Kimonos, novelas y joyería de autor para dar y tomar

Asistentes y expositores del LABshop, en el recinto del Centro de Arte y Creación Industrial. /
Asistentes y expositores del LABshop, en el recinto del Centro de Arte y Creación Industrial.

Los mercadillos llenan la ciudad con el objetivo de diversificarse y servir de solución a todo aquel que busque un regalo navideño

ÓSCAR PANDIELLO

«Me licencié en Económicas pero al final nunca sabes dónde te va a poner la vida. El ejemplo es que llevo trabajando con cerámica más de 30 años y, sinceramente, no me imagino haciendo otra cosa». José Ramón Lobato es uno de los 22 artesanos que, hasta el 5 de enero, expone su género en ArteGijón, uno de los mercadillos más clásicos de la villa de Jovellanos. Esta época, según asegura, es la mejor para mostrar a los compradores el trabajo del año. «No nos queda otra que aprovechar estas fechas. Con los regalos y la cantidad de gente que se mueve por la ciudad es un escaparate muy bueno», afirma. La cerámica negra que trabaja, reconocible por los esmaltes de plata y cobre que la engalanan, forma parte de un panorama plagado de azabache, bisutería, madera y un continuo olor a cuero que acompaña al paseante durante toda su ruta por la plaza del Seis de agosto. «Siempre es una buena opción para encontrar regalos de última hora. Son cosas buenas, bonitas y presta mucho premiar el trabajo de esta gente», afirma María Suárez, que otea los expositores en busca de unos pendientes.

Este mercado, organizado por el Sindicato de Artesanos de Asturias, es solo uno de los muchos que pueblan la ciudad durante las fiestas. Conscientes de su proliferación, el objetivo que se marcan ahora estos bazares pasa por ofrecer un valor añadido a la oferta comercial de la ciudad. En ese sentido se pronuncia Marco Recuero, organizador del LABshop, en la Laboral. «Nuestra única condición para los expositores es que diseñen, produzcan y vendan cosas elaborados por ellos mismos. Es lo que llevamos promoviendo estos ocho años», afirma. Desde cojines de Darth Vader a relojes de los Beatles, las propuestas de los 57 vendedores se enmarcan en la iconografía pop y, respecto a otros años, tiende a abandonar el textil para buscar nuevas propuestas. «Últimamente estamos apostando por el papel. Ilustraciones, editoriales independientes... Estamos contentos con la respuesta de la gente y esperamos seguir así mucho tiempo», asegura.

El Mercado del Ferrocarril también tiene abiertas sus puertas durante el fin de semana. En las dos calles que forman el entramado de expositores se puede encontrar de todo, aunque predomina la moda y la gastronomía. Una de las propuestas más variopintas entre todo el textil que llena el Museo del Ferrocarril es el de Asami Hatano, que ofrece kimonos de auténtica seda japonesa en su estand. «Llevamos tres años viniendo a este mercadillo y la gente siempre queda muy contenta con nuestros productos», explica. Según relata, los coloridos materiales con los que trabaja vienen directamente desde la isla asiática y cuentan con «más de cuarenta años» de vida. «Cada uno es diferente al tacto dependiendo de su confección. Ahora se están llevando mucho y son muy versátiles: puedes combinarlo tanto para ir elegante como para llevar con vaqueros», apunta mientras enseña su género.