Ocho asociaciones recuerdan a Rúa, «compañero de lucha, profesor y amigo para todos»

En la primera fila, una de sus hijas, María del Pilar Teresa García, y nietos de Rúa. /
En la primera fila, una de sus hijas, María del Pilar Teresa García, y nietos de Rúa.

Plantean «mantener vivo el legado» del filósofo libertario gijonés en las calles de Cura Sama, Dindurra o en la futura Escuela de Comercio

SUSANA BAQUEDANO

El arte de la palabra y la música invadieron ayer cada rincón del salón de actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto. Ocho asociaciones rendían de esta forma homenaje a José Luis García Rúa. Sonaron guitarras y se leyeron poemas, escritos y cartas para recordar al filósofo libertario gijonés, fallecido el pasado 6 de enero en Granada, ciudad de cuya universidad era catedrático emérito y donde está enterrado.

Organizado por el Aula Popular 'José Luis García Rúa', con el apoyo del Ateneo Obrero de Gijón, Sociedad Cultural Gesto, Sociedad Cultural Gijonesa, Grupo Eleuterio Quintanilla, Radio KRAS, CSA Sextaferia, Fundación Andreu Nin de Asturies y Confederación Nacional del Trabajo (CNT), el homenaje reunió a cerca de 200 personas que disfrutaron de una velada de recuerdos e historias de quien se definió a sí mismo, con gran modestia y sentido del humor, como «un golfillo de playa», de la de San Lorenzo, donde se libraban las batallas y juegos de los niños gijoneses de los años treinta.

Guillermo Rendueles, uno de los fundadores del Aula Popular 'José Luis García Rúa', junto con Arlé Corte, de Gesto, y Pelayo García, familiar del homenajeado y representante de la CNE, fueron los encargados de guiar el acto en el que se escucharon otras definiciones del profesor anarcosindicalista. Especialmente emotiva fue la carta que su hijo Fico Fidel leyó en su funeral y volvió a recordarse ayer en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. «Fue un padre, un compañero de lucha , un profesor y un amigo para casi todos». En esa misma misiva, su progenitor relataba que García Rúa «cambió la felicidad por el trabajo, por el deber», que «trabajó en condiciones infrahumanas en la mina y en el astillero», y que «fue a la Universidad cuando ningún rojo pobre podía permitírselo».

«Hoy no existiríamos»

Arlé Corte, de la Sociedad Cultural Gesto, dijo que el filósofo libertario fue también un padre para muchos de los presentes. «Sin él, muchas de estas asociaciones que hoy estamos aquí no existirían». Aprovechó su intervención para hacer pública la petición de que la ciudad de Gijón «tenga un recuerdo» con García Rúa. «Queremos que su legado siga vivo, no solo unos días al año en el Aula Popular, sino que se tenga un recuerdo de su figura en la calle Cura Sama, en la calle Dindurra o en alguno de los espacios de la futura Escuela de Comercio».

Para Rendueles, que conoció a Rúa siendo un niño de 12 años gracias a que su padre les presentó en un ambiente «clandestino», dejó evidencia de su admiración por quien «cambió la biografía de algunos de nosotros. Fue un héroe que esperaba la ciudad de Gijón e introdujo la sabiduría, propia de la Grecia clásica, del teatro, la academia, la tertulia o el disfrute de la conversación».

García Rúa vino al mundo en 1923. Hijo de un combatiente republicano muerto en combate y represaliado él mismo por el franquismo, el filósofo tuvo un papel decisivo durante los años de la dictadura en la organización de un movimiento social y cultural contestatario en Gijón, su ciudad natal, a través de la academia obrera de la calle Cura Sama y de Gesto. Buena parte de las asociaciones gijonesas posteriores derivan de aquella actividad seminal. También fundó las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista (CRAS).

La Academia de la calle Cura Sama tenía como objeto «enseñar, transmitir cultura y fomentar la reflexión». Con ese mismo objetivo se formó en 1996 el Aula Popular que lleva su nombre y que a día de hoy sigue realizando actividades, como la Semana del Aula Popular José Luis García Rúa que consta de un ciclo de conferencias y actos culturales.

En 19714, García Rúa se incorporó a la Universidad de Granada, de la que fue profesor adjunto titular y luego catedrático, donde explicó Historia de la Filosofía y finalmente se jubiló.

Participó activamente en la reconstrucción de la CNT y en los dos primeros mítines públicos tras la Guerra Civil, el primero en La Felguera y el segundo en Gijón. En esta última ciudad se le recordaba ayer con nostalgia, pero con la ilusión de «continuar» con su legado.