«¿No se nos ocurre nada mejor que hacer fiestas en el campus? Prefiero un parque empresarial»

Juan Carlos Campo, ante el panel de resumen del ambicioso plan de calidad que está aplicando la EPI. / CAROLINA SANTOS
Juan Carlos Campo, ante el panel de resumen del ambicioso plan de calidad que está aplicando la EPI. / CAROLINA SANTOS

Juan Carlos Campo, director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón: «Pese a que no tiene competencias universitarias, sin el Ayuntamiento este campus no existiría»

OLGA ESTEBANGIJÓN.

Está tan seguro de sus argumentos que tan solo dos veces durante la entrevista necesita parar unos segundos para pensar bien las palabras. Y eso que no rehúye ninguna pregunta, ninguna polémica. Será la experiencia de dirigir el mayor centro de la Universidad de Oviedo, de tener que avanzar con pocas ayudas, lamenta, de quien más tendría que ofrecerlas, o de tener cada vez más una completa visión de la institución, sus aciertos, fallos y oportunidades. Juan Carlos Campo (Gijón, 1970), director de la Escuela Politécnica de Ingeniería, habla de todo y de todos.

-Hemos conocido estos días las notas de corte y solicitudes de los grados y ha quedado demostrado el interés por Organización Industrial por el que tanto peleó.

-No nos sorprende. Tenemos una historia y sabíamos cuál era la demanda, aunque no se trataba solo de hacerlo por los alumnos, sino por las necesidades del entorno socioeconómico. Lo único que nos sorprendió en este proceso es que surgieran dificultades. Este grado podría haber estado ya el año pasado si no hubiera sido por la intransigencia de la Dirección de Universidades.

-La demanda del resto de ingenierías ¿está estancada?

-Sí, lo cual es un mal dato. En España cayó la demanda de las ingenierías en los últimos diez años.

-¿Por qué?

-Son tendencias globales, que están generando preocupación a nivel mundial. En el futuro, titulaciones de este ámbito van a ser claves en nuestro desarrollo y se van a necesitar muchos puestos de trabajo, y sin embargo decrece la demanda del alumnado.

-Usted había planteado también otros cambios para adaptar las titulaciones.

-En esta Universidad y en todas estamos en crisis, no en sentido negativo, sino en el de transformación. Desde la entrada de los medios digitales se ha incrementado la competencia entre universidades, la movilidad, el modelo de grado y máster, la competencia de universidades extranjeras y de las privadas. Frente a esto, hay muchas cosas que hacer. Lo primero, entrar en el juego de la competencia. No podemos sentarnos a esperar que los alumnos llamen a la puerta.

-¿Hay que salir a buscarlos?

-Sí, y para eso hay que tener bajo el brazo cosas interesantes. Hay que tener el apoyo del entorno social, económico y político. Y hay que diversificar la oferta formativa a un coste razonable. Hay que ir transformando los estudios. Este curso, por ejemplo, tratamos de introducir una modificación en Ingeniería Eléctrica para enfocarlo a Energías Renovables, a coste cero. Todavía nos llama la atención que surgieran reticencias por alguna parte.

-¿También?

-Sí, del mismo sitio. Parece insólito... Vamos a dejarlo en que surgieron reticencias, cuando lo que tendrían que surgir son palmadas. Lo dicho, hay que flexibilizar la oferta. Se está hablando de mecanismos que permitan dar más libertad al alumno para configurar sus estudios.

-Hablábamos de los títulos. ¿Habrá Ingeniería de Datos en 2020?

-Depende de muchos factores, no solo de nosotros, de que se apruebe en la Universidad, de que políticamente se vea un título importante para el desarrollo de nuestra comunidad. Requiere del compromiso de muchos agentes.

-Y con las reticencias que dice que ha habido en otros casos, ¿cree que existe ese compromiso?

-Las sensaciones son buenas. Nosotros hemos elaborado un muy buen programa de estudio.

-Recordemos las cifras de la EPI.

-Ocho grados, cinco másteres universitarios que se gestionan desde la Escuela y otros cinco que se imparten aquí, varios títulos propios que se imparten aquí también. Dan clase más de 400 profesores y hay unos 3.000 alumnos. Cada año sacamos unos 500 ingenieros.

-Las cifras dejan claro que es el centro más grande de la Universidad de Oviedo. Pese a ello, se ha hablado históricamente del 'maltrato' de la EPI. ¿Ha cambiado?

-Este campus no surgió porque la Universidad tuviera aquí una apuesta estratégica. Surgió, de hecho, en contra de la propia Universidad, gracias al apoyo ministerial y municipal. Esa es la realidad. Hubo que ganarse siempre un puesto, la Universidad desgraciadamente nunca vino a repartir.

-¿Y eso se arrastró?

-Sí, y sigue estando presente. Hemos conseguido un puesto en la Universidad... Pero tenemos que demostrar todos los días que nos lo merecemos, y otros no. El rector actual... no nos ha puesto palos en las ruedas, lo cual ya es... También ha pasado con Mieres. Creo que este rector ha mirado más allá de la Universidad de Oviedo en Oviedo, algo que históricamente no ha sido la tónica. La ventaja es que nosotros aprendimos a movernos, siempre con mucho apoyo municipal, clave en el desarrollo de este campus. No tiene competencias universitarias pero sin el Ayuntamiento, este campus no existiría.

