El yoga también es cosa de niños

Blanca Dacal, con un grupo de niños del Honesto Batalón, que realizan diferentes asanas o posturas. /
Blanca Dacal, con un grupo de niños del Honesto Batalón, que realizan diferentes asanas o posturas.

Colegios, guarderías y centros privados ofrecen cada vez más esta actividad

Hace ya cuatro años que el colegio Honesto Batalón decidió ofrecer a sus alumnos una nueva actividad extraescolar: yoga. Desde entonces, Blanca Dacal no ha parado de practicar con los pequeños, a partir de los tres años, posturas, respiración y relajación. El yoga ha dejado de ser patrimonio de los adultos y cada vez son más los colegios, guarderías y escuelas infantiles que lo incluyen. De momento, la mayoría lo hace como actividad extraescolar. Aunque en el resto de España muchos lo practican ya dentro del horario lectivo.

¿Cómo es el yoga para niños? ¿Qué hacen y qué sientos los yoguis más pequeños? Evidentemente es un yoga 'adaptado', con más juego, más dinámico. Pero que consigue el objetivo perseguido: «Mejora la concentración, la flexibilidad. Les ayuda a tomar conciencia del propio cuerpo, a desarrollar los sentidos, a controlar la respiración... Y eso les ayuda, a su vez, a todas las actividades del día a día», explica Blanca Dacal. Ella lleva 17 años dando clase de expresión artística a los niños, experiencia que le sirve ahora para afrontar las clases de yoga a los pequeños de 3 a 10 años.

El Honesto Batalón no es el único que se ha embarcado en este proyecto. En el Andolina, el curso pasado los niños empezaban el día con 10 minutos de yoga, «para que se concentraran y empezaran con energía positiva» la jornada. Colegios como el Alfonso Camín y el Federico García Lorca lo ofrecen o han ofrecido en algún momento, a través de las extraescolares que organizan las AMPAS. En otros, como la Escuela de Educación Infantil Gloria Fuertes, la Escuelona o El Llano se han decantado por la modalidad de yoga de la risa, aunque no en todos los casos han logrado formar grupos. También está la experiencia del Jardín de Infancia Flipper, que en el segundo semestre del año incluye el yoga para los pequeños, actividad de la que se encarga Estrella García.

Gijón, por lo tanto, se va sumando a la tendencia cada vez más extendida del yoga infantil. A través del juego, de posturas que imitan a animales, con música e incluso cuentos... Blanca Dacal no es, ni de lejos, la única convencida de sus beneficios. De hecho, en abril del próximo año se celebrará en la Universidad de Barcelona las I Jornadas de Yoga en la Educación. En Asturias, en la Facultad Padre Ossó, centro adscrito a la Universidad de Oviedo, la propia Blanca Dacal enseña a los futuros formadores a dar clases de yoga a sus alumnos. Se va abriendo un camino que en otros sitios, como Inglaterra, lleva ya mucho recorrido. «Allí es una actividad semanal incorporada en la escuela».

Mientras tanto, aquí gran parte de esa labor la realizan centros privados. Como Espacio Sano, donde Rafael del Valle da clase a varios grupos de niños y adolescentes a partir de los 4 años. «Como con los adultos, tiene beneficios en los ámbitos físico, endocrino, del sistema linfático, en las articulaciones... Solo que a los niños se les introduce a través del juego», explica, entre otras cosas con las tarjetas de Eduyoga, que muestran posturas que los niños tienen que repetir. Además, él trata de trabajar «la inteligencia emocional», el reconocimiento y aceptación de las propias emociones. Por tanto, además de los beneficios físicos, el yoga ayuda al «desarrollo emocional, de la atención, a afrontar el miedo, los celos, las pataletas...» Y, sobre todo, ayuda a los niños con el estrés. Que también lo sufren porque «se lo hemos provocado nosotros, los adultos».

 

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