«El bombero pasó de héroe artesano a técnico cualificado»

Francisco Javier Granda Álvarez./
Francisco Javier Granda Álvarez.

autor de una monografía sobre el servicio contra incendios de Gijón. «Creo que los gijoneses podemos sentirnos seguros y esa es la sensación que quiero que le quede a los lectores del libro»

NACHO PRIETOGijón

A las 19.30 horas del próximo jueves, día 26, el Ayuntamiento de Gijón presenta el libro 'El Cuerpo de Bomberos de Gijón. 125 años luchando contra el fuego', que trata no sólo de conmemorar una efeméride, sino también de explicar la labor de ese cuerpo de seguridad. Francisco Javier Granda Álvarez es su autor.

¿Cómo surge la idea de este libro?

La iniciativa corresponde al Ayuntamiento. Hace ya aproximadamente un año que me contrató para investigar en los archivos municipales y responsabilizarme de la redacción. Alguna experiencia ya tengo, puesto que ya realicé monografías sobre EMTUSA, el Jardín Botánico o el parque de Isabel la Católica.

¿Engancha un trabajo así?

Sin duda, porque es un tema que da mucho de sí. Estudiamos desde la creación del cuerpo, con los primeros medios materiales y humanos, y unas condiciones de trabajo muy distintas a las actuales, hasta las últimas memorias oficiales de actividad. Pero lo fundamental de todo fue la colaboración de los bomberos, sin los cuales no hubiera sido posible este libro.

Seguro que cambiaron mucho las cosas...

Sí, pero no sólo en lo que se refiere a los medios materiales, sino también en el perfil humano. Antes, los bomberos eran héroes artesanales mientras que ahora son técnicos altamente cualificados que siguen protocolos perfectamente estudiados. Es espectacular ver cómo salen tan solo un minuto después de recibir una llamada de urgencia, con el orden establecido de los camiones adecuados para cada emergencia, de forma que cuando lleguen a destino puedan operar con el mejor orden y eficacia posible. Está todo bien estudiado y eso es lo que he intentado transmitir. Mi reto fue que el lector entienda lo que yo he notado, sin perjuicio de que está recogido también cómo y cuándo se fueron incorporando medios técnicos innovadores: los primeros trajes ignífugos, los vehículos más modernos, etcétera.

¿Queda sitio para anecdotario?

Sí. Algunas, sacadas de los periódicos, pero también hay que tener en cuenta que en el cuerpo de bomberos hay personal que pertenece a la cuarta generación y que tienen muchas cosas que contar. Hay dos hermanos cuyo bisabuelo formó parte de la primera plantilla de bomberos de Gijón, y también realizaron el mismo trabajo su abuelo y su padre.

¿Podemos los gijoneses sentirnos seguros?

Yo creo que sí, y esa es la sensación que quiero que le quede a la gente que lea el libro que, por cierto, no está hecho pensando en el lector experto, que conoce bien el tema.

¿Cree que los bomberos sienten el peligro cuando trabajan?

Supongo que sí, pero no lo exteriorizan. Meterse en un garaje totalmente oscuro y lleno de humo, por ejemplo, entiendo que impone a cualquiera, por muy ensayado que lo tengas. También pesa el riesgo que corren los demás. Cómo acometer una excarcelación tras un accidente de tráfico, por ejemplo, es determinante para salvaguardar a las víctimas. La decisión corresponde al jefe de la dotación, que precisa una gran preparación.

Entre bomberos no se pisan la manguera, ¿verdad?

Yo percibí buen ambiente y auténtica camaradería. No puede ser de otra manera, porque hay que tener en cuenta que conviven 24 horas al día.