«Era y es nuestro ángel de la guarda»

Asistentes al homenaje póstumo a la maestra Juana Lobo, 'mamá África', celebrado en el Ateneo Obrero./DAMIÁN ARIENZA
Asistentes al homenaje póstumo a la maestra Juana Lobo, 'mamá África', celebrado en el Ateneo Obrero. / DAMIÁN ARIENZA

Familiares, amigos y alumnos recuerdan emocionados a la maestra Juana Lobo

ÁNGELA RODILGIJÓN.

Juana Lobo era un referente para sus alumnos inmigrantes, que la apodaban cariñosamente 'mamá África'. «Cuando llegas a un país desconocido, en el que no conoces a nadie, no sabes el idioma y no sabes qué hacer y de repente te encuentras con Juana... Ella es un ángel de la guarda para nosotros. Es amiga, es familia y siempre va a tener un lugar en nuestro corazón», decían emocionados varios de sus alumnos durante un homenaje a la maestra organizado por el Grupo Eleuterio Quintanilla en el Ateneo Obrero.

Amigos, compañeros de trabajo, familiares y alumnos despidieron a la profesora, que daba clases en la Escuela de Adultos de Gijón a inmigrantes. Las palabras de quienes la conocieron evocaron vivencias compartidas. También se leyeron poesías porque, recordaron, «a Juana le gustaba mucho leer, era una lectora infatigable y nos quería contagiar a todos su amor hacia los libros». «Todos queremos a Juana y nos duele tener que despedirnos de una persona caracterizada por la humildad personal y por su compromiso social, por su inteligencia, su capacidad de diálogo, su empatía y simpatía», expresó, en representación del Grupo Eleuterio Quintanilla, Chema Castiello.

La maestra falleció el pasado mes de octubre a los 66 años «tras una enfermedad que combatió con entereza», añadieron sus allegados.

«A Juana no se le ponía nada por delante. Ella no sabía conducir, pero puso en marcha clases para inmigrantes que quisieran sacar el carné de conducir y para los que el examen escrito era una gran dificultad por las trabas que suponía el idioma», indicó Castiello. Tomás Sergio Menéndez, compañero de la homenajeada, leyó una carta en nombre de Paz, una de las hermanas de Lobo, en la hizo un recorrido por su vida; «era una madre para todos los hermanos». Eugenia, otra de sus hermanas, la definió emocionada como «una mujer que siguió para delante mientras pudo leer y caminar».