«La consulta de una enfermera de Primaria es como el diván del psiquiatra»

Sierra Muñiz, enfermera durante veintiséis años en el centro de salud de La Calzada, en su consulta. / A. GARCÍA
Sierra Muñiz, enfermera durante veintiséis años en el centro de salud de La Calzada, en su consulta. / A. GARCÍA

Sierra Muñiz, Enfermera jubilada del centro de salud La Calzada II: «A más de un paciente lo veía cada mes para evitar una derivación al médico. Tienen síntomas de todas las enfermedades, pero su problema es la soledad»

CHELO TUYA GIJÓN.

«¿Me vas a reñir?» Si le hubieran dado un euro cada vez que escuchó esa pregunta, sería la mujer más rica del mundo. Es raro el paciente que, ya sea por una dieta incumplida o por una recomendación no escuchada, no 'temiera' la evaluación de la enfermera de la consulta número 1 del centro de salud de La Calzada y adscrita al coordinador, Javier Pérez. Un temor de boquilla, porque Sierra Muñiz (Turón, 1955) siempre fundió su máscara de sargento al calor de abrazos físicos y verbales. Acaba de jubilarse, su despertador sigue sonando a las 6.45, pero Sierra, 'sierrina', 'la enfermera de Javier' durante 26 años, ya no corre al edificio de la calle Simón Bolívar. Lo ha cambiado por la práctica del deporte y la fotografía.

-'Me vas a reñir'. ¿Cuántas veces ha escuchado esa frase del paciente que cruzaba su puerta?

-Muchas, muchas, es verdad. Pero, mire, hice una prueba algunas veces. Entraba el paciente, le pesaba y, aunque había ganado peso, no le decía nada. Entonces, preocupado, me decía '¿No me vas a reñir? ¿No ves que estoy mal?' (risas).

-Y ¿cuántas veces se ha marchado un paciente porque usted no estaba en la consulta?

-Bueno, pero eso pasa con todos. En Atención Especializada las cosas son diferentes. Allí el paciente ve a la enfermera, o al médico, como un profesional que sabe mucho de lo suyo. En Primaria, también nos ven como profesionales, pero nuestras consultas son como el diván del psiquiatra. Muchos solo necesitan hablar.

Más información

-¿Y cómo se hace eso con diez minutos por paciente?

-Aquí se está el tiempo que haga falta. Te viene un paciente a poner una inyección y en un minuto está. Como le han reservado cinco, tienes cuatro para otro que necesite más tiempo.

-¿No se quejan por los retrasos?

-En esta consulta y en la de Javier Pérez (el médico y coordinador del centro) ya saben cómo funciona. La atención es lo primero. En todo el centro de La Calzada, en general. Muchas veces, salgo, me siento con los pacientes que esperan y les digo 'Vaya enfermera petarda esta. Yo, que vosotros, cambiaba con otra'. Carcajadas y a seguir.

-¿Cuántos pacientes?

-Como estoy adscrita al coordinador, que tiene mucha función burocrática, además de la sanitaria, nosotros estamos en 1.800. Otros compañeros tienen 2.000. El problema no es tanto el número, que es muy alto, como el volumen de personas mayores. Yo tenía casi 400.

-¿Son demasiados?

-No, yo muero por mis 'abuelos', soy feliz con ellos. Pero necesitan una atención diferente. Hay muchos encamados, a los que yo visitaba, si no me necesitaban, cada tres meses. Y hay que hacer muchas curas a domicilio. Hay meses que dos al día. Y cada una en una punta del barrio. Pero es una labor que hay que hacer. Estas personas son mi familia.

-Sierra... Eran su trabajo.

-Sí, lo tengo claro. Y hay que ser profesional, pero para ello tienes que saber el entorno que rodea al paciente, qué necesidades hay que cubrir y, a partir de ahí, actuar. Muchas visitas evitan derivaciones médicas.

-¿Por ejemplo?

-Tenemos un paciente de 102 años. Lo que necesita es hablar. Como cuando llegas a una casa y te huele a quemado. Se lo dices al enfermo y te suelta '¡Ay, vete a mirarme el pote!'. Tú vas a curar una úlcera y acabas vigilando un pote.

-Y riñendo.

-(Risas) Sí, ahí también escuché '¿Me vas a reñir?' Y yo, claro, '¿Qué te dije de conectar la cocina y echarte en la cama?'. Luego, aprovechas y te cuenta todo lo que le preocupa.

-Cocemfe acaba de presentar una campaña impactante, 'encerrados'. ¿Tenía usted muchos casos así?

-Encamados, muchos, pero, afortunadamente al instalar ascensores en edificios viejos se avanzó mucho. Cuando empecé, desde luego que había muchas personas encerradas.

-¿Tienen las personas mayores la atención que necesitan?

-(Se lo piensa) Vamos mejorando, pero aún hay mucho por hacer.

-¿La Administración o la familia?

-Ojo, todos. La Administración tiene mucho que mejorar en su respuesta. A más de un paciente lo veía cada mes para evitar una derivación al médico. Tienen síntomas de todas las enfermedades, pero, en realidad, su problema es la soledad. Con el pacto de venir a verme, mejoran.

-¿Y la familia?

-Ahí... Hay familias maravillosas, pero también mucha desestructurada. Con la crisis, sí se vio que los abuelos tenían compañía de hijos y nietos, pero era por los problemas económicos. Si no es por la propina, muchos no visitan a su abuela.

-¿Notó la crisis en la consulta?

-Fue muy dura. Recomendabas a una paciente un zumo, por ejemplo, y te decía 'Eso no lo puedo pagar. Tengo a mi hija en paro' y se te ponía un nudo en la garganta... La Calzada es un barrio muy cariñoso que se hace querer.

-Pues usted se prejubila

-(Risas) Mi madre me decía siempre que me jubilara a los 60, que luego comienzan los achaques. Le dije que esperaría a los 63 y eso he hecho. Adoro a mis pacientes y a mis compañeros, estos días no paro de llorar al despedirme, pero quiero aprovechar que estoy bien para dedicarme a mis otras pasiones: el deporte y la fotografía.

-¿Y a cuidarse? Ojo que la enfermera puede reñirla en la revisión.

-No, son todas encantadoras. La única bruja era yo.