La ciudad de los mil gatos callejeros

Varios de los gatos, ya esterilizados, que habitan en la colonia de Braña Perchera. / DAMIÁN ARIENZA
Varios de los gatos, ya esterilizados, que habitan en la colonia de Braña Perchera. / DAMIÁN ARIENZA

La asociación Gijón Felino se encarga del cuidado de varias colonias | «El Ayuntamiento tiene que poner en marcha cuanto antes el plan de captura, esterilización y suelta al que se ha comprometido», urge

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Cuando el vehículo de Elena Vigil-Escalera se acerca por la calle Chopin, los gatos callejeros que minutos antes se escondían de los desconocidos intrusos comienzan a salir de sus escondrijos. Baja del coche y empieza a llamarlos por su nombre. 'Cindy', 'Rubio', 'Nasta', 'Gordi', 'Lelo', 'Mami Tricolor'. Uno a uno se acercan. Ella es la única ama de estos felinos sin dueño.

Los trece animales a los que cuida Elena son una ínfima parte de los mil felinos asilvestrados registrados que pueblan las calles de Gijón y que conviven juntos en alguna de las cien colonias de las que tiene conocimiento el Ayuntamiento. No obstante, apunta la presidenta de la Asociación Gijón Felino, «el número de gatos callejeros es mucho mayor, ya que hay colonias que las cuidadoras no quieren registrar o cuya existencia se desconoce». De estas cien colonias, advierte, «muy pocas están controladas y esterilizadas», por lo que la población felina va a en aumento.

Estas comunidades faunísticas están formadas por animales nacidos en la calle de otros gatos callejeros, abandonados o gatos sin castrar con dueño que, sin embargo, tienen libertad para salir de casa y conviven en zonas donde tienen alimentos. «Estos gatos urbanos no pueden sobrevivir solos y necesitan de personas o basureros para alimentarse, por lo que dependen de nosotros». Nacidos en la calle, sin haber tenido contacto directo con el hombre, son difícilmente adaptables a la vida en casa, así que «a no ser que se retiren de la calle a muy temprana edad no pueden ser dados en adopción».

De la superpoblación vienen los problemas. Con los vecinos, que se quejan de los ruidos o la suciedad, o entre los propios gatos, que en época de celo se pelean y se transmiten efermedades. Frente a esto, «la manera ética, eficaz y humanitaria para controlar estos gatos es el plan CES: coger, esterilizar y soltar», defiende Vigil-Escalera. Los gatos son capturados mediante una jaula trampa, esterilizados, marcados -para saber que están castrados- y soltados de nuevo en el entorno. Este método tiene un beneficio doble: por un lado, pone freno al crecimiento de las colonias, cuya población disminuye progresivamente de manera natural. Por otro, en una colonia castrada y controlada «desaparecen todos los problemas de marcaje, de peleas en épocas de celo que no dejan dormir a los vecinos y mejora el estado de salud de los animales».

Elena inició Gijón Felino en 2014 a través de las redes sociales, después de haber sido voluntaria en el albergue de Serín. Se encontró con una colonia, la de la Braña Perchera, en la que había treinta gatos. Y pese a las reticencias de los vecinos, que al principio se enfadaban al verla, comenzó a alimentarlos. Se enfrentó a ellos, les explicó su labor y poco a poco, con ayuda de las aportaciones de particulares, inició su propio plan CES. Diseñó también -con ayuda de vídeos de YouTube- unos comederos cerrados que cuentan con un pedal sobre el que los felinos se apoyan para abrirlo y que evita que el pienso atraiga a los pájaros, otra de las quejas vecinales. ¿Se sigue encontrando con personas poco tolerantes? «Sí. Siempre hay quien los odia y nunca tendrá bastante porque quiere cero gatos, sin darse cuenta de que son necesarios para controlar la población de ratones».

75 castraciones al año

«Desde que nos formamos como asociación seguimos esperando por el plan CES que el Pleno aprobó en mayo de 2016», denuncia la presidenta de Gijón Felino. Actualmente, el depósito de animales esteriliza, mediante un convenio con el consistorio, unos 75 gatos al año. Cantidad que resulta «a todas luces insuficiente» aunque se una a los que castran las asociaciones.

En la última reunión del Consejo de Bienestar Animal, celebrada en enero, les avisaron de la firma, el 28 de diciembre de 2017, de un convenio de colaboración con el Colegio de Veterinarios, en el que se hablaba de castrar solo machos. Esto es, en palabras de Vigil-Escalera, «lo más surrealista que hemos escuchado nunca ya que como quede un solo gato sin castrar puede preñar a todas las hembras», y a unos precios «desorbitados en comparación con los que nos hacen las clínicas veterinarias con las que trabajamos».

Preguntado por este periódico, el presidente del Colegio de Veterinarios de Asturias, Armando Solís Vázquez, rectificó la información relativa a la castración de machos y la atribuyó a «un error de comunicación». Explicó que el colectivo colabora de manera gratuita con el Consistorio en asesoramiento animal, y anunció que el plan CES del Ayuntamiento -cuya cuantía aseguró desconocer- se pondrá en marcha próximamente, y que «se esterilizarán tanto machos como hembras».

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