Despliegue policial ante una denuncia falsa por el arresto domiciliario de Paz Rodríguez

E. GARCÍA GIJÓN.

El miércoles y el jueves eran sus días libres. Salió a cenar y a tomar algo a un local de su barrio y terminó esperando durante más de media hora a que seis patrullas de la Policía y una pareja de la secreta que se personaron en el lugar verificaran que no quebrantaba el arresto domiciliario que cumple desde el pasado lunes. Paz Rodríguez, condenada por desacato por decirle a una jueza «Nos estáis dejando pocas soluciones a las mujeres y las pocas que nos quedan no os van a gustar», está convencida de que quien llamó a los agentes fue el agresor de una de las mujeres a las que ella da cobertura como presidenta de la entidad Carla Vive. «Este será el primero de muchos maltratadores a los que me enfrenté que utilizarán esto para sus venganzas personales», lamenta. Pero cuando hacen esas cosas, asegura, «me reafirman en que estoy haciendo las cosas bien».

 

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