60 años de fragancias españolas con mucho arte

Francisco José Montes, en la Escuela de Hostelería de Gijón. /
Francisco José Montes, en la Escuela de Hostelería de Gijón.

El jefe de Estudios de la Escuela de Hostelería de Gijón centra su tesis en los frascos de perfume entre 1876 y 1936

ELENA RODRÍGUEZ

Tener un perfume en forma de gato no es solo cosa de Katy Perry. Tampoco es nuevo que conocidas actrices y cantantes como Sarah Jessica Parker o Jennifer López den nombre a los más recientes del mercado. Ya ocurrió en las primeras décadas del siglo XX, cuando las perfumerías españolas decidieron 'bautizar' jabones y fragancias con los nombres de 'Miau' y 'Marianela' en homenaje a las novelas de Benito Pérez Galdós, quien narraba en ellas cómo sus personajes hacían uso de la perfumería. Y 'Pichi' no fue solo un popular número de revista de 'Las Leandras', interpretado por Celia Gámez, sino que también llegó a ser un frasco de perfume. Son algunas de las historias que hay detrás de estos envases que han centrado la tesis de Francisco José Montes Valdés (La Felguera, 1964), titulada 'La evolución del frasco de perfume en España de 1876 a 1936'.

La investigación -calificada con sobresaliente cum laude y que fue propuesta para los premios como mejor tesis doctoral de la Universidad de Oviedo- fue sugerida por el historiador Javier Barón Thaidigsmann, antiguo profesor de la institución académica y hoy jefe de conservación de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado. «Fue mi director de tesis y pensamos que la evolución del frasco de perfume era, desde el punto de vista historiográfico, un tema inédito y pionero en las artes decorativas», dice el nuevo doctor en Historia del Arte.

El interés por estos envases de Montes Valdés -jefe de estudios del Centro Integrado de FP de Hostelería y Turismo- también venía de tiempo atrás. En los ochenta, colaboró con la Fundación Municipal de Cultura de Gijón en la organización de eventos de diseño y moda y comenzó a interesarse por el valor añadido que aportaban los frascos a productos tan cotidianos como las fragancias. De hecho, llegó a tener una colección de un centenar, muchos adquiridos en anticuarios y almonedas. En esa época pudo comprobar la dificultad de encontrar frasquería española, porque «o no había interesado o estaba relegada por considerar que no tenía ningún valor. Siempre atrajo mucho más la francesa».

Veintidós tipologías

Fue así como surgió su tesis, centrada en la perfumería comercial española. El punto de partida es 1876 (cuando comenzó a producirse en serie) y una de sus principales fuentes para identificar a los primeros productores fueron las crónicas y catálogos de las exposiciones universales, a las que acudían perfumistas peninsulares y de ultramar (Puerto Rico, Filipinas y Cuba). A diferencia de los primeros, con presentaciones muy elementales, los de las colonias españolas ganaban medallas. En esta revisión es donde aparecen nombres como el de Salustiano Orive, creador del dentífrico 'Licor del Polo', que presentó su triple agua de colonia en la Exposición del Centenario Universal de Filadelfia y tuvo una gran repercusión.

Montes recurrió a estos catálogos, pero también a los que quedan de los productores, a la publicidad y a las fotografías. Una labor que no fue fácil, ya que, «en muchas ocasiones un frasco era diseñado por una misma vidriera para distintas firmas y se distribuía en diferentes países con distinto nombre. Además, si la fragancia tenía éxito, el diseño cambiaba cada lustro o cada década».

En su amplia investigación identificó 22 tipos de envases. Unos, de la perfumería comercial (como la ánfora, el botijo, la flauta, la damajuana, la garrafa y el bidón), pero también de la no comercial (previos a 1876), adscritos a los talleres reales y producidos para los aristócratas. En este apartado se incluyen los pomitos, conocidos como frascos para agua de rosas, con forma de cápsula alargada y decorados; las almorratxas (porrón con cantos vinculado a la tradición alfarera catalana, pero aplicado al vidrio o al cristal) o los frascos de tocados y esencieros. En esos 60 años de historia distinguió tres etapas. La primera, entre 1876 y 1897, es la de progreso. Esta época, explica Montes (también diplomado en Turismo), se caracteriza por las empresas de origen francés radicadas en España y por la simplicidad de las formas. «La consideración del frasco como fruto de una idea creativa era irrelevante. Se adquiría el agua de colonia en grandes cantidades, a granel, y cumplía la función de contenedor». La vinculación que se hacía entre fragancia e higiene era frecuente. Sí había una línea de calidad para perfumes de pañuelo y extractos (esto es, los de lujo, que recibían mayor atención creativa). 1898 marcó la expansión del sector. Ese año nacía 'Petróleo Gal', una loción contra la caída del cabello, origen de la Perfumería Gal (fabricante de Heno de Pravia) y que supuso el inicio de la publicidad a gran escala. «Hasta 1913, el frasco siguió sin recibir mayor atención y la importancia del diseño radicó en la etiqueta». Eso sí, el tapón, a partir de 1905, se singularizó según la categoría del perfume. Predominaron los tallados.

'Cocaína', 'Orgía' y 'Tabú'

Con la primera guerra mundial, la competencia francesa desapareció y España logró tener su propio mercado, ampliándolo a América Latina y al incipiente de EE UU. «Gal creó filiales en Reino Unido y distribuía en grandes almacenes de Nueva York y California». En este periodo de consolidación (1914-1921), la fantasía empezó a adueñarse de los frascos, y el tapón, sobre todo de los extractos empezó a tener formas figurativas: imitaba piezas de joyería como las esmeraldas y piedras preciosas, acorde con el valor del perfume. Las etiquetas estaban muy elaboradas y los diseños se encargaban a directores artísticos como Federico Ribas y Rafael de Penagos. También eran frecuentes los homenajes a la familia real de los perfumistas que habían recibido el honor de ser proveedores de la Real Casa.

Desde 1922 hasta 1936, ninguna moda (especialmente el cine) escapó al mirada de los perfumistas. Es la época de reconocimiento internacional, en la que España compitió con Francia y el Reino Unido y abrió fábricas en el exterior. «Los envases tenían formas poligonales, las etiquetas eran reducidas y aparecieron materiales nuevos, distintos al vidrio y al cristal, como la baquelita y en colores». De esta etapa son perfumes como 'Cocaína en flor' (Albert Parera i Casanova, padre de 'Varón Dandy'), 'Orgía' (Myrurgia) y 'Tabú', de Dana, orientado a una mujer de «vida disipada» y que tuvo mucho éxito en general. «Los españoles se lanzaron con nombres con los que no se atrevían los franceses».