Las esculturas del Jardín Botánico, en estado ruinoso

'Érase una vez un árbol'. Junto al río Peñafrancia, sin tablones y comida por el verdín. La autora quería que funcionase como una pieza viva, hacerla portátil y habitable, emulando el sueño de todo niño. /
'Érase una vez un árbol'. Junto al río Peñafrancia, sin tablones y comida por el verdín. La autora quería que funcionase como una pieza viva, hacerla portátil y habitable, emulando el sueño de todo niño.

Las obras de Fernando Sinaga y Carmen Cantón, instaladas en 2006, están sumidas en el abandono. Divertia dice que las reparará este año

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

'Viomvo' y 'Érase una vez un árbol' no han tenido una vida fácil. Las esculturas de Fernando Sinaga y Carmen Cantón instaladas en Los Pericones a finales de 2002 y trasladadas al Jardín Botánico en 2006 han pasado de las agresiones al más absoluto abandono, que les da actualmente un aspecto ruinoso. En su etapa inicial, la obra de Sinaga sufrió roturas de sus planchas de vidrio mientras la de Cantón sirvió de vivienda a vagabundos (lo cual contentaba a la artista) y fue objeto de numerosas pintadas. Con su traslado al Botánico se pretendió preservarlas. Sin embargo, una vez en el recinto, ubicadas en la aliseda próxima al Peñafrancia y sin mantenimiento alguno en todos estos años, han quedado sumidas en el olvido y presentan roturas de tablones, mohos, malas hierbas, suciedad y unas maderas, de teca y roble, que han sido presa de la intemperie.

«Es una dejadez increíble. 'Érase una vez un árbol' nació como un proyecto para darle vida, convertirla en un museo portátil, organizar actividades educativas como un organismo que crece... y mira cómo está», lamenta la ovetense Carmen Cantón. «En los últimos años, he contactado con todo el mundo. He escrito a Raquel Huergo a la Fundación Municipal de Cultura. Hablé con Jorge González-Palacios, de Divertia. Hablé con la primera directora del Botánico, Ana Casino; hablé con la actual jefa de mantenimiento, Susana Noriega; hablé con el jefe del Botánico, Pedro Avello. Y todos se pasan la pelota unos a otros, eso cuando me contestan», lamenta la artista, quien dice asistir con sumo dolor al desmoronamiento de su obra, por la que asegura haber recibido el interés del botánico de Madrid y el centro de creación contemporánea Matadero Madrid.

Fernando Sinaga, zaragozano afincado en Salamanca, donde ejerce su magisterio en la Facultad de Bellas Artes, expresaba ayer su resignación. «Esto es una batalla perdida, una cuestión de educación. Es como si compras un buen coche y a los quince días lo abandonas. No tiene sentido, ¿verdad? La pieza es patrimonio de Gijón, pero si la quieren abandonar no puedo hacer nada más que mostrarme dolido. Es una lástima», reflexionaba el prestigioso escultor, quien apunta que bastaría un tratamiento con aceite para la teca y un cuidado periódico de sus vidrios. La idea, rememora, era «dar a ambas piezas un aire emboscado, pero no que se las comiera la vegetación».

En fase de inventario

El gerente de Divertia, Jorge González-Palacios, recordó ayer, a preguntas de EL COMERCIO, que la vocación de ambas esculturas es «estar al aire libre», con la erosión que ello supone. Reconoció, sin embargo, el actual deterioro derivado de la falta de mantenimiento, una situación que, aseguró, se resolverá este año una vez finalizado un inventario que, dijo, se está realizando sobre todos los elementos del Botánico con algún tipo de valor artístico. A finales de 2018, recordó, se actuó en la remodelación del belén viviente del Ponticu. Y en los próximos meses, de forma paulatina, «se hará con estas obras».