Aterrizaje real junto al Elogio

Gaspar, Melchor, Baltasar y el Príncipe Aliatar, segundos después de su llegada al Cerro de Santa Catalina en el helicóptero real. / DAMIÁN ARIENZA
Gaspar, Melchor, Baltasar y el Príncipe Aliatar, segundos después de su llegada al Cerro de Santa Catalina en el helicóptero real. / DAMIÁN ARIENZA

«Es el día más guapo de todas las navidades», confesaban padres y abuelos desde el cerro Melchor, Gaspar y Baltasar se mostraron «encantados» de la calurosa bienvenida

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

«Hay dos cosas que me encantan de estos días: abrir los regalos y ver llegar a los Reyes». Una sonrisa cruzaba de oreja a oreja la cara del pequeño Luis Fallanza. A las diez y media de la mañana, con el abrigo abrochado hasta unos ojos que brillaban de ilusión, aguardaba en primera fila el sonido de las hélices del helicóptero que anticiparía el momento clave. Contaba mientras tanto, algo nervioso, que su sueño es «ver cómo llegan desde cada una de las comunidades autónomas». De momento, a sus nueve años, este logroñés ya ha visto cómo sus Majestades culminan el largo y tortuoso trayecto desde Oriente en su ciudad natal, en Gran Canaria...y, ayer por la mañana y junto a cientos de niños, en Gijón. «¡Ya vienen, ya vienen!», gritaba la entusiasmada multitud mirando al cielo y señalando el aparato rojo -con corona incluida- desde el que saludaba el cortejo real. En cuanto tomó tierra frente al Elogio del Horizonte, una ovación resonó en todo el cerro. Y, pronto, mayores y pequeños comenzaron a llamar: «¡Melchor! ¡Gaspar! ¡Baltasar!». Encantados con la bienvenida, los tres de Oriente se acercaron a saludar a Luis, pero también-entre muchos otros- a Aitana Álvarez, de cinco años, quien explicaba la clave para lograr compartir unos segundos con ellos: «Los llamamos súper fuerte y tenemos dos sacos de confeti y purpurinas». «Yo ya llevo unos cuantos días nervioso», confesaba el abuelo de Paula González (9 años) y los hermanos Cristina y César Álvarez (6). «Es el día más guapo de todas las navidades», decía sin dudarlo.

Para los Reyes fue, además, muy intenso. Porque después del baño de masas en el cerro, se montaron en sus coches oficiales para dirigirse a la plaza del Marqués, donde cientos de vecinos esperaban su turno para apretar sus manos, fotografiarse con ellos e, incluso, entregar alguna carta de última hora, aprovechando que los reyes son magos. Melchor se mostró «encantado de estar, un año más, con todos los gijoneses», mientras que Gaspar adelantó: «Hemos traído muchos regalos para el deporte femenino». Baltasar, por su parte, manifestó su alegría por «un recibimiento maravilloso» en el que estuvieron acompañados por la alcaldesa, Carmen Moriyón.

Después de estos pequeños discursos, los Reyes dieron un paseo por las calles del centro, el Sanatorio Marítimo y el Muro, para a continuación recibir y escuchar las peticiones de los más de mil niños que durante horas hicieron cola en la plaza Mayor y que como anticipo recibieron un revoltijo y un lápiz navideño. Poco después, sus Majestades se retiraron a reponer fuerzas para la tarde más ajetreada del año.