Gijón abre el primer centro del país en detección precoz de autismo en bebés

Gijón abre el primer centro del país en detección precoz de autismo en bebés
Raquel Camero analiza en su monitor la respuesta cerebral de Valeria, sentada sobre su madre y vigilada por Gloria Acevedo, a los estímulos que le llegan desde otra pantalla. / FOTOS: CAROLINA SANTOS

Adansi evaluó y trató ya 105 casos en sus locales de La Calzada a la espera de las obras de la futura sede en las escuelas de Castiello

CHELO TUYA GIJÓN.

Valeria está muy tranquila. A sus seis meses, no parece importarle el barullo de voces y cámaras que la rodean. Está sentada sobre las piernas de mamá ante un televisor, con lo que nada puede ir mal. De repente, en la pantalla aparece una joven que la llama, le lanza besos o le canta antes de dar paso a coloridas y musicales animaciones. Todo lo que mira Valeria es captado por un monitor que controla Raquel Camero, logopeda experta en autismo y en la técnica 'eye tracking', desarrollada por el psicólogo estadounidense Ami Klin. Unos puntos rojos en su pantalla sobre la imagen que ve la bebé le indican a Camero que Valeria distribuye su atención a la perfección entre todos los elementos que le muestran. Unos puntos rojos que certifican que la hija de Elena y la nieta de Olga, quienes observan con atención todo el proceso, no tiene Trastorno de Espectro Autista (TEA).

Valeria es uno de los 105 bebés que, desde septiembre pasado, han visitado el único centro del país especializado en detección de autismo en bebés. El que Adansi tiene abierto en Gijón y que financia este programa pionero, dedicado a diagnóstico y tratamiento de bebés, con los fondos de la Fundación Trapote. El convenio entre esta entidad, que preside la Alcaldía gijonesa, y Adansi incluye la rehabilitación de las antiguas escuelas de Castiello.

La Fundación Trapote financia este equipo único en el país para descubrir la patología

Mientras arrancan esas obras, previstas ya para 2017, pero sin iniciar por diferentes problemas burocráticos, Adansi decidió adquirir el equipo tecnológico necesario para iniciar este programa de detección, «porque el convenio, en principio, es por cuatro años» y «empezar a trabajar, puesto que cuanto antes se diagnostique el TEA y se ofrezca la terapia adecuada a los bebés, mayores logros se obtienen». Así lo aseguró a EL COMERCIO la presidenta de Adansi, Carmen de la Rosa. La directora del programa, la psicóloga Gloria Acevedo, certifica que «en cuanto hay sospecha de alteración, hay que comenzar a trabajar. Lo ideal es hacerlo a partir de los seis meses y no a los dos años, como nos llegan ahora».

Hasta el momento, lograr un diagnóstico TEA en la sanidad pública no llega hasta, como pronto, los 18 meses. Cuando los pediatras realizan el denominado test M-Chat, con 23 preguntas que sirven para identificar rasgos TEA. «A partir de ahí, tienen que pasar por la unidad de atención temprana, que tiene lista de espera y luego llegan a nosotros», lo que supone encontrarse con bebés con dos años cumplidos o más «sin la atención especializada que necesitan».

Aprender a imitar

Dicha atención consiste, según explica Acevedo, en activar «su circuito de imitación», uno que no funciona en un cerebro TEA. «En las pruebas que hemos hecho con bebés que sí tienen trastorno se ve claramente cómo su mirada no sigue las imágenes que le mostramos en la pantalla. No atiende a estímulos. Se fijan en algún detalle concreto y no van más allá», señala.

Más de la mitad de los 105 bebés que han pasado por este programa desde octubre han recibido ese diagnóstico, una tasa que supera la prevalencia del autismo, que está en un caso por cada 88 nacimientos. «Pero es porque hemos distribuido el programa en tres grupos: el de bebés con diagnóstico previo, el de los que tienen riesgo familiar y, finalmente, uno de control».

Entre los casos analizados en el último cuatrimestre de 2018 y los iniciados ya en 2019 son 48 los bebés integrados en el grupo con diagnóstico previo. En el que analiza a los que tienen riesgo familiar, por tener algún pariente con diagnóstico TEA, participaron 16 bebés, de los que tres padecen el trastorno. El gran descubrimiento lo conforman esos tres casos detectados en el grupo de control, formado bebés que, a priori, no tenían ningún problema en su desarrollo. «En los analizados el año pasado, aparecieron dos casos. En lo que llevamos de 2019, uno».

Menos pictogramas

Acevedo entiende que el programa «ha demostrado una efectividad del 95%», pero defiende que tanto o más importante es «el modelo de intervención que tiene una fundamentación neurológica». Una atención especializada que no está basada en pictogramas, «sino en ayudar al bebé a aprender a imitar», lo que es posible lograr «si comenzamos a trabajar cuando tienen seis meses».

Por ese motivo, Adansi trasladará al Principado la necesidad de que «nos deriven a los bebés nacidos en todas las áreas sanitarias. Un diagnóstico precoz es clave y con este dispositivo es posible hacerlo», asegura Acevedo, quien recuerda el caso «de una bebé que nos llegó con doce meses con un claro TEA. Hoy, que tiene treinta meses, ya nadie lo diría».

No quiere hablar de cura de una patología, pero sí «de grandes mejoras». Para ello, De la Rosa insiste en que «es necesario un tratamiento especializado. Si tenemos un problema cardiológico no vamos a Digestivo».

La presidenta de Adansi reitera su especifidad:«Somos los únicos, porque en Burgos tienen este mismo equipo, pero solo para investigación». Único que no es sinónimo de estar solo, pues Adansi cuenta «con el apoyo de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Oviedo y del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) a través del servicio de Medicina Física y Rehabilitación y las unidades de Otoneurología y Neuropediatría».

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