El Encuentro emociona al gentío

La imagen de la Verónica sostiene el paño con la impronta de la Santa Faz. / TAREK HALABI
La imagen de la Verónica sostiene el paño con la impronta de la Santa Faz. / TAREK HALABI

Miles de personas acompañaron a los cuatro pasos en la procesión de Miércoles Santo | La Verónica, el Nazareno, la Dolorosa y San Juan Evangelista se unieron frente a la estatua de Pelayo en una abarrotada plaza del Marqués

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Parecía que la lluvia que el año pasado impidió la celebración de la solemne procesión del Encuentro Camino del Calvario duplicó las ganas de los devotos de presenciar ayer la ceremonia del Miércoles Santo. No eran ni las ocho de la tarde cuando cientos de fieles se agolpaban ya frente a la parroquia de San José, que acogió la procesión hace tres años y en cuyo interior aguardaba el paso de Jesús Nazareno.

Fuera, Pilar Rodríguez Artime escoltaba a la Verónica. Desde hace catorce años es una de las ocho mujeres que portean este paso exclusivamente femenino. Con él al hombro, aseguraba minutos antes del comienzo de la procesión, «el emocionante Encuentro, en el que hacemos danzar a las figuras hasta acercarlas, se vive de manera muy distinta, más solemne». Aunque por unos instantes, confesaba Juan Antonio Rodríguez-Pládano, Hermano Mayor de la Ilustre Hermandad de la Santa Vera Cruz, «el cambio de viento y unas nubes nos hicieron sufrir», temiendo por la continuidad de la celebración, el tiempo, este año sí, respetó una de las estaciones más simbólicas del camino del Calvario.

Cuando las campanas de la iglesia marcaron las ocho, la Agrupación Musical del Sagrado Corazón de Jesús de Oviedo tocó el himno nacional, marcando el paso de una comitiva encabezada por la Verónica y escoltada por veinticinco cadetes de la Academia Nacional de Policía de Ávila. «Es preciosa», decía una emocionada Micaela Peláez señalando las lágrimas de la imagen y su «antiquísimo» manto, donado hace años de forma anónima por un cofrade. «Su rostro refleja tal tristeza que parece de verdad», susurraba Delia Gómez. Por la puerta principal salió también Jesús Nazareno, con la pesada cruz a cuestas sobre un florido manto rojo y violeta. Lento y majestuoso, quedó enfrentado a la mujer que, según la tradición, enjugó su rostro.

Entonces comenzó el baile. Al son de las trompetas y con redoble de tambores. Él se acercó, ella también, y envueltos en una atmósfera de solemnidad y emoción contenida, ambos pasos casi se rozaron. La Verónica enjugó el rostro del Redentor y en el níveo paño que sostenía quedó marcada la Santa Faz. «Estandarte de compasión que contiene la imagen del amor puro, como un espejo de la absoluta inocencia del que es manso y humilde, en el que se refleja la aceptación bondadosa del amor que no es amado», leyó el párroco de San José, Fernando Llenín Iglesias. Al terminar el breve sermón, y culminada la escenificación, las imágenes emprendieron el paso por Álvarez Garaya, avanzando juntas hacia la plaza del Marqués y acompañadas de casi un centenar de penitentes de la Hermandad de la Santa Vera Cruz y seguidas por cientos de fieles.

Mientras tanto, casi simultáneamente, la iglesia de San Pedro acogía los pasos de la Virgen Dolorosa y de San Juan Evangelista. Alrededor del templo se agrupaban también centenares de devotos, turistas y curiosos que esperaban la salida de las imágenes, acompañadas en este caso por la música de la Unión Musical del Principado de Asturias. Partió primero la Dolorosa, llevada por doce porteadores de la Ilustre Hermandad de la Santa Misericordia. El negrísimo manto enmarcaba el rostro agónico de la madre que se dirige al encuentro de su único hijo condenado a muerte. A continuación, flanqueó las puertas de San Pedro la imagen de San Juan Evangelista, llevada a hombros por ocho cofrades de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro para acompañar a la Virgen en el camino hacia su hijo.

Enorme circunferencia

Lentamente, por Poniente apareció la Santa Vera Cruz; la Santa Misericordia y el Santo Sepulcro atravesaron el arco de la plaza Mayor y bajo la atenta mirada de Pelayo, en una abarrotada plaza del Marqués, se consagró el Encuentro. Mientras los cofrades se situaban frente al gentío formando una enorme circunferencia, solo se escuchaba el sonido de las horquillas al golpear contra el empedrado y el son de los tambores que marcaban el paso de aproximación de las figuras. Se acercaron la Verónica y el Evangelista. Y llegó el momento de mayor recogimiento, de emoción contenida, el cruce de miradas entre Jesús, camino hacia el calvario, y la madre que le dio fuerzas. «María, cuida de todos los huérfanos de la Tierra, protege a todas las mujeres explotadas y maltratadas. Acompaña a todas las madres del mundo. Inspira a a cada madre para que eduque a sus hijos en la ternura del amor a Dios», pidió el párroco de San José. Tras el Encuentro, los cofrades retornaron juntos a San Pedro, sede de las tres entidades.

La meteorología amenaza hoy la procesión del Jueves Santo, el Vía Crucis del Santo Cristo de la Misericordia y de los Mártires. Si la predicción yerra, el paso saldrá a las 20 horas de San Pedro pero seguramente acortará su recorrido. Si llueve, se rezará el Vía Crucis en el templo.