Gastronomía ecológica en el cole

Las tutoras y los niños que participaron en el taller de educación ambiental que se celebró en el colegio Montedeva. /
Las tutoras y los niños que participaron en el taller de educación ambiental que se celebró en el colegio Montedeva.

GijónSeCome compensa la huella ecológica del festival con una actividad de educación ambiental que impulsa el reciclaje y el respeto ambiental

EVA FERNÁNDEZ

En el I GijónSeCome, el único festival gastronómico sostenible del circuito nacional que se celebró en la ciudad del 2 al 4 de diciembre, se generaron 279 kilos de residuos reciclados -200 kilos de materia orgánica, 27 de envases y 52 de cartón-. Para devolver a la naturaleza ese impacto generado, el certamen ha organizado una jornada educativa sobre sostenibilidad y medio ambiente en el colegio Montedeva de Gijón.

24 niños de entre 4 y 9 años participaron ayer en esta actividad. Son los alumnos inscritos en las extraescolares de cocina y del taller creativo que imparte el centro. Los organizadores de la jornada habían comprado previamente todos los productos necesarios para el taller que consistía en preparar recetas de enfoque sostenible y plantar árboles. A través de un vídeo, los alumnos vieron cómo se había realizado la compra que iban a preparar, solo productos ecológicos, en tiendas especializadas y en La Cooperativa de Agricultores. «Todos los ingredientes y recipientes que usamos son ecológicos, por respeto al medio natural. Así les mostramos la importancia de consumir productos de kilómetro 0 y el beneficio de fortalecer la economía local», explicó la directora de GijónSeCome, Ana Rellán.

Harina de escanda

Tras el visionado, los niños pasaron a la acción. Con su mandilón de cocina se pusieron manos a la obra y elaboraron frixuelos con harina de escanda y relleno de confitura de kiwi, cultivado en Gijón. Arancha Lazcano, al frente de dos hornillos eléctricos, fue la encargada de mostrarles cómo cocinarlo. Con un pincel, cada niño «pintó» con aceite la sartén y luego, con la ayuda de un cazo, extendían la masa. «Como si fuera un río», comentó, «cuando vemos que tiene los bordes tostados le damos la vuelta con la espátula y lo dejamos otro rato al fuego». Fue el paso que más difícil les resultó a los pequeños pero, con las instrucciones y la mano de Arancha Lazcano, los frixuelos salieron perfectos. La segunda parte del taller fue la plantación de un acebo, por ser un árbol autóctono. Cada niño tenía una maceta, tierra y los utensilios pertinente para llevar a cabo el cultivo. Plantaron 24 acebos.

 

Fotos

Vídeos