Cines, teatros y salones de variedades en Gijón

Cines, teatros y salones de variedades en Gijón

En la década de 1960 llegaron a coexistir 26 cines, además de varias salas como los hogares del productor y la Casa Sindical

RAFAEL SÚAREZ MUÑIZ

Gijón fue antaño una ciudad de cine. Robledo, María Cristina, Arango, Avenida, Goya... Hasta 26 salas llegaron a coexistir en la década de 1960, además de otros espacios que se empleaban para la proyección de películas. Un hecho que contrasta, y mucho, con la sequía cinematográfica actual. De todo esto habla el libro 'Cines, teatros y salones de variedades en Gijón (1896-2018)', que este jueves, a las 19.30 horas, se presenta en la antigua Escuela de Comercio.

En la investigación se ha seguido una metodología de connotaciones académicas y científicas, lo que le confiere un rigor y seriedad digno de ser referencia entre las publicaciones municipales. El conocimiento del fenómeno cinematográfico partió de un inicial y arquetípico vaciado bibliográfico de toda la literatura existente sobre cines en este país. El mayor esfuerzo investigador se centró en las fuentes documentales primarias de archivos municipales, regionales y nacionales. El hallazgo de las fechas de inauguración y de cierre fue tarea hemerográfica. La hemeroteca de EL COMERCIO, como se verá a lo largo de las 208 páginas, ha sido un pilar fundamental. Los testimonios orales han sido también elementos sustentantes y reveladores. El último paso y una de las cuestiones diferenciales ha sido la ulterior representación cartográfica.

El marco geohistórico es el límite municipal de Gijón desde la llegada del cinematógrafo hasta la actualidad. Es el primer libro en España que aborda el estudio de todos los espacios de proyección cinematográfica en un municipio.

Otro rasgo diferencial es haber dado con fotos de todos y cada uno de los cines que existieron en el municipio, a través de fototecas como la del Archivo Municipal y el Museo del Pueblo de Asturias, así como las notables aportaciones de particulares como Alfredo Jiménez.

Todo empezó en el Jovellanos

El guion queda estructurado arquitectónica, cronológica y geográficamente según la evolución de las morfotipologías de los cines. Por ello se identifican los periodos: las primeras proyecciones en Asturias en agosto de 1896 en el teatro Jovellanos; la ambulancia asociada a las ferias estivales de los cines-barraca (1899-1903); el establecimiento físico permanente de los cines-pabellón (1903-1917); el modelo especializado definitivo de los edificios-cine (1917-1979); los multicines de manzana alojados en bajos comerciales; los posteriores multicines alojados en la última planta de los centros comerciales, y el autocine. Gijón es un caso paradigmático en todo el panorama nacional por muchos motivos. Aquí se proyectó por vez primera en un teatro. Sin los avances en la arquitectura y la talla de nuestros sobresalientes arquitectos no habría habido la calidad y cantidad de cines que hubo en esta ciudad.

El cine, como formato, estaba incluido en el Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas por varias razones. Los cines-barraca no eran más que tendejones a dos aguas cubiertos por lonas de plástico. En el interior se hacinaban cientos de personas en una suerte de sillas de madera y bancos; el proyector estaba entre el público y era de chispa de carbono accionado por un motor de petróleo enchufado al tendido eléctrico del paseo de Begoña. El calor y el olor dentro de aquel invernadero lo convertían en un lugar peligroso. Todo ello unido a la alta inflamabilidad del celuloide. Los cines-pabellón como el Salón Luminoso o el Versalles tomaron la misma pauta ubicacional que las barracas Cinematógrafo Wargraph, Royal Cinematograph o Farrusini.

Los edificios-cine fueron arquitecturas específicas para proyectar cine. Ahora tenían más de una altura, los materiales de construcción y ornato eran mejores, de mayor calidad, más modernos e incombustibles. Desde la construcción del teatro-cine Robledo (1917) se establece esa competencia entre las vanguardias de establecer el mejor cine, el más guapo y el más grande -cada tracista con su rasgo estilístico-, en esquinas y frentes de manzana. Son claros ejemplos el teatro-cine Robledo, el Salón Ideal, el cine Goya y el Hernán Cortés. En Gijón no hay nada más errado que pensar que el cine salió del centro urbano y se extendió a los barrios. Precisamente, esa es una de las singularidades que demuestra este estudio: la asociación Cultura e Higiene, en 1916, llevó a las sucursales de los barrios periféricos un proyector de cine que se intercambiaban. Hubo cine en La Calzada antes de que se edificase El Robledo. El cine se consolidó paralelamente en el centro urbano y en los barrios de oeste aunque ciertamente el presupuesto de los edificios no era el mismo que para el de los céntricos.

Otro tipo, clasificado en función de su temática, fueron los cines parroquiales: como el San Pedro y el FAC, y los colegiales: como la Inmaculada, el Patronato San José, la Universidad Laboral y el Corazón de María. Eran espacios adaptados en casas rectorales o en grandes salones de actos de colegios religiosos y privados. Este estudio, como dijimos, ofrece un detallado inventario de los cines de las parroquias rurales del municipio. