Despertar con una lluvia de regalos

Los hermanos Carmen, Manel y Adriá, descubriendo las sorpresas con sus padres y su abuela en casa. / C. SANTOS
Los hermanos Carmen, Manel y Adriá, descubriendo las sorpresas con sus padres y su abuela en casa. / C. SANTOS

Los adultos disfrutan casi tanto como los pequeños al verles con sus regalos | «El de Reyes es un día muy bonito en el que más allá de lo material tratamos de que disfruten de estar con los amigos y la familia», destacan algunos padres

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Prometieron a Sus Majestades que serían buenos, que se irían a dormir pronto y que les dejarían algún tentempié -así como agua para sus camellos- para facilitar una noche de tanto trabajo. Superados los nervios de la Cabalgata, unos cayeron rendidos y a otros les costó conciliar el sueño de pura incertidumbre. Y cuando por fin llegó la mañana, los gritos de júbilo que se escucharon en cientos de casas hicieron seguramente sonreír a los tres magos en su periplo de vuelta a Oriente. Pero no solo a ellos, porque la felicidad de un niño ilumina también las caras de padres, tíos y abuelos.

Más información

Aunque a sus dos años la pequeña Olivia todavía no tiene del todo asimilado quiénes son Melchor, Gaspar y Baltasar, a partir de este 6 de enero le irá quedando claro. Porque ayer, cuando su mamá la despertó, no había ya leche en los tres vasos que había dejado antes de acostarse. Y alrededor de las zapatillas que habían colocado junto al árbol, varios paquetes a los que se lanzó emocionada. Con la cara aún somnolienta, pero con determinación, fue desenvolviendo sorpresas bajo la atenta mirada de sus padres, Ana Otero e Isaac Murciego, «encantados» porque ellos siempre fueron «regalones» y ahora que la niña «empieza a asimilar lo que significa este día, esa ilusión se magnifica». Ella no había pedido nada, pero los Reyes, además de magos, son muy listos, y por eso le trajeron una granja de Playmobil con la que se puso a jugar de inmediato. Pero aún había más: un puzzle para que se vaya acostumbrando al abecedario antes de empezar en la 'guarde' y un maletín y bata de doctora para curar a toda la familia, que por la tarde se reunió para disfrutar del roscón.

Fue eso mismo lo que las hermanas Laura y Alicia Eguía dejaron, junto con sus vasos de leche y una carta para que les firmaran los tres magos cuando dejaron los paquetes. Desenvolvieron uno por uno, embelesadas sobre todo al comprobar que todas sus peticiones fueron atendidas: la fábrica de 'slime', el Cluedo, la cabaña de Pin y Pon... En Viesques, Macarena Salas (8) se encontró con una muñeca Reborn, el casco 'mind massage' y más Pin y Pon, mientras que su hermano Lucas (6) quitó el envoltorio rápidamente a la galera romana de Playmobil, una caja de música y el juego 'Alien Vision'.

En la céntrica casa de sus abuelos, Carmen (5 años), Manel (3) y Adriá (2) madrugaron mucho. Querían ver si los Reyes habían degustado las galletas que habían cocinado para ellos la tarde anterior, justo antes de salir a la Cabalgata, y se encontraron con una sorpresa aún mayor: Melchor, Gaspar y Baltasar les habían dejado pastas con sus caras para que las grabaran en su memoria y les reconocieran el año próximo. No es fácil abrir regalos con las manos ya ocupadas, pero lo lograron con ayuda de sus padres Pedro Herrero y Lucía Sánchez, para quienes «este día es muy bonito, sobre todo porque más allá de lo material podemos disfrutar de estar con los amigos y la gente a la que queremos». La muñeca de Carmen, el avión de Manel y el cochecito con su bebé de Adriá viajaron por la tarde a Madrid, porque las navidades de estos niños son viajeras y discurren entre Barcelona, donde viven unos abuelos, Asturias, y su casa en Madrid.

No se moverán de Gijón, Covi Magarzo e Isaac Rodríguez, que vivieron «muy intensamente» el día de ayer y tienen aún mucho que jugar con el pequeño Isaac, de 2 años. Cuando se despertó pidió «¡regalos!», y eso obtuvo. Los tres de Oriente le dejaron un caballito, una cocinita, una pizarra mágica y un interruptor luminoso que lo volvió loco.