«Cofrades, avante toda en procesión, los gijoneses os seguimos con devoción»

El pregonero, el presidente de la Autoridad Portuaria, Laureano Lourido, lee su discurso. /  C. SANTOS
El pregonero, el presidente de la Autoridad Portuaria, Laureano Lourido, lee su discurso. / C. SANTOS

Laureano Lourido abre con un pregón de carácter marinero una Semana Santa «de compromiso» con la fe

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

No se veía como pregonero. «No es seguramente el mejor ejemplo de buen cristiano quien, como yo, ha nacido filibustero. Ni fui, ni seré, perdón hermanos, ejemplo para nadie». Laureano Lourido abrió ayer la Semana Santa con un pregón de tintes marineros y una pública confesión que logró precisamente lo que los cofrades desean: acercar la tradición al pueblo. Uno que yerra, que se equivoca; pero en cualquier tormenta tiene un faro, la fe, que ayuda a llegar a puerto.

«Quiero decirles que no hay mayor honor ni orgullo que estar aquí y ahora», agradeció el presidente de la Autoridad Portuaria cuando tomó el timón del acto, después de que el presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Gijón, Ignacio Alvargonzález, recordase a los fallecidos Guillermo Quirós, José Luis Llorens y José Ramón Fernández Costales. Navegó el marino por su infancia, traviesa y «futbolinista», de malas y falsificadas notas -«Todas no las suspendí: aprobé gimnasia, FEN y religión. ¿Perdona esto un poco mis pecados?», bromeó- y la mar fue salpicando su discurso como salinizaron su alma las aventuras narradas en novelas de Joseph Conrad, Julio Verne o Emilio Salgari. Cerca precisamente de San Pedro, al presidente de la Autoridad Portuaria le preguntaron de adolescente si «puente o máquinas» y su madre respondió, «el chiquillo 'quier' ser capitán».

«Llegaron los días cortos y las noches largas», pasó «más horas en El Centenario y en El Planeta que en clase» y aprendió, entre otras cosas, que «el color mata una escalera». «Y llegó el día en que, con las rodillas vendadas con trapos de lana, subí hasta los pies de la Virgen de la Consolación y desaparecieron de mi vida las cartas». Hasta ahí la confesión.

Recordó la vida en la mar, «a veces con vientos y mareas duras y en el silencio del puente, en la madrugada con el castillo de proa sumergido en las espumas, '¡Señor, ayuda!'. Y Él, como a San Pedro: '¿Por qué dudas?'». «A veces, hermanos -continuó Lourido-, no ponemos proa a la mar y tenemos una conducta ridícula porque nos parece más fácil seguir las modas que mantenernos firmes en aquello que creemos». Y arrancó las sonrisas de los presentes añadiendo: «Como soy pecador, y el Señor me perdona, voy a decirlo: Se necesita 'un par' para ser un verdadero cristiano activo». Máxime «en estos tiempos».

«Cofrades», animó, «avante toda, en procesión. Los gijoneses os seguiremos con silencio, respeto y devoción. Con la cruz a cuestas, de mar y pasión, que todos juntos de Cristo bebemos». Para Lourido, cuyo sentido del humor es de sobra conocido, «la Semana Santa es seria, pero no triste, porque la tristeza nos encorva la espalda, nos humilla la cerviz y no nos permite mirar al Cielo». No es tampoco «mustia, lánguida o melancólica; sino de compromiso». «En esta Semana Santa, finquemos nuestra fe para que cuando pinten bastos, no tengamos que huir embozados», instó. La Pascua, dijo, «es tiempo de engrandecer a un hombre muy avanzado para la época». Tanto, «que sin imponer la llamada ley de igualdad de género, aplicaba la semejanza y la paridad». «Cofrades, vuestros corazones deberán ser carracas hasta que las rocas se quiebren. Que su clamor apague el retumbar de los tambores, que repliquen al unísono en Veriña y en Caldones, en la Pedrera, en la plaza del Marqués, en Lavandera y el Campo Valdés. En Porceyo, en Deva, en Ruedes, en Tremañes y en Cabueñes; que el brillo de vuestros ojos, para que sean los nuestros, llegue a Serín, Somió y Cenero», imploró, para concluir: «Gijón y amén».

Hoy, la bendición de los ramos tendrá lugar a las doce y cuarto del mediodía en el pórtico de la Capilla de los Remedios. De allí partirá la procesión del paso infantil del Santo Niño del Remedio y el de 'La Borriquilla' hasta la iglesia de San Pedro, donde habrá misa solemne a las 13 horas.