Cabueñes, «consternado» por la repentina muerte del jefe de Urología

Cabueñes, «consternado» por la repentina muerte del jefe de Urología
El gijonés Javier Mosquera Moreno era jefe de Urología de Cabueñes desde 2014. / E. C.

Javier Mosquera, de 58 años, se encontraba en una reunión con su equipo cuando se sintió indispuesto. «Es una grandísima pérdida»

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

El Hospital Universitario de Cabueñes perdió ayer a uno de sus trabajadores más comprometidos, un jefe «que más que jefe era un amigo», a un médico de la más elevada categoría, tanto profesional como humana. El gijonés Javier Mosquera Madera, responsable del servicio de Urología, falleció a los 58 años de forma repentina tras sufrir una hemoptisis masiva cuando se encontraba iniciando su jornada en el propio hospital. Junto con su equipo, acababa de realizar una visita a los pacientes hospitalizados y se disponía a empezar la sesión clínica cuando se sintió indispuesto. Pese a la rápida respuesta de sus compañeros, que de inmediato lo trasladaron al servicio de Urgencias del hospital, nada se pudo hacer por su vida. El trágico fallecimiento causó una profunda consternación no solo entre el personal del centro sanitario gijonés sino también en toda la profesión médica asturiana.

«Estamos horrorizados. Es una grandísima pérdida». El gerente del Hospital Universitario de Cabueñes expresaba con estas palabras la honda conmoción causada por el repentino fallecimiento de Javier Mosquera. Al frente del servicio de Urología del hospital gijonés desde el año 2014 (sustituyó en el cargo a Javier Cuervo), «era un magnífico profesional». Además del respeto del que se había hecho merecedor a lo largo de sus casi treinta años de ejercicio, Miguel Rodríguez destacó de él precisamente «su fuerte compromiso con la institución». Mosquera era el jefe de un servicio que en la actualidad cuenta con once adjuntos y cinco residentes.

Se da la casualidad de que el propio Javier Mosquera había sido, a principios de los años 90 del pasado siglo, el primer residente de Urología de Cabueñes. Tras finalizar la residencia en el hospital gijonés, trabajó durante cerca de quince años en el hospital Carmen y Severo Ochoa, de Cangas del Narcea, antes de regresar a Gijón, de donde era natural. Quienes trabajaron estrechamente con él durante todos estos años destacan su carácter afable y su gran profesionalidad.

Generosidad

Miembros de su actual equipo hablaban ayer de su generosidad y su escaso afán de protagonismo. Principales virtudes de un superior con el que «la relación iba más allá de la que se suele tener con un jefe». Con el doctor Mosquera, dicen, era fácil traspasar la línea de lo profesional y adentrarse en la de lo personal porque en el día a día procuraba un clima de confianza y «buen ambiente» propicio para estrechar las relaciones humanas.

De su carácter afable guarda un indeleble recuerdo Valentín Murúa, que llevó durante veinte años la jefatura de Urología del Hospital de Cabueñes y conoció a Mosquera en su etapa de residente. «Era consciente de sus problemas cardiacos, de los que había sido operado hace años, y eso le limitaba en algunos aspectos, pero no en su carácter, siempre alegre», comentó profundamente apenado por la pérdida de «un muy buen profesional».

«Era una persona muy especial que siempre ayudaba y apoyaba a los residentes y permitía que todos progresáramos dentro del trabajo. Los logros del servicio nunca se los atribuía a él. Su lema era la discreción», aseguraba ayer la adjunta del servicio de Urología Rebeca Blanco en nombre de todo el equipo.

Funeral hoy en la Milagrosa

Javier Mosquera Madera estaba casado con Anabel Sánchez Rodríguez, trabajadora del servicio de Farmacia del Hospital de Cabueñes. La pareja no tenía hijos. El funeral se celebrará hoy, a las seis de la tarde, en la iglesia de la Milagrosa, en Gijón. Durante todo el día de ayer, sus familiares recibieron numerosas muestras de condolencia en la sala 1 del tanatorio de Cabueñes, donde quedó instalada la capilla ardiente.