Circo romano en el Campo Valdés

La red del gladiador 'retiario', armado con un tridente, captura a su contrincante, un 'secutor', ante la atenta mirada del público. / DANIEL MORA
La red del gladiador 'retiario', armado con un tridente, captura a su contrincante, un 'secutor', ante la atenta mirada del público. / DANIEL MORA

El público se vuelca con la recreación didáctica de las luchas entre gladiadores organizada por el Día de la Ruta de la Plata

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Chocan los escudos en el Campo Valdés. La daga del gladiador busca la piel del oponente y éste se defiende con una lanza mientras el público contiene la respiración. La lucha no se produce en un anfiteatro y por supuesto no hay heridos, pero los golpes entre los gladiadores son reales y sus protecciones pesan casi como si procediesen del Imperio Romano.

La asociación cultural Kérberos protagonizó ayer, con motivo del Día de la Ruta Vía de la Plata, una impactante recreación de un 'ludus gladiatorum', una lucha entre gladiadores que fue seguida por decenas de curiosos que se acercaron a descubrir la peculiar «justicia» de unos combates aparentemente anárquicos. Para empezar, y en contra de lo que muchos puedan pensar, «no se podía matar al contrincante», explicaba Víctor Vega, miembro de la asociación desdoblado en gladiador. «Quien decide es el editor, que es el que ha pagado por el espectáculo. El derrotado puede pedir el indulto y el público opina, pero la decisión final no es suya».

En el insospechado anfiteatro frente a la iglesia de San Pedro se enfrentaron primero dos 'gladiatrix', sendas mujeres gladiadoras, en un ensayo amistoso que sirvió, como en los espectáculos romanos, de preludio de lo que vendría después. «Van disfrazados», señaló una niña cuando vio aparecer al 'hoplomachus', inspirado en los guerreros griegos, y al 'murmillo', armado como un soldado romano. El atuendo no era un disfraz, es un traje elaborado por los socios de Kérberos «siguiendo los mismos métodos que en la época romana para asegurar la calidad y resistencia», puede pesar hasta veinte kilos. Por eso, los combates eran breves, pero «siempre equilibrados».

Después saltaron a la arena los más temidos: el 'retiario', armado con una red de pescador y un tridente, y el 'secutor'. Pronto, el segundo se vio obligado a levantar los dedos pidiendo clemencia. Y Gijón, entre 'iugula' -yugular, el grito de muerte- o mite, eligió conceder el perdón.

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