«La heladería Islandia era su vida»

«La heladería Islandia era su vida»
Remedios Rodríguez, en la heladería Islandia. / FAMILIA NOVAL RODRÍGUEZ

Fallece Remedios Rodríguez, fundadora del popular negocio de la calle San Antonio

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

La heladería Islandia abrió sus puertas en la calle San Antonio en 1958 con tres protagonistas principales; el matrimonio formado por Remedios Rodríguez y Kiko Noval y el tío de éste, Perfecto, conocido por todos como 'El Cubano', quien decidió el nombre por aquello de que el país nórdico está asociado al hielo. La muerte de Reme, ayer, a una edad inconfesable -«siempre fue muy guapa y muy presumida», confesaba su hija Úrsula-, cerraba un círculo en torno a un negocio, popular por sus helados de cabrales, fabes y sidra, que, simplemente, «fue su vida».

Remedios Rodríguez nació en San Pedro (Siero), adonde se habían trasladado sus padres, Manuel y Sabina, procedentes de Lavandera. Fue la pequeña de ocho hermanos, «la mimada», y creció en torno a un floreciente negocio familiar que aunaba carpintería, llagar y bar, El Taller, famoso en su día por sus callos y su bacalao. Cuando Reme se casó con Kiko Noval vivió unos tres años en la casa paterna y, transcurrido este tiempo, se trasladaron a Tuilla (Langreo), de donde era su marido. Allí tenía una panadería un tío de este, Perfecto, 'El Cubano', que ampliaron, entre los tres, a confitería y heladería. Estaba justo frente a la estación de tren y allí, con las enseñanzas de unos amigos italianos, empezaron a elaborar los clásicos helados de limón, mantecado, chocolate, así como un caldo especial, un granizado, que tuvo gran predicamento entre los grupos de cazadores, algún restaurante de Gijón y los condes de Rodríguez San Pedro, entre otros.

La cosa iba viento en popa, pero el matrimonio tenía dos hijos, Pepu y Úrsula, y en Tuilla no había escuela. Así fue cómo decidieron alquilar su floreciente negocio, que más tarde traspasarían, y trasladarse a Gijón. Aterrizaron en la calle San Antonio y ya no se moverían nunca de allí. Reme y 'El Cubano' se ocuparon del mostrador mientras Kiko fabricaba los helados a la antigua usanza: cocinar, enfriar y pasar a la máquina heladora, una innovación que solo pudieron importar de Italia gracias a la mediación de los condes de Rodríguez San Pedro. Los helados enseguida triunfaron en verano mientras en invierno ofertaban chocolate con churros. Así pasaron los años sesenta y setenta, con un negocio próspero y una clientela de barrio totalmente fiel, que era «como de la misma familia». En los ochenta, la segunda generación, formada por Pepu y Úrsula, aportaría una importante revolución al negocio. Fue Pepu quien decidió innovar e incorporar los sabores de cabrales, fabada, sidra o arroz con leche que se harían mundialmente famosos.

Feliz en el mostrador

En 2002 falleció Kiko. Se rompía una tradición, pues su hijo Pepu los recogía cada mañana en la calle Numa Guilhou, donde acabaron viviendo, para pasar toda la jornada laboral en la heladería. Pero Reme, ya viuda, siguió yendo hasta que, hace seis años, se le hizo necesaria la silla de ruedas. Hasta la víspera, no faltó en el mostrador, en animada tertulia diaria con la familia y los clientes. Luego fallecería su hijo Pepu, en 2016, un mazazo que prefirieron no decirle.

Hoy, al frente de la heladería Islandia está la tercera generación, con Iván, hijo de Úrsula, a la cabeza. En los genes pervive la innovación. Este año, de su ingenio han surgido varias novedades: unos polos de frutas naturales, tartas de queso azul o de requesón con mango y helado de asturcilla (nocilla a la asturiana). Sabores que, a buen seguro, alumbrarían una última sonrisa a su abuela, esa guapa, afable y presumida mujer que se ha ido discretamente sin ni siquiera confesarnos su edad. Hoy, a las 17.30, le darán el último adiós en la capilla del tanatorio Jardín de El Lauredal.