Pinceladas art déco

1. Edificio Plaza San Miguel nº 102. Edificio Calle Carlos Bertrand y García Tuñón nº 23. Edificio calle Asturias nº 4 /
1. Edificio Plaza San Miguel nº 102. Edificio Calle Carlos Bertrand y García Tuñón nº 23. Edificio calle Asturias nº 4

En la década de los años 30, la arquitectura gijonesa sufrió una importante revolución con la introducción de este atractivo y vanguardista estilo

VALENTÍN ARRIETA BERDASCO

Entre la docena de edificios de diferentes épocas y estilos que conforman el espacio urbano de la plaza de San Miguel, al gijonés curioso le llamará rápidamente la atención la presencia de un relieve del dios precolombino Quetzalcoatl sobre el portal del edificio situado en el nº10, cuya presencia marca el eje de simetría de una fachada realizada con un sorprendente diseño para su época. Es éste sin duda uno de los edificios más destacados del art déco gijonés, proyectado por el estudio de Manuel del Busto en 1931, arquitecto que introdujo este estilo en Asturias gracias fundamentalmente a su estudio de los rascacielos que al amparo de este nuevo estilo se estaban desarrollando en Nueva York, ciudad que visitó durante su estancia en Cuba entre 1927 y 1929. De este gran arquitecto son la mayoría de los edificios vinculados a este movimiento artístico en Gijón, realizados fundamentalmente a lo largo de la década de los años 30, al que harían una importante aportación otros arquitectos como Mariano Marín de la Viña o Pedro Cabello.

Hoy en día conservamos una veintena de notables edificios de estilo art déco que engalanan nuestra ciudad con los sencillos juegos geométricos en zigzag, cornisas escalonadas, franjas estriadas, petos y antepechos decorados con relieves con diversos motivos e inspiración. Algunos de los más notables son los situados en las calles Libertad 22 (1934), Menéndez Valdés 1-3-5 (1935), Cabrales 62 (1935), calle del Agua nº8 (fachada a Corrida) o Menéndez Valdés 29 (1940).

A pesar de ello cabe destacar la pérdida de algún edificio de gran interés, como el desaparecido cine Roxy, construido en la calle de los Moros en 1932, cuya estrecha fachada era todo un ejemplo del estilo, en la que destacaba su cornisa escalonada y sus grandes letras con el nombre del cine que la recorrían de arriba a abajo en su eje central, remarcando su acentuada verticalidad tan sólo interrumpida por un relieve de inspiración cinematográfica.

La implantación de este internacional y vanguardista género fue clave para lograr en nuestra ciudad una paulatina transición entre los localistas e historicistas estilos de principio de siglo (regionalismo y modernismo) y la posterior corriente arquitectónica del desornamentado racionalismo. A pesar de su sencilla concepción formal, los edificios art déco se caracterizaron por introducir en zonas puntuales elementos ornamentales cuyo contenido irá variando desde los mencionados recursos historicistas precolombinos que los del Busto introdujeron en el edificio de San Miguel nº10 o en el de Marqués de San Esteban nº27, hasta relieves cubistas inspirados en temáticas más locales, como los representados en la fachada del edificio de la calle Carlos Bertrand y García Tuñón nº2 (esquina Libertad y Corrida), proyectado por Pedro Cabello en 1940. En este último edificio llama la atención la representación de escenas inspiradas en el mar y la industria, como la de un velero sobre el portal, o las imágenes de peces, herramientas, e incluso un tren de vapor, contenidos en los relieves situados en los antepechos de las ventanas. En el peto superior de la rotonda de esquina se representa una escena muy curiosa, en la que se pueden ver a unos niños trabajadores con semblante triste sujetando herramientas, con una humeante fábrica de fondo.

Tal vez el edificio más interesante de este estilo en nuestra ciudad sea paradójicamente su representante más prematuro, construido en 1929 en las confluencias de las calles Asturias y Libertad, siguiendo el proyecto de Manuel del Busto, cuya producción arquitectónica sufrirá un interesantísimo cambio de estilo gracias a las ideas de su hijo José Manuel, titulado ese mismo año en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Una vez más, los recursos ornamentales y compositivos más interesantes se concentran en la parte superior de las fachadas, obligando al viandante a levantar la vista, dirigiéndola involuntariamente hacia la torre levantada sobre la rotonda de esquina, de planta circular y perfil escalonado, que le confiere al edificio una gran verticalidad, convirtiéndolo en el primer 'rascacielos' gijonés.

La importancia de este tipo de arquitectura sobrepasó lo estético, ya que con ella se implanta definitivamente un nuevo modelo de construcción que renuncia a los muros de carga como elementos estructurales primarios, a favor de un nuevo sistema portante de pilares de hormigón armado, que facilitará la construcción de edificios más altos, con mayor número de huecos en fachada y una distribución interior más versátil.

 

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