El alma de Gijón nació en el baño

Víctor baja de Cimadevilla hacia la plaza Mayor./
Víctor baja de Cimadevilla hacia la plaza Mayor.

El himno oficioso de la ciudad se creó hace 25 años en Casa Víctor y su primera partitura se escribió en papel higiénico

M. F. ANTUÑA

Atención: Víctor el de Cimavilla ye de La Calzada. El playu no solo nace, sino que se hace. Y si alguien se ha ganado a pulso -y a cuerda de voz y guitarra- el título mayúsculo de ciudadano del barrio alto, ese es él. Hoy, con permiso de Lara Álvarez, volverá a ser la estrellona de la plaza Mayor. Tras el pregón de la Semana Grande, sonará alto, claro y contundente ese «Gijón del alma que tanto quiero y que tanto adoro», convertido en himno oficioso de la ciudad que firma Javier Díaz y que nació 25 años atrás en un local mítico de Cimadevilla de nombre Casa Víctor.

Víctor Manuel García González no confiesa la edad ni loco, pero sí sus inicios musicales como interno de la Laboral, sus primeros cánticos en La Calzada y su llegada a Cimadevilla. Allí, en su local, se gestó la célebre canción. Un cúmulo de circunstancias que pasan por Cambrils y un cuarto de baño tienen la culpa. En la localidad catalana había conocido el Víctor músico en perpetua gira por España y Latinoameirica a los componentes de Zapato Veloz y de vuelta a Asturias se reunía con ellos en el bar que cerró sus puertas en 2007 después de 37 años abierto. «Cuando Javier vino a Asturias, paraba por mi casa en Cimavilla, un mediodía, estábamos cerrados por dentro, porque el bar abría por la noche, tocando, tomando un vermutín y charrando, y de repente va al baño, siempre se inspiraba allí, y cuando sale me llega con un papel del váter y me dice 'mira que canción acabo de escribir'». Así fue. Víctor cogió la guitarra, se puso al lío con Javier, el tema ganó en ritmo y brío, se empezó a cantar, se grabó una y mil veces, se popularizó y hasta hoy. Y Víctor solo lamenta una cosa, que además de ser el himno oficioso, algún día sea el oficial. Tiene esa espina clavada y otra: que además de cantar hoy tras el pregón y el domingo en el Día de Asturias alguna vez tenga la oportunidad de dar un concierto más largo, de más de una hora de duración, en la programación de su Gijón del alma: «Querría buscarme unos músicos, preparar canciones y cantar lo que a mí me dé la gana, estoy seguro de que la gente lo iba a pasar como Dios».

Se siente querido y reconocido en Gijón, tiene fans para aburrir, una vida plena de música, la voz en su punto de sal, algunos nervios ante la cita que hoy le espera y unas ganas locas de seguir cantando. Y hacerlo en casa, porque como en Gijon, en ningún sitio. Hasta se emociona y se le enrojecen los ojos cuando dice lo que sigue: «Para mí Gijón ye lo máximo del mundo, pese al mal tiempo, los turistas que vienen por aquí aciertan, porque, salvo algunos que disparan con la zurda, la gente es abierta, cariñosa, se come bien, y la temperatura te permite dormir. No se puede pedir más. Y debería ser la capital de Asturias, porque es la ciudad más grande, tiene la mejor gente y es la más guapa».

-¡Le van a hacer un club de fans!

-Las fans ya las tengo. Y digo las fans porque la mayoría son muyeres.

-¿Y cómo lo lleva su mujer?

-La muyer está acostumbrada, no diz nada.

-Usted tuvo que ser un latin lover de flipar...

-De ese tema no hablo. Para mí las mujeres son lo más guapo de este mundo. Aquí sí puede decir que soy genio y figura hasta la sepultura, siempre me gustaron les muyeres tanto como la fabada. O más.

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