Fernando Fueyo pide la jubilación después de 35 años al frente de San Nicolás de Bari

Fernando Fueyo pide la jubilación después de 35 años al frente de San Nicolás de Bari
Fernando Fueyo. / J. PAÑEDA

El párroco quiere dar un paso a un lado tras décadas dedicado a la parroquia de El Coto y al Sporting, del que es capellán honorífico

Ó. PANDIELLO GIJÓN.

El párroco Fernando Fueyo (Gijón, 1937), vinculado a la parroquia de San Nicolás de Bari desde 1983, ha pedido al arzobispado dar un paso a un lado. Aunque Jesús Sanz Montes todavía no ha dado luz verde a la petición, la intención de Fueyo pasa por jubilarse. Las décadas de servicio a El Coto pesan y considera que es momento de dar el relevo.

La despedida de Fueyo supondrá una pérdida irreparable para los vecinos de El Coto, que tuvieron en la figura del sacerdote a un referente desde que, a principios de los 80, se hiciera cargo de la recién creada parroquia. Natural de Gijón, el camino de Fueyo estuvo ligado con la fe desde el primer momento. No en vano, su padre fue un hombre profundamente creyente, algo que motivó a su hermano mayor a hacerse sacerdote y, a su hermana menor, monja.

Después de diez años dedicados a los estudios, Fueyo fue destinado a La Felguera como coadjutor. Allí vivió una época tan convulsa como la de la 'Huelgona del 62', en la que tuvo que oficiar los funerales por varios mineros. Años después sería destinado al Seminario Metropolitano de Oviedo, donde permaneció cinco años impartiendo clases de Filosofía.

Su siguiente etapa estuvo ligada a la misión. A principios de los 70, Fueyo decidió desplazarse a Ntita, en Burundi, para trasladar el Evangelio a África. Unas tierras que haría suyas a través de once años de trabajo y solidaridad. «Me fui de allí llorando», reconoció hace unos años en una conversación con EL COMERCIO. Le esperaba San Nicolás de Bari, una parroquia que creció con los años al mismo tiempo que su sacerdote.

Pasión rojiblanca

Además de ejercer como arcipreste de Gijón, otro de sus cargos más conocidos es el de capellán del Sporting. Durante años fue fijo en el vestuario rojiblanco y, todavía hoy, mantiene la visita anual a la Santina para pedir fuerza y suerte a los gijoneses. Su pasión como sportinguista la lleva tan dentro como la fe y con ella seguirá durante muchos años más.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos