Adiós al maestro pastelero de La Fe

Confitería. En el obrador de La Fe Miguel Álvarez Baños elaboraba cientos de roscones, mazapanes, tartas gijonesas y otros postres, ya clásicos de Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA
Confitería. En el obrador de La Fe Miguel Álvarez Baños elaboraba cientos de roscones, mazapanes, tartas gijonesas y otros postres, ya clásicos de Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA

Miguel Álvarez Baños, de la confitería de Periodista Adeflor, fallece a los 63 años | Presidente del Club Balonmano La Calzada las últimas dos décadas, logró que el equipo fabril hiciera historia al ganar la Copa de la Reina en abril

E. GARCÍA / D. BUSTO GIJÓN.

El gremio pastelero está de luto. En los obradores asturianos se llora la pérdida de Miguel Ángel Álvarez Baños, propietario de la histórica confitería La Fe, fallecido el martes a los 63 años. También se le echará en falta en la cancha del Club Balonmano La Calzada, que dirigió durante las últimas dos décadas. Miguel Ángel nació en Puerta la Villa en 1954. Pero a 1939 se remonta un elemento que marcaría su personalidad y estaría siempre ligado a su vida y por extensión prácticamente a la de todo gijonés oloso: la confitería La Fe. Entre su obrador y las calles aledañas el fallecido tuvo una infancia dulce, haciendo mil trastadas con amistades -la gran mayoría salidas de la propia confitería- que resistieron al paso del tiempo mejor que cualquier hojaldre. Pronto, a los 13 años, comenzó a aprender las bases del oficio bajo las enseñanzas de su tío Salvador Baños y sus hermanos José Emilio y Salvador. Acompañar a Carmina, su madre, a vender empanadas en la plaza era uno de sus recuerdos predilectos de aquellos primeros años en repostería.

Estudió en las academias España y Amandi y con el tiempo realizó varios cursos en escuelas de pastelería de Barcelona, Lisboa o París, donde pudo recopilar experiencias y aprender nuevas técnicas. Él mismo reconocía también la especial influecia que tuvo sobre él Francisco Torreblanca, uno de los maestros reposteros más destacados en el ámbito internacional. En los años setenta, ante la necesidad de expandir el negocio, José Emilio 'Pepe' y Miguel Ángel comenzaron a regir el local del número 3 de la calle Periodista Adeflor, mientras Salvador pasó a ocuparse del de la calle Asturias.

El 17 de enero de 1979, Miguel Ángel se casó con Beatriz Lafuente García. Al año siguiente de la boda se creó uno de los hitos más importantes de la confitería, la tarta gijonesa: una delicia con base de bizcocho y cuerpo de crema de turrón de Jijona tostado en su parte superior que la familia regaló a la ciudad. Y después del 'postre gijonés' llegaron sus hijos. Esfuerzo, respeto y trabajo fueron las tres principales herencias que Raquel y Pelayo, que hoy se ocupan del negocio, recibieron de su padre. Trabajador incansable, en las épocas más intensas pasaba hasta 48 horas sin dormir, pero nunca lo consideró un problema, más bien al contrario.Lo pagaba la gratificación que transmitían los clientes satisfechos, para quienes entrar en la confitería, preguntar por él y que Miguel Ángel se asomase por la puerta del obrador, saludando mientras apañaba las manos en el mandil era un gesto tan clásico como los mazapanes de la serie 'la curia romana'. Sus favoritos.

El fallecimiento de Miguel Ángel deja un profundo dolor en el Gremio de Artesanos Confiteros del Principado de Asturias, al que pertenecía desde hace más de treinta años. «Era una grandísima persona, inmejorable, y un referente en la pastelería de Asturias», destacó su presidente, Alberto Díaz. Fue creador de una repostería «clásica pero muy limpia y bien terminada» que se reflejaba en unos escaparates que «era obligado pasar a ver» y una tienda que no podía dejar de visitarse «sobre todo en Pascua o Navidad». Su pérdida «es una enorme pena para el gremio», constató. Ejemplo de su dedicación es que aunque en los tiempos recientes la merma de sus fuerzas no le permitía trabajar con normalidad, hasta los últimos días continuó organizando el obrador.

«Cordial y peleón»

A la segunda de sus pasiones, el balonmano femenino, también se dedicó con ahínco hasta el final. Después de una etapa previa al frente del desaparecido Deportivo Gijón, tomó las riendas de la presidencia del Balonmano La Calzada hace veinte años y logró que el club creciese temporada tras temporada hasta conseguir el ascenso a División de Honor Femenina en 2016. Un hito que fue culminado el pasado abril con el triunfo copero, que supuso el primer título nacional para el balonmano asturiano.

Su cuñado, Diego Lafuente, es el actual técnico del equipo gijonés. «Como presidente, Miguel tenía las ideas muy claras», asegura, y recuerda que «siempre nos ponía freno a las decisiones deportivas, más que nada para que el club tuviera una economía sana».

Pese a tener que realizar estos complicados equilibrios entre presupuesto y nivel competitivo, el club mantuvo un crecimiento constante, para lo cual Álvarez incluso arriesgó dinero de su propio bolsillo. «En algún momento dado nos apoyó en nuestras decisiones deportivas, que conllevaban un riesgo económico, y apostó fuerte por ello», afirma Lafuente. «Era un hombre cordial, pero duro negociando y discutiendo. Era peleón, y tenía la razón en muchísimas cosas». Bien lo sabe el director general de Deportes, José Ramón Tuero, quien coincidió con el fallecido en muchas reuniones, ya desde su época como concejal en el Ayuntamiento de Gijón. «Es una pena que se vaya gente que pelea tanto por el deporte», lamentó ayer Tuero, al tiempo que reafirmó que Álvarez «era muy estricto en el aspecto económico y llevaba un riguroso control de las cuentas».

Muestra de este rigor es el hecho de que, recientemente, el club fabril renunció a jugar la próxima temporada en competición europea, tras haberse proclamado campeón de la Copa de la Reina, al considerar su presidente que no se tenía garantizado el presupuesto necesario para afrontar esta competición con las debidas garantías. Cuando todavía era «un guaje», el capitán de la Selección Española Raúl Entrerríos coincidió con Álvarez Baños en el Deportivo Gijón. El jugador gijonés calificaba ayer el fallecimiento del presidente como «un golpe duro para el balonmano asturiano», ya que se trataba de «una gran persona que decidió apostar de esta forma continuada por nuestro deporte».

Despedida en el Tanatorio

Todavía a última hora, y a pesar de que al carismático directivo ya le fallaban las fuerzas, trabajó para garantizar un buen futuro al Balonmano La Calzada. Su último servicio antes de ingresar en el hospital fue rubricar un convenio de patrocinio por tres temporadas con Liberbank, nombre bajo el que su querido club competirá en la máxima categoría del balonmano femenino.

Sus allegados le darán su último adiós hoy, a la una de la tarde, en la celebración de la palabra que tendrá lugar en la capilla del tanatorio de Cabueñes.

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