El Corazón de Jesús vuelve a su basílica

Un momento de la procesión antes de la misa solemne en la basílica del Sagrado Corazón de Jesús. / CAROLINA SANTOS
Un momento de la procesión antes de la misa solemne en la basílica del Sagrado Corazón de Jesús. / CAROLINA SANTOS

La Iglesiona recupera esta ceremonia, con la participación de veinte sacerdotes | El arcipreste de Gijón, José Aurelio Llorens, presidió la misa solemne, que contó con la asistencia de un centenar de feligreses

JOSÉ LUIS RUIZGIJÓN.

Después de unos años en los que había decaído, ayer la celebración del Sagrado Corazón de Jesús recuperó todo su esplendor. Y lo hizo con solemnidad. «Queremos que la devoción crezca. Quizá durante un tiempo ha estado un poquito más apagada, pese a que es la más importante para nosotros», declaró Manuel Robles Freire, rector de la basílica.

La Iglesiona acogió ayer, por ser el viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés, una liturgia que reunió a cerca de cien feligreses. El encuentro comenzó con la tradicional procesión por el interior del templo. En ella, detrás de la imagen de Jesucristo en la cruz, caminaron veinte sacerdotes llegados de todas las parroquias de la ciudad y algunos de Oviedo.

Concluida la procesión, tuvo lugar una misa solemne presidida por el arcipreste de Gijón en funciones, José Aurelio Llorens González, que alertó sobre «un mundo cargado de nuevas tecnologías que nos van creando nuevas enfermedades e, incluso, adicciones». Recordó que el evangelio se preocupa «de que el hombre no se pierda y tampoco sea perdido por otros».

En palabras del arcipreste, la conmemoración del Corazón de Jesús significa «celebrar que el núcleo fundamental de Dios pasa por tener un corazón de total entrega por el hombre». Y por eso reclamó a los fieles que luchen por conseguir «un corazón semejante» al de Jesucristo, que resumió en seis puntos: «Un corazón de hijo; otro que reconcilia como Jesús nos ha reconciliado con el Padre; también el contemplativo, tan necesario en estos tiempos en que hay tantas cosas que nos distraen». Otro corazón «capaz de amar, en vez de aprovecharse de los demás; que salve en vez de condenar a la ligera como es frecuente en estos tiempos en que se condena públicamente antes de que las personas puedan ser juzgadas». Y por último, «un corazón compasivo, porque así como Dios tiene compasión de mí, yo debo ser bueno», resumió.

Llorens urgió a los feligreses a respetar tres cosas fundamentales. «Hay que prestar especial atención al hombre, a la creación, que es la obra de de Dios y que tantas veces vemos mancillada, como cuando sacan toda esa basura del muelle. La naturaleza es obra del señor y si no la cuidamos se volverá contra nosotros. Y respetar también a lo que es de Dios, que es la iglesia y su trabajo por extender el evangelio», detalló.

La feligresa Ana Gloria Muñiz García leyó la profecía de Ezequiel, donde Jesús promete que cuidará de su rebaño, lo sacará de la oscuridad y «se ocupará especialmente de buscar a la oveja perdida y acoger a la descarriada». Carmen Estela del Valle, colaboradora de la basílica, hizo referencia al discurso de Pablo a sus hermanos, a los que explicaba cómo «Cristo se sacrificó por nosotros siendo todavía pecadores, así que una vez nos reconciliemos con él, con más razón seremos salvados».

Aparición en el siglo XVII

El párroco de Granda, Roces y capellán del Hospital Begoña, José Vicente Álvarez Gutiérrez, agradeció al arcipreste y al rector su interés por recuperar la fiesta. «Esta es una celebración muy profunda, muy hermosa. Porque el corazón de Jesús siempre atrae a aquellos siervos e incluso pecadores que somos».

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se celebra desde el siglo XVII, cuando se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque, una monja francesa. «El Sagrado Corazón no es otra cosa que Jesucristo en cuanto que es misericordioso con los hombres, eso es lo que significa y eso fue lo que le dijo a Santa Margarita. Ninguna revelación privada contradice nunca lo que está en el evangelio, sino que lo afirma o lo expresa mejor», explicó el rector de la basílica, Manuel Robles.