Fallece a los 86 años Eduardo Berbes, el cura apuñalado en el altar en Pumarín en 1998

Fallece a los 86 años Eduardo Berbes, el cura apuñalado en el altar en Pumarín en 1998
Eduardo Berbes. / M. ROJAS

El párroco riosellano recibió cuatro cuchilladas de una enferma mental mientras oficiaba un funeral en la parroquia de San Miguel

O. SUÁREZ GIJÓN.

Cuando Eduardo Berbes celebró en 2007 sus bodas de oro como sacerdote sus feligreses, los de la parroquia de San Miguel de Pumarín, le colocaron en la fachada del templo una pancarta que rezaba: «Gracias por ser como Jesús». A don Eduardo le querían todos, creyentes o no. Ayer murió a los 86 años, después de una vida dedicada a Dios y a los demás, no exenta de dificultades.

Allí mismo, en la iglesia de Pumarín, estuvo a punto de morir el 23 de marzo de 1998 cuando una mujer lo acuchilló en el altar en mitad de un funeral. La atacante sufría esquizofrenia paranoide. Le asestó cuatro cuchilladas que le provocaron al párroco graves lesiones. Estuvo ingresado durante semanas, pero se recuperó y lo primero que hizo fue volver a su casa, a San Miguel, y perdonar a quien casi le arrebata la vida.

No fue el único golpe que le vino dado. En abril de 2006, el autobús en el que viajaba el grupo de scouts de la parroquia sufrió un grave accidente en Lena a su regreso a Gijón de un campamento. Murieron cuatro personas y otras 29 sufrieron lesiones de diversa consideración. Don Eduardo fue el pilar en el que se apoyaron, guiados por su fe, para superar el fatal quiebro del destino a la que se enfrentó la comunidad educativa y religiosa.

Originario de Ribadesella, Eduardo Berbes tomó los hábitos el 6 de abril de 1957. Su labor pastoral y su entrega al pueblo quedó patente en las parroquias de sus primeros destinos; Grado, Candás, Belmonte de Miranda, Carbayín y desde allí a Pumarín a principios de los 90. Durante el homenaje por sus 50 años de sacerdocio, don Eduardo tuvo momentos de agradecimiento para «sus padres, los formadores del Seminario y para todos los que me apoyaron a lo largo de todos estos años», decía.

«Don Eduardo siempre estuvo al lado de los parroquianos y participando activamente de todas las actividades del barrio. Ha sabido hacerse un hueco, sobre todo, porque es muy buena persona», comenta una feligresa.

Mañana, funeral en San Pedro

Su capilla quedó ayer instalada en la sala 1 del tanatorio de Cabueñes. El funeral en su memoria se celebrará mañana, a las 13 horas, en la iglesia parroquial de San Pedro. Hoy se celebrará un responso a las 11.45 horas en el cementerio de Ribadesella, de donde era originario y donde mostró su voluntad de descansar.

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