«Ike forma parte de los mejores años de mi vida»

Foto de familia de las trabajadoras junto a Enrique López, fundador de la empresa, minutos antes de comenzar la comida en el hotel NH. / PALOMA UCHA
Foto de familia de las trabajadoras junto a Enrique López, fundador de la empresa, minutos antes de comenzar la comida en el hotel NH. / PALOMA UCHA

Las antiguas trabajadoras de Confecciones Gijón celebran una emotiva comida con su fundador, Enrique López, de 97 años | El encuentro, surgido a raíz de una entrevista en EL COMERCIO, se produjo 29 años después del traumático cierre de la compañía textil

PABLO SUÁREZGIJÓN.

Llegaron en grupos, vestidas de gala y con la ilusión que solo da el reencuentro. Los ojos, algunos visiblemente empañados, reflejaban a la perfección la tranquilidad de quien consiguió perdonar lo sufrido y transformar lo vivido en agradecimiento. Seguramente no habrá sido fácil para muchas de ellas, pero el aplauso que las antiguas trabajadoras de Confecciones Gijón brindaron ayer a quien fuese el propietario y fundador de la mayor empresa textil de la ciudad, Enrique López, constató el cierre de una herida que se remonta a 29 años atrás, cuando en una controvertida decisión, casi 300 mujeres perdieron su puesto de trabajo. «Cuando me enteré del cierre, no pude más que echarme a llorar», recuerda Cheres López, una de las jóvenes que por aquellos años daban sus primeros pasos en un mercado laboral todavía reticente al género femenino.

Una entrevista de López en EL COMERCIO puso la primera piedra para el reencuentro que ayer cristalizó en una emotiva comida, con el hotel NH como escenario de lujo. A la cita asistió buena parte de la plantilla que logró convertir la empresa, y más concretamente la marca de camisas IKE, en el más fiel reflejo del éxito. «Es un día especialísimo. Para mí fueron mi segunda familia», acertó a decir el fundador de la empresa, visiblemente emocionado por el recibimiento y quien a sus 97 años mantiene intacto el recuerdo de aquella época. «Fueron, sin duda, los mejores años de mi vida», aseguró contundente.

«Tenía muchos detalles»

En esta afirmación coincidían también sus trabajadoras. «La empresa era como una familia. Me costó mucho asimilar el cierre», concedió Mari Carmen García, quien trabajó en Confecciones Gijón durante 26 intensos años. «Para mí, los años que trabajé en Ike fueron los mejores de mi vida. Era una empresa familiar y una familia», confiesa a su vez Carmen Bardio, antigua empleada en el área de contabilidad.

Todas ellas, sin excepción, destacan los valores y la cercanía de los jefes, a quienes exculpan del duro desenlace. «El ambiente era muy agradable. La empresa tenía muchos detalles con nosotras. Me acuerdo que cuando iban a París nos traían muestras, nos organizaban cenas... Vivimos muy mal el cierre. Todos los que conocíamos tuvieron que marchar y quedamos con unos señores que puso el Principado con los que la relación no fue la misma», explica, coherente, María Luz Bardones.

Ese, el del cierre, es el único lunar de una historia que, como todas aquellas que baña el éxito, se cimentó sobre una gestión cercana, familiar e igualitaria. Ayer, un aplauso dejó claro que Ike continúa de moda.