«Los enfermos de cáncer necesitan apoyo y abrazos»

En primera línea, Carmen Artime y Margarita Fuente, junto a otras voluntarias y colaboradoras de la AECC. /  C. SANTOS
En primera línea, Carmen Artime y Margarita Fuente, junto a otras voluntarias y colaboradoras de la AECC. / C. SANTOS

Voluntarias gijonesas cuentan cómo es la labor que realizan a diario en los hospitales

MARLA NIETO GIJÓN.

«Soy expaciente de oncología y cuando estuve mala dije que sí o sí quería meterme de voluntaria de hospital de la Asociación Española Contra el Cáncer». María Martínez, después de ser tratada en Madrid por un cáncer, decidió ayudar a los que, como ella, están pasando por dicha enfermedad. «Yo tuve suerte porque me acompañaron mi familia y mis amigos y no necesité demasiado apoyo moral durante el proceso, pero conozco muchos pacientes que allí lo tuvieron y estaban encantados» con esa ayuda.

María asegura no haber tenido miedo: «Lo veo de otra forma, yo solo sentía unas ganas de vivir inmensas. Como era algo desconocido para mí, me lo tomé como una aventura, un reto que superar. No suelo contárselo a los pacientes que visito, a no ser que pregunten o yo vea que tienen mucho miedo, para animarles y que vean que se puede salir».

Tanto ella como muchas otras voluntarias de hospital y colaboradoras de la AECC se dieron cita esta semana en el hotel Tryp Rey Pelayo para celebrar su tradicional merienda anual. La presidenta de la junta local de la asociación, Carmen Artime, resaltó que «ellas nos dan todo a cambio de nada, son el principal activo, qué menos que organizar esta merienda para compensarles, de algún modo, su labor». Insistió en la necesidad de «captar más voluntarios, sobre todo más hombres y más jóvenes, pues la mayoría se está haciendo mayor y hay que pasar el testigo a personas con nuevas ideas que aporten otras perspectivas».

En el evento, al que acudieron más de setenta personas, estuvo la presidenta provincial, Margarita Fuente, que presentó a la será desde ahora la coordinadora de voluntariado, Mónica Díaz. «Queremos cuidar al personal de la asociación formándoles lo mejor posible para añadir nuevas técnicas en sus tareas diarias. Nos dedicamos a prevenir, a informar a acompañar y, además, desarrollamos una labor psicosocial», explicó Fuente.

Medir el sufrimiento

Otra de las voluntarias hospitalarias que acudió a la merienda de la asociación fue Begoña Iglesias. Lleva ya cuatro años dedicándose a visitar y animar a los pacientes y lo que le llevó a realizar dicha función fue «el fallecimiento de mi madre, de mi padre, de mi hermano y de mi mejor amiga en cinco años», desveló. «Vi la necesidad que los enfermos de cáncer necesitan: compañía, abrazos, apoyo... Normalmente hablamos de lo que ellos quieran, a veces son conversaciones banales, pero otras muy profundas, depende de cómo se despierten ese día», dijo Iglesias.

Una de las experiencias más duras que ha vivido como voluntaria fue con un profesor: «Él no daba crédito de lo que le estaba pasando ni de cómo había llegado a esa situación solo por tener dolores de cabeza. Iba perdiendo facultades, la movilidad, el habla. Teníamos tantas conversaciones que, luego, cuando ya no podía ni hablar, nos entendíamos con la mirada. En dos meses se lo llevó». «Hay que aprender a medir el sufrimiento para no llevártelo a casa», indicó.