Ingeniería para prevenir el cáncer de recto

Nicolás Corujo, Jairo García y Pablo Suárez posan con sus distinciones en primer plano. /
Nicolás Corujo, Jairo García y Pablo Suárez posan con sus distinciones en primer plano.

Nicolás Corujo presenta un método para predecir el funcionamiento de una prótesis y Jairo García, turbinas que aprovechan las corrientes de la marea

ELENA RODRÍGUEZ

La idea surgió después de que el cirujano del Hospital de Cabueñes José Ignacio Rodríguez García decidiera cruzar la carretera que separa el centro sanitario de la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) y le planteara al profesor José Manuel Sierra la necesidad de diseñar un dispositivo para mejorar la cirugía del cáncer de recto en fase incipiente. Ocurrió en 2012 y tanto Sierra, docente del área de Ingeniería Mecánica, como el entonces becario Pablo Suárez empezaron a trabajar en un diseño que le ha valido al segundo el Premio Ingeniería en Positivo en la categoría de Bioingeniería. Los galardones, dotados de 1.500 euros, están convocados por la Universidad, la Fundación Universidad, el Grupo de Sistemas Biomecánicos y las empresas Fluor, MBA y el Centro Europeo de Empresas e Innovación (CEEI).

La cirugía para retirar tumores rectales en estadio precoz consiste en inyectar CO2 hacia el recto (neumorrecto) para lograr un balón interno, una distensión, con el fin de que el médico pueda ver la víscera para cortarla con facilidad. Pero, además del sangrado, se produce un humo causado por el instrumental utilizado para detener la hemorragia. Por tanto, la imagen que obtiene el cirujano por laparoscopia, por visión artificial, se nubla y se ve obligado a aspirar y retirar ese humo, lo que hace que la pared rectal se contraiga, caiga sobre el instrumental y sea necesario volver a inyectar CO2. Además del inconveniente de repetir este proceso varias veces, en esta operación se utiliza anestesia general, cuando el recto, por carecer de terminaciones nerviosas, no duele y podría emplearse anestesia local.

Menos invasiva

Con estas premisas, Pablo Suárez empezó a trabajar en un dispositivo que, en vez de expandir el recto con CO2, pudiera hacerlo con medios mecánicos y permitiera tener la imagen siempre limpia y sin que la pared rectal colapsase.

Diseñó un instrumental de cinco varillas que se introduce recogidas en sí mismas y, una vez dentro, se activa un mecanismo con un solo giro para abrirlas de forma sincronizada. «El daño para el paciente es mínimo, la cirugía se hace en menos tiempo y la recuperación es más rápida. Además, permite realizar esta intervención con sedación local», explica el joven titulado. Pero hay más ventajas: en contra del instrumental que se utiliza ahora, el dispositivo es de bajo coste debido a que «se puede fabricar fácilmente con cualquier maquinaria básica de taller»; y permite hacer biopsias de ganglios linfáticos en la zona inferior del recto para prevenir este tipo de tumor. El diseño fue patentado en junio de 2015 y ahora está pendiente de su comercialización. Junto con Pablo Suárez fue premiado Nicolás Corujo en la categoría de Proyecto con Características de Innovación Empresarial. En su caso, su proyecto fin de carrera consistió en estudiar cuál era la posición ideal de una prótesis de cadera al ser encajada en el fémur. De esa investigación, surgió una metodología que permite estudiar cómo es su comportamiento (lo que se conoce como variación tensional) y su representación en tres dimensiones. «Esta visión en 3D permite al cirujano visualizar antes de la operación la variación tensional de esa prótesis o de cualquier otra para prevenir posibles daños, y ayudar a diseñadores de prótesis a mejorar su diseño interviniendo en las superficies». La idea ha sido publicada en una revista con factor impacto y presentado en un congreso de expresión gráfica celebrado en San Sebastián.

Jairo García, premiado en la categoría de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, ha trabajado en un proyecto para aprovechar la energía cinegética del mar, las corrientes de marea. Para ello, propone instalar turbinas bajo el agua, cerca de la costa con el fin de que, una vez transformada en energía eléctrica, se pueda distribuir lo más rápido posible a través de un centro de transformación situado en las inmediaciones, como pueden ser los puertos. Según explicó ayer, «la densidad del agua es superior a la del aire y, con turbinas más pequeñas, se puede obtener mucha más energía», con menores costes de inversión y de transformación. Asimismo, debido a la innovación en materiales, los hay de alta resistencia al agua salinada.