles el relevo», explica.

En Gijón, se calcula que los Ultra Boys aglutinan a unos 350 seguidores del Sporting. Muchos de ellos ni siquiera residen en la ciudad, apunta Alperi. «Hay grupos o secciones de lugares como Langreo o Cudillero. A los más radicales los tenemos perfectamente identificados, con nombre y apellidos, e intentamos tenerlos más o menos controlados cada vez que hay partido», explica. A los nuevos 'fichajes' se les hace también un seguimiento para ver por qué ambientes se mueven.

El Cuerpo Nacional de Policía conoce, asimismo, las zonas por las que suelen salir los ultras gijoneses antes de los partidos y los días en los que los encuentros se disputan en la ciudad varios agentes de paisano se encargan de controlar las calles para alertar de movimientos sospechosos y tratar de evitar altercados con los seguidores del equipo visitante. Aún así, muchas veces los ultras se las arreglan para 'encontrarse' en cualquier punto de Gijón y liarse a golpes. Hace dos años, relata Alperi, los agentes localizaron a un grupo muy numeroso de Ultra Boys que se disponía, presuntamente, a enfrentarse a los Riazor Blues del Dépor. «Cuando se percataron de la presencia policial huyeron, pero a su paso dejaron más de cuarenta palos de madera tirados en el suelo».

Quedadas por Whatsapp

«Lo más complicado siempre es controlar a los de fuera, pues no siempre sabemos cómo vienen ni a qué hora llegan», indica Alperi. Cuando se va a disputar un partido declarado de alto riesgo, añade, los coordinadores de seguridad de ambos clubes se ponen en contacto para compartir información. «A veces es muy buena, pero otras no se sabe nada. Las semanas previas al encuentro solemos vigilar las redes sociales para tratar de averiguar cómo van a ser los desplazamientos y si los grupos ultras rivales organizan alguna quedada para pelearse. Sin embargo, la aparición de aplicaciones de mensajería instantánea como el Whatsapp nos pusieron las cosas muy difíciles, pues es imposible controlar esas conversaciones». No obstante, se suelen establecer controles en las principales carreteras y en numerosas ocasiones se consigue localizar a los ultras visitantes y proceder a su identificación y registro.

Los Ultra Boys, indica Alperi, son de extrema derecha, por lo que los partidos más peligrosos son aquellos que se disputen contra equipos con hinchadas antifascistas. «Voy a solicitar que se declaren de alto riesgo los encuentros con el Celta de Vigo, Deportivo de Coruña, Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Rayo Vallecano y Sevilla. Este último es el peor, pues los Ultra Boys se llevan a matar con Biris Norte, que viajan mucho». Cabe recordar que ambos grupos mantuvieron un enfrentamiento que se saldó con varios heridos en diciembre de 2009 en La Arena.

Desde que llegase al cargo de coordinador de seguridad de El Molinón, hace tres temporadas, Alperi mantuvo varias reuniones con representantes de Ultra Boys, básicamente «para explicarles cómo están las cosas e intentar que no hagan nada que pueda conllevar una sanción para el club o para ellos mismos». Sanciones que con la nueva Ley del Deporte pueden alcanzar cuantías de varios miles de euros. El inspector reconoce que, hasta el momento, los ultras gijoneses «se portaron bastante bien». Hubo algún que otro problema, como los cánticos de «puta San Mateo» que se escucharon en la grada que ocupa este grupo en El Molinón durante el partido Sporting-Valencia. «Nuestra obligación es reflejarlo en el acta», señala el inspector, y añade que «la broma puede salirle al club por más de 6.000 euros».

Animación en las gradas

Además, la LFP envía a todos los partidos de Primera y Segunda División un 'director' que se encarga de tomar nota de todo lo que sucede durante el encuentro, incluida la utilización de camisetas, bufandas, banderas o pancartas que hagan referencia al mundo ultra. «La idea es que haya animación, pero no violencia», recuerda Alperi. Por ese motivo, todavía se permite que introduzcan un megáfono y un bombo a los partidos, «aunque se identifica al portador, que será el responsable en caso de que sean lanzados al campo u ocurra otro percance». Antiguamente, los Ultra Boys disponían de un sistema de megafonía que el club les retiró, al igual que sucedió con el cuarto en el que guardaban su material. «Cuando sucedió esto amenazaron con no animar y, efectivamente, el estadio permaneció en silencio durante el partido. Parecía que faltaba algo», reconoce el inspector. La idea, agrega, es crear una grada de animación. «Sería estupendo que entrasen charangas, como en el Sur, para que los encuentros sean una fiesta».