24 horas en las entrañas de Cabueñes

El hospital, un engranaje perfectamente articulado, nunca está fuera de servicio

Urgencias. Organizadas siguiendo el sistema de triaje, nunca descansan. A diario pasan por aquí 250 pacientes adultos, que se concentran sobre todo en horas centrales. /Jorge Peteiro
Urgencias. Organizadas siguiendo el sistema de triaje, nunca descansan. A diario pasan por aquí 250 pacientes adultos, que se concentran sobre todo en horas centrales. / Jorge Peteiro
EUGENIA GARCÍA

Son las siete y media de la mañana y Cabueñes se despereza con el cambio de turno. Reanuda una actividad que durante la noche solo ha estado ligeramente adormecida: como ocurre con un cuerpo humano sano, la maquinaria de un hospital nunca para. En la cero par –otorrino, urología y maxilofacial–, enfermeras y auxiliares dan el parte de incidencias nocturno: el de la 12 no ha dormido bien, al paciente de la habitación siguiente le darán el alta hoy; hay varias intervenciones programadas y aunque la media es seis por día, calculan unos cuatro nuevos ingresos.

Entra en escena el servicio de extracciones, que procesa 1.500 muestras diarias. Aquí llegan las de los centros de salud desde Villaviciosa hasta Candás. Y por sus tres 'boxes', que funcionan desde primera hora hasta mediodía, pasan a diario unas doscientas personas. Más allá de llantos infantiles y algún desmayo, dice su supervisor, no suele haber incidencias. Pero es «un servicio roquero».

Programadas, y por tanto algo más reposadas, las consultas externas de veintiséis especialidades también se desperezan temprano. En la segunda planta, el servicio de Neurología empieza a pasar consulta tras la sesión clínica. Todos los días hay algún enfermo de esclerosis múltiple y demencia. Además se pasa consulta especializada en epilepsia, parkinson y otras dolencias. Son unos 36 pacientes al día a quienes se dedica una media de treinta minutos en la primera consulta y quince en las revisiones.

Una planta más abajo, en los modernos quirófanos de cirugía vascular, la anestesista lleva una hora preparando a una paciente aquejada de una angina intestinal. Antes, celadores, auxiliares y enfermeras han equipado el quirófano para la intervención, que el equipo médico ha consensuado previamente. En la radio suena 'Moves like Jagger' cuando los cirujanos comienzan una «compleja» operación que durará cuatro horas.

Mientras tanto, en hospitalización de Medicina Interna empieza el pase de planta. Ya no es como antaño: desde que un sistema informático unificó las historias clínicas de los pacientes, los médicos pasan las primeras horas recopilando información. Esto agiliza y facilita el proceso, además de colaborar con la seguridad del paciente, a quien se le asigna un médico responsable que los visita tras informarse para después, a la una, dar el parte a sus familiares.

A esa hora comienzan a subir las comidas. En cocina se preparan a diario unas 370. Pero la dificultad estriba en el número de menús: entre las dos opciones de la dieta basal –para pacientes que pueden consumir cualquier tipo de alimentos–, la de fácil masticación, la astringente, la de alérgenos... se cocinan catorce opciones diferentes. Todo ello bajo la supervisión de una dietista que comprueba que cada uno de los platos se ajuste a las necesidades de los pacientes.

En un edificio anexo, varios chapotean en una piscina, agarrados a la barandilla. En la unidad de rehabilitación, que también dispone de gimnasio, diferentes cabinas de electroterapia, fisioterapia, logopedia, masajes linfáticos o un área de terapia ocupacional, 43 personas atienden a un usuario cada quince minutos. Justo enfrente se encuentra la lavandería, un servicio integral en el que a diario se clasifican, lavan, planchan y doblan 7.000 kilos de ropa.

Cuando hay un problema eléctrico, falla una máquina de intubar o se rompe una silla, surge el personal de mantenimiento. Son la estructura invisible del centro y trabajan a todas horas. Igual que Urgencias, un lugar en el que el sistema de triaje, por el que un programa informático clasifica a los pacientes en función de su gravedad, resulta imprescindible para atender a las 250 personas que pasan a diario por un área en la que aunque los picos asistenciales se concentren en las horas centrales del día, cada jornada y cada noche son impredecible. Así ocurre, 24 horas al día, en el bullicioso microcosmos del hospital.

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