«Más de 10.000 personas acudieron a las actividades del mes de la bicicleta»

Carlos Rodríguez posa con un modelo de bici utilizado para transportar personas. /
Carlos Rodríguez posa con un modelo de bici utilizado para transportar personas.

Coordinador del programa 30 Días en Bici

LUCÍA RAMOS

Hace cuatro años, Carlos Rodríguez (Gijón, 1967) se basó en la idea de dos amigos de Minneapolis (Estados Unidos) para comenzar a organizar actividades enfocadas a animar a los gijoneses a moverse en bicicleta por la ciudad. La idea pronto comenzó a coger fuerza y en esta tercera edición del mes de la bici fueron miles las personas que se sumaron a la fiebre del pedaleo.

¿Qué balance hace de esta tercera edición?

La participación creció mucho y fue muy variada. Parece que 30 Días en Bici se ha instalado definitivamente en el calendario gijonés. Las bicicletadas de los fines de semana fueron grandiosas: el día que peor tiempo hizo alcanzamos los 200 participantes y el resto superamos ampliamente los 300, entre ellos muchísimos niños. Estimamos que más de 10.000 personas participaron en las cerca de cuarenta actividades que organizamos en abril.

También traspasaron las fronteras asturianas.

Sí, estamos muy contentos. Hicimos un gran esfuerzo en febrero y marzo para dar a conocer la iniciativa en Madrid, Salamanca y Zamora, entre otras, con gran éxito.

¿Llegó a imaginarse esta repercusión hace cuatro años?

La verdad es que no. Cuando empecé con esto lo hice a título individual para ayudar a que otra gente se moviera más en bici, pero el proyecto alcanzó pronto otra dimensión. Hace cuatro años éramos setenta las personas que adquirimos el compromiso de utilizar durante treinta días la bici en toda España y el 1 de abril de este año ya éramos más de setenta solo en Gijón. Calculamos que entre todos los que nos comprometimos en el conjunto del país recorrimos más de 17.000 kilómetros.

¿Se ve de otra forma la ciudad a bordo de una bici?

Claro que sí. La ciudad como se ve es paseándola o bicicleteándola. La diferencia es que la bici te da una versatilidad y una velocidad para moverte que no te da el caminar. Además, hay que tener en cuenta que esto no solo beneficia a quienes montan en bici, sino al resto de gijoneses, que reciben una ciudad más amable, con menos coches, menos ruido y más seguridad para todos.

Cada día se ven más bicis por la calle, ¿estamos ante una nueva moda?

Más que de una moda yo hablaría de un redescubrimiento. La bicicleta es una máquina y se inventó, como todas, para hacer más fácil la vida de las personas. Luego apareció el automóvil y la desplazó. El coche se convirtió en un producto de consumo cargado de valor, que da estatus y significa el paso a la madurez. Hubo un cambio social enorme en el que las ciudades se reconfiguraron para hacerlas a medida de los coches y la bici pasó a ser material deportivo o un juguete para los niños. Ahora estamos redescubriendo las bondades de la bicicleta para la ciudad y las personas. Es un comportamiento racional que ha vuelto para quedarse e ir a más. Sobre todo en una ciudad como Gijón, donde las distancias ni son tan pequeñas como para poder ir a todas partes caminando ni tan grandes como para necesitar el coche.

¿Seremos el nuevo Amsterdam?

Cuando empezó a sobredimensionarse el uso del coche allí hicieron lo mismo que aquí: tiraron casas para hacer calles más anchas, convirtieron parques en aparcamientos... Todo el mundo se subió al coche, pero con la primera crisis del petróleo, en los años 70, el gobierno holandés se dio cuenta de que había que hacer algo para cambiar el modelo y dejar de ser un país con un alto nivel de dependencia energética por el consumo de petróleo. Coincidió, además, con un periodo de alta mortalidad en las carreteras, y entre que la ciudadanía se movilizó y el gobierno estaba por la labor, lograron cambiar el modelo. Si Holanda pudo, nosotros también, solo necesitamos tener el impulso político y ciudadano necesarios.

Pero aquí los conductores se quejan de que los ciclistas invaden su espacio y los peatones igual...

Esto tiene una solución muy sencilla: reasignemos el espacio urbano para el uso de la gente. Actualmente entre el 60 y el 70% del espacio público está dedicado a que los coches circulen y aparquen. Los carriles bici se hacen por la acera, y eso es un error, pues lo que se consigue es que bicicletas y peatones compitan por el mismo espacio mientras se mantiene la hegemonía del coche.

¿Cómo acabar con esa hegemonía?

Invirtiendo las prioridades en el planeamiento urbano, dando más peso a peatones, bicicletas y transporte público. Establecer calles compartidas, reducir la velocidad máxima a 30 kilómetros por hora, aumentar las aceras y sacar las bicis a la calzada son otras opciones. Lograremos entonces una forma diferente de concebir la ciudad, de moverse por ella, de compartirla y de disfrutarla.

¿Son suficientes los carriles bici que se construyeron hasta ahora?

La red de carriles bici tuvo una influencia muy positiva a la hora de que la gente se atreviese a coger más la bici, pero no es el único modelo. No puede haber un carril bici por todos los sitios ni un carril bici nos lleva a todos los lados. Además, en mi opinión, genera un poco de 'apartheid'. Lo sano es tener una mezcla de soluciones.

¿Participarán en la elaboración del próximo plan de movilidad?

Por supuesto. Es un momento único para decidir entre todos qué tipo de ciudad queremos. Podemos convertir Gijón en una ciudad ideal para vivir en ella o seguir como estamos y retrasar lo inevitable. La ciudad la hacemos entre todos, con nuestros comportamientos diarios, pero también en momentos como éste, por eso la participación ciudadana es fundamental. Si no decides qué tipo de ciudad te gusta, otros lo harán por ti.