'Chilreu', el final de tres décadas a flote

'El 'Pescalonso', antes de ser reconvertido a buque patrullero y pasar a llamarse 'Chilreu'. / E. C.
'El 'Pescalonso', antes de ser reconvertido a buque patrullero y pasar a llamarse 'Chilreu'. / E. C.

Construido en Naval Gijón y botado en 1988 como pesquero, fue patrullero oceánico y será desguazado en El Musel

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

Fueron las aguas del Cantábrico gijonés las que primero rozaron su casco y serán también las últimas. El buque de la Armada 'Chilreu', construido en los astilleros de Naval Gijón en el año 1988, vuelve a casa en la que será su singladura final. Y la realizará remolcado, porque después de dos décadas de actividad como patrullero oceánico arrió bandera ya en 2012.

Nació con otro nombre, 'Pescalonso', y distinta finalidad. Se concibió como pesquero de gran altura para formar parte de la flota de una casa que suma una historia de más de setenta años: Pesquerías Alonso, S. A.. Fundada en 1942 con sede en el número 8 de la calle Marqués de San Esteban, armó una flota de cinco pesqueros con nombre de mujer -'María Isabel', 'María Mercedes', María Luisa', 'María José' y 'María Teresa'- y de apellido Alonso. Hubo además un sexto barco, el 'Alonso Vega'. Hoy, la sociedad tiene sede en Vigo y mantiene su actividad ligada a la mar y al sector pesquero.

El 'Pescalonso' fue construido en el astillero de Naval Gijón y botado el 2 de mayo de 1988. Con 67,78 metros de eslora y 11 de manga, autonomía para 15.000 millas y velocidad máxima de 13 nudos gracias a su motor MAK-6M de 2.450 caballos y dos hélices, una de paso variable y una segunda a proa, para maniobra, de 350 caballos.

Tenía capacidad para 35 tripulantes y como pesquero-congelador de gran altura, contaba con un amplio parque de pesca para el eviscerado y la preparación de capturas antes de pasar al área de congelación y almacenaje, conformada por dos túneles de congelación y dos bodegas para el pescado. Además, contaba con una serie de medios mecánicos y maquinaria auxiliar para la maniobra del arte de pesca en la modalidad de arrastre por popa.

Pero el 'Pescalonso' no tuvo la suerte esperada por sus armadores. El cierre de aguas sudafricanas, la exigencia de licencia en las Malvinas y la expulsión de la flota española del caladero de Boston propiciaron su amarre. En 1991 fue comprado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, que lo cedió a la Armada para su transformación en patrullero.

Segunda vida

Este cambio implicó desmontar todos los elementos directamente relacionados con la actividad pesquera. No fue la única metamorfosis de la que fue objeto, ya que para aportarle mayor seguridad se incorporaron 220 toneladas de hormigón, como lastres, a la bodega de popa del barco. Y se le rebautizó como 'Chilreu', nombre de un islote de la ría de Pontevedra.

Estrenó su segunda vida en 1992 como buque de apoyo a la flota que faenaba en la costera de bonito. Un año después embarcó también a inspectores de Pesca y acogió a los técnicos mediadores del conflicto de la 'guerra del bonito' que se desató en 1994 entre españoles, galos e irlandeses, donde estuvo apoyado por los guardapescas 'Valdivia' y 'Endai'. Llegó el año 2000 y el cuaderno de bitácora del 'Chilreu' siguió registrando nuevas aventuras. Amplió su actividad en inspección y control tanto en aguas de litoral como en los caladeros de Canadá y el Gran Sol.

Se jubiló en abril de 2012. Tras veinte años de actividad fue dado de baja en la Lista Oficial de Buques. ¿El motivo? La rebaja del 10% en los presupuestos del Gobierno que hizo inviable su mantenimiento y forzó su amarre, junto al de otros quince buques en espera de ir a desguace. Así, el 29 de junio arrió bandera en el muelle del Arsenal en Ferrol, donde continúa desde entonces a la espera de ir a desguace. Nadie apostó por él la primera vez que salió a subasta, en mayo de 2018, por un valor de 83.600 euros. Pero un año más tarde fue adjudicado por 63.875 euros a la firma DDR Vessels de El Musel. Su llegada a esta novedosa planta de reciclaje está prevista para finales de julio. Una vez aquí, se troceará a medida de convertidor siderúrgico las 967 toneladas de hierro y acero que conforman su casco y estructuras de obra muerta.

Otras diez toneladas de cobre y cinco de aluminio completan el peso y valor de un buque que besó la mar por primera vez como pesquero y que 31 años después será atracado por última vez y como unidad de la armada a un muelle del puerto que lo vio nacer y donde desaparecerá para ser reinventado por tercera vez.

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