«Su solidaridad salvó a miles de personas»

Luis Pascual, Ricardo Cortés, Julia Rosa Álvarez y Eduardo García depositan un ramo de flores en el monolito. /
Luis Pascual, Ricardo Cortés, Julia Rosa Álvarez y Eduardo García depositan un ramo de flores en el monolito.

El Ateneo Obrero, la Logia Rosario Acuña y Les Comadres recuerdan a los cien asturianos fallecidos en Mauthausen

G. POMARADA

El monumento a las Víctimas del Holocausto de la senda del Cervigón fue ayer testigo de un homenaje que, desde hace diecisiete años, rinden cuatro entidades de la ciudad a los cien asturianos encerrados en el campo de concentración de Mauthausen. Miembros del Ateneo Obrero de Gijón, la Logia Rosario Acuña, la Sociedad Cultural Gijonesa y la Tertulia Feminista Les Comadres depositaron un ramo de flores ante el monolito que recuerda a «aquellos que padecieron en los campos de exterminio, gentes que decidieron enfrentarse a una espiral de odio y que construyeron redes de solidaridad con otros presos, junto a los cuales consiguieron salvar a miles de personas», destacó durante Ovidio Álvarez, representante de la Sociedad Cultural Gijonesa.

El homenaje se celebra cada mes de mayo coincidiendo con la liberación del campo austriaco de Mauthausen, de la que el pasado día 5 se cumplieron 72 años. «Los españoles llegaron a Mauthausen considerados como apátridas. Los sobrevivieron fueron los únicos que en su país no fueron reconocidos como héroes», lamentó Eduardo García, de la Logia Rosario Acuña. En el acto estuvo presente el hijo de uno de los asturianos asesinados en el campo nazi, Manuel Cortés. «Los pueblos que olvidan su historia están condenado a repetirla», incidió Ovidio Álvarez. Cita de Cicerón que, defendió, adquiere vigencia «cuando vuelven a aparecer los fantasmas y salta por los aires el sistema de bienestar construido tras la Segunda Guerra Mundial».

En memoria de Rosario Acuña

Además de este acto, también celebraron ayer un homenaje a Rosario Acuña junto a la casa en la que falleció, también un 5 de mayo, pero de 1923.

«Queremos reconocer su figura y recuperar ese espíritu de librepensadora y defensora de los derechos de la mujer», subrayó Luis Pascual, presidente del Ateneo Obrero. Con el apoyo de esta entidad, Rosario Acuña construyó la casa en el acantilado en la que residiría desde 1911 hasta su muerte. «Es parte de nuestra historia local», valoró Pascual.

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