«Abrimos siempre, hasta festivos, para que sea rentable»

Frutería Moderna. Hace cuatro años que Sergio García dirige un comercio en la avenida de Portugal, que abrió hace veinte. / :: A. GARCÍA
Frutería Moderna. Hace cuatro años que Sergio García dirige un comercio en la avenida de Portugal, que abrió hace veinte. / :: A. GARCÍA

Los ultramarinos sobreviven con una apuesta por la calidad y el trato cercano: «Sabemos hasta cómo le gusta al cliente la fruta de madura»

JOSÉ LUIS RUIZ GIJÓN.

Las calles de nuestras ciudades han visto resurgir la tienda de ultramarinos o de cercanía. Un establecimiento que ofrece un poco de todo, especialmente productos de alimentación, como conservas, embutidos y aceite, y productos de limpieza. En general, lo que uno puede necesitar en la compra del día a día. Sobreviven a la competencia de las grandes superficies a base de calidad y trato personalizado. A lo largo del año pasado, en Gijón abrieron 87 pequeños comercios, categoría en la que ubican los ultramarinos; cifras que no lograron revertir la tendencia general, el crecimiento del sector de la pequeña empresa fue negativo, cayó un 24% respecto a 2017.

La mayoría de los comerciantes coincide en señalar que se abrieron muchos de estos negocios hace unos años. «Hubo mucho auge cuando empezó la crisis, la gente se quedaba en el paro y abrían una tienda. Hace falta poca inversión para este negocio, pero muchos se fueron quedando en el camino», explica María José Dago, dueña de La Tiendina. También lamentan el «poco margen de maniobra» que les queda. Silvia Sánchez, responsable de Ultramarinos Pelayo, se queja de que «lo estamos pasando muy mal, nos fríen a impuestos». «Abren muchos, pero duran poco», indica.

Sin embargo, sigue habiendo demanda. «La tienda pequeña no muere porque la gente va para mayor y venir aquí es más cómodo que el súper. También la gente joven se anima porque es más rápido, vienen cogen una cosina y siguen», explica Purificación Canel, de la frutería Celemín. Aunque no todos son tan optimistas, algunos ven que con la crisis las ventas cayeron y no se han recuperado. «Desde hace dos años o así bajó la venta mucho, la gente compra tres cebollas en vez de un kilo», afirma Sergio García, de la frutería Moderna.

Conocer a los clientes

A pesar de todo, juegan con algunos ases bajo la manga. El principal es la calidad de los productos. Competir con el precio con las grandes superficies no tiene sentido y la apuesta clara es la calidad. Y esto último los clientes lo valoran. «Yo vengo todos los días, hago la compra grande en el súper, pero hay algunas cosas como la fruta que prefiero comprarlas aquí», cuenta una de las clientas. Una de sus ventajas es que pueden elegir a sus proveedores, «el embutido se lo cojo a un chaval de Noreña, que los hace buenísimos», pone como ejemplo Purificación Canel.

Y da la pista de otras de las armas para sobrevivir, la atención personalizada. Esa es la otra gran baza de los ultramarinos. «Nosotros conocemos a nuestros clientes por el nombre, sabemos lo que compran habitualmente según entran por la puerta», afirma Silvia Sánchez. «Conocemos cómo les gusta la fruta de madura, si quieren el pan más cocido o si cada semana compran algo de jamón. Es un trato muy familiar», declara Carmen García, compañera de Purificación en la frutería Celemín.

Y su tercera baza frente a las grandes superficies es el esfuerzo. «Nosotros abrimos siempre y es sobre todo los domingos y festivos cuando rentabilizamos el negocio», reconoce María Jesús Suárez, dueña de La Tiendina del Barrio.

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