La ferretería El Candado echa el cierre: «Aquí quedan mis mejores recuerdos»

Marci Fernández, Carmen González y Juanjo Fernández. / P. UCHA
Marci Fernández, Carmen González y Juanjo Fernández. / P. UCHA

El local cesa su actividad tras 69 años «atendiendo a cada cliente como el más importante»

JOSÉ LUIS RUIZ GIJÓN.

Carmen González Leal no puede evitar emocionarse al recordar los años que ha trabajado en la ferretería que abrió su padre. «Me incorporé con 16 años, al acabar de estudiar. Y trabajé aquí 49 años, hace ya nueve que me jubilé. Los mejores recuerdos de mi vida están aquí, porque tratas con gente de todos los niveles sociales y aprendes de todo el mundo. Cerramos con mucha pena. Aquí se acaba la ferretería El Candado. Lo hemos hecho todo lo bien que hemos sabido», afirma sobre el negocio ubicado en Álvarez Garaya.

Ayer obsequiaron con unos pinchos y un vino a los amigos, clientes y todo el que quiso acercarse a la tienda. Aunque en realidad no cierra definitivamente hasta el día 25. «Es un homenaje a mi padre y a toda la familia. Un 9 de abril falleció mi hija, mi madre y mi marido murieron un día 9 y hoy es el cumpleaños de Marci Fernández, que lleva trabajando aquí 18 años», explica. Carmen recuerda que el día de la inauguración fue una fiesta. «Vino hasta el párroco de San José». Así que el del cierre quiso que fuera otra.

De Cuba a Gijón

La ferretería El Candado fue fundada en 1950 por su padre, Emilio A. González, tras pasar 17 años en Cuba trabajando en una ferretería que llevaba el mismo nombre. «El entorno entonces no se parecía en nada al actual. Aquí se ubicaba el rastro, el circo, eran todo casitas bajas, casi las afueras», recuerda Carmen. Allí paraban también los autobuses que traían y llevaban gente de Quintes y Villaviciosa, por eso su principal clientela era entonces de fuera de Gijón.

Y no solo el entorno, el negocio también ha pasado por múltiples transformaciones. Pasaron de vender aperos de labranza y mullidas de las vacas a distribuir máquinas de coser, electrodomésticos, útiles de bricolaje, vajillas de Bidasoa... Y, añade, «los herrajes, que fueron nuestra especialidad en los últimos años. Mi marido colocaba los rieles y yo colgaba las cortinas, gratis, como servicio de la tienda».

En 69 años caben muchas anécdotas. También, clientes famosos. Carmen recuerda al escultor Rubio Camín y al presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo. «Necesitaba un anclaje o algo así para el barco en el que vino a Gijón. Fue muy educado conmigo».

Temas

Gijón