«Vi por su cara que era muy grave»

«Vi por su cara que era muy grave»

Un conductor de EMTUSA le salva la vida a un joven de 15 años atragantado con un trozo de regaliz

O. SUÁREZ GIJÓN.

Un conductor de la línea 15 de EMTUSA le salvó la vida la tarde del jueves a un joven de 15 años que sufrió un atragantamiento dentro del autobús. El episodio a punto estuvo de acabar en desgracia de no ser por la rápida intervención de Raúl Ron, el chófer. «Vi por el espejo retrovisor a uno chico que parecía que no respiraba, tenía muchísima cara de susto, así que no lo pensé, detuve el autobús en un lateral y me fui directamente hacia donde estaba», relata.

Ocurrió sobre las siete de la tarde, junto al parque de bomberos, en su trayecto en dirección a Roces. En el vehículo iban unos ocho pasajeros. «La mayoría creyeron al principio que el chico estaba haciendo una broma con el amigo que tenía al lado». Pero el conductor pronto se percató de la gravedad de la situación. Se había atragantado con un regaliz.

«Lo primero que hice fue darle unos golpes en la espalda, pero vi que seguía sin reaccionar, así que directamente pensé que lo mejor era hacerle la maniobra de Heimlich», explica.

Lo bajó desde el asiento hasta el pasillo, se colocó detrás, le rodeó y le practicó en tres ocasiones los movimientos en la boca del estómago. Al tercer golpe el joven empezó a toser. «Fue todo muy rápido, no sé si duraría un minuto más o menos, pero en esos momentos con la adrenalina ni te lo piensas, ves que tienes que intervenir y lo haces...», comenta Raúl Ron.

Cursos de formación

Conocía la maniobra de Heimlich por un curso de primeros auxilios que EMTUSA impartió a sus empleados el año pasado. «No la había hecho nunca, pero la teoría la sabía; lo dicho, en esos momentos que ves que alguien está en una situación tan grave, no te da tiempo ni a pensar», comenta. Gracias a eso, el adolescente, que se dirigía a entrenar a los campos de la federación, pudo continuar con su rutina. Eso sí, con un tremendo sobresalto.

«Se mostró muy agradecido, primero estuvo tosiendo como cinco minutos, yo ya volví a mi sitio al ver que estaba bien y no había que llamar a los sanitarios, y luego fue él hasta la parte delantera para darme las gracias, tanto él como su amigo estaban bastante asustados», relata, sin querer «quedar como un héroe ni nada porque los que realmente salvan la vida a la gente a diario son los médicos, los enfermeros...».

El episodio tiene lugar apenas tres semanas después de que un niño de tres años muriese atragantado con una uva en la Nochevieja en el barrio del Natahoyo.