¿De dónde vienen tortillera o sarasa?

Congresistas del certamen sobre Lengua. /
Congresistas del certamen sobre Lengua.

El origen de ciertos insultos homófobos y la evolución de nuestra lengua en Latinoamérica, algunos de los temas que se abordarán estos días

LUCÍA RAMOS

Al contrario de lo que muchos pueden creer, el insulto 'tortillera' no tiene absolutamente nada que ver con las tortillas, sino con el vocablo 'torta', con el que se referían los romanos a la placenta. «Así, 'tortillera' vendría a designar el gusto por el sexo que tiene la capacidad de generar la placenta». La joven investigadora de la Universidad Complutense de Madrid Elena Beatriz Flores analizó ayer el origen de insultos homófobos como 'sarasa', 'bujarrón', 'marimacho' y 'chapero', entre otros. Lo hizo durante la primera jornada del XVI Congreso Internacional de la Asociación de Jóvenes Investigadores de Historiografía e Historia de la Lengua Española, que se celebra estos días en la Universidad Laboral.

Beatriz señaló también que la palabra 'sarasa' procede de 'zaraza', una pasta venenosa que se utilizaba antiguamente para matar animales. «Es una metáfora de la 'maldad' de la homosexualidad, al igual que 'bujarrón', el primer insulto de este tipo del que se tiene conocimiento. En 1607 ya lo utilizaba Quevedo y parece ser que data de la época de las cruzadas y se adaptó a partir de la forma en que los franceses se referían a los búlgaros y que se utilizaba como insulto, puesto que se trataba de herejes», explicó la investigadora.

De charros y guajiros

La suya fue una de las doce comunicaciones que tuvieron lugar ayer, una vez inaugurado el congreso. Sus colegas hablaron también de la influencia del japonés en el diccionario académico, de la evolución de diversos vocablos a lo largo de la historia, del vocabulario militar empleado en la obra de Ginés Pérez de Hita 'Guerras Civiles de Granada' y de cómo el texto dramático literario puede ser una herramienta para realizar un análisis pragmahistórico de la imagen sociocultural, entre otros temas. Porque, como recalcó la presidenta de la asociación, Blanca Garrido, «la lengua es mucho más que una herramienta de comunicación. Nos permite conocer nuestro pasado cultural y literario, algo muy interesante en un momento como el actual, en el que está de moda utilizar las lenguas como excusas de ciertas identidades».

El encargado de inaugurar el congreso, que finaliza mañana, fue el profesor del área de Lengua Española de la Universidad de Oviedo Félix Fernández de Castro, y lo hizo repasando los diferentes intentos de elaborar un mapa lingüístico del español americano llevados a cabo en el último siglo. Explicó cómo en un primer momento hubo quien intentó explicar las diferencias en el habla de unas y otras regiones basándose en la fusión del español con las lenguas precolombinas. Otros, como Philippe Cahuzac, llevaron a cabo un intenso trabajo recopilando los diferentes vocablos que se utilizaban en cada país para referirse a un mismo concepto, como 'charro' y 'guajiros', sinónimos de campesino en México y el Caribe, respectivamente. En la actualidad, el lingüista Miguel Ángel Quesada se basa en la percepción que los propios hablantes latinoamericanos tienen de sus semejanzas y diferencias como el habla de los países vecinos para establecer cuatro zonas diferenciadas. «Bueno, cuatro zonas, más Chile, donde, muy dignos, los encuestados afirmaron que 'no había ningún otro país en el que hablasen igual que ellos'», bromeó.

Más de sesenta estudiantes y doctorandos del ámbito de la filología y la lingüística se dan cita estos días en Gijón para debatir acerca de la historia de la lengua española y presentar 36 comunicaciones. Mañana se unirán los académicos de la Lengua Salvador Gutiérrez Ordóñez y Guillermo Rojo Sánchez impartiendo sendas charlas.