-¿Por eso se nos resiste el grado de Deportes?

-Es curioso. Dígase lo que se diga, la decisión de si se pone y dónde se pone tiene una componente más política que académica. En 2002, la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso pidió la titulación y en 2003 se acordó entre Juan Vázquez y Areces ponerla en la Laboral. Pueden surgir dudas, yo las tengo, sobre si en la situación actual compensa su implantación, igual que en su momento quedaron en el olvido Arquitectura o Periodismo. Pero, dicho esto, si alguna vez se pone ese grado, póngase donde se ponga, será gracias al empuje de Gijón.

-Pero no es su batalla.

-No, pero conviene recordar cómo se llega aquí. Lo más absurdo de esta historia es que cuando esta titulación ya no estaba en la agenda de nadie, Padre Ossó dice que la quiere. Pues muy bien, que la ponga. Y llega a un acuerdo para que sea en Mieres. Y aquí parece que no hay línea propia y que surgió el interés porque alguien se habían interesado antes. Demuestra que no hay un proyecto propio.

-También se nos resiste la residencia de estudiantes.

-Es una demanda histórica y es, ante todo, un problema de la Universidad de Oviedo. Y vuelvo a decir lo mismo: desgraciadamente, la Universidad de Oviedo no miró para la residencia de Gijón. Eso sí, está muy satisfecha con que tiene tres en Oviedo y una en Mieres. Y tuvo que ser el Ayuntamiento, otra vez, el que ante la pasividad de la Universidad tomara las riendas. La situación ahora no es para ser optimistas. Y si fracasa, esperemos que no cesen los esfuerzos municipales. Y digo municipales porque sabemos que va a ser el aliado que tengamos. Si perdemos ese aliado, olvidémonos.

-¿No espera ya el apoyo de la Universidad?

-No es que vaya en contra, pero siempre estuvo de perfil. A la vez que gastaba dinero en abrir las residencias de Altamira y la América en Oviedo. Aquí no gastó un duro.

-Habla del aliado municipal. ¿Ha tenido ya ocasión de hablar con la alcaldesa? ¿Hay sintonía?

-Sí, tuve ocasión. Creo que se abren oportunidades de futuro con la nueva Corporación municipal. Hablo de toda la Corporación porque en nuestro caso no hay fisuras y no nos gustaría que las hubiera nunca.

-En lo que sí hay división es en la convivencia del campus con fiestas varias. Incluso puede que vuelva la Semana Negra. ¿Qué opina?

-Digo lo que siempre he dicho y ya he trasladado tanto al rector como a la alcaldesa. A mí personalmente no me gusta que se haga ahí ni el Circo de los Horrores, ni el Gijón Life ni la Semana Negra. Tenemos una parcela valiosísima, situada en el mejor sitio de Gijón, bien comunicada, un patrimonio imponente. Tener fiestas no nos da ningún valor añadido. Lo que me gustaría ver son cosas que nos den valor añadido como Universidad.

-¿Como qué?

-Podría ser la residencia o un polideportivo o, lo que más me gustaría ver a mí, eso plagado de empresas relacionadas con la investigación, reflejo de la colaboración entre la Universidad y el Parque Científico. Esa parcela podría convertirse en una máquina de hacer dinero.

-¿Un parque empresarial?

-Podría ser. Hay ejemplos en otros sitios. Los alumnos cada poco me piden permiso para hacer ahí una fiesta para el viaje de estudios y les digo que no. No por las molestias que generen, sino porque si nosotros convertimos eso en un espacio de fiestas, espacio de fiestas va a ser. Me gustaría ver ahí otras cosas. Pero, dicho esto, si se celebra lo que se celebre, tendremos una actitud de colaboración para que se haga en las mejores condiciones, como se ha hecho el Circo de Los Horrores o el Gijón Life. Lo que ocurrió hace ocho años fue un dislate completo. Pero es que mucha gente no sabe lo que es la Universidad hoy en día... Creen que ahora estamos de vacaciones. No. Ahora la gente está trabajando a pleno rendimiento en la tarea investigadora, que es la principal. Y hubo un desprecio por esa labor, que generó mala sensación. El tema se enconó y espero que no vuelva a suceder. Pero es que ni siquiera se trata de las molestias. Es que, con lo que tenemos ahí, ¿a nadie se le ocurre nada mejor que eso?

-¿Es viable la propuesta del parque empresarial? ¿Hay dinero?

-Muchas veces no es cuestión ni de presupuestos. Se trata de proyectos de futuro, de financiar cosas razonables. Hay ejemplos en otros sitios del mundo, donde las empresas se matan por estar y son fuente de ingreso para la Universidad. Pero no puede ir por libre, necesita apoyo municipal y autonómico. Igual que la sintonía con el Ayuntamiento es total, esa sintonía debería haberla entre el Principado y la Universidad, exactamente la misma.

-¿Y no la hay?

-No veo la misma. En una comunidad con solo una Universidad, la institución y el Principado deberían funcionar como dos engranajes solidarios.

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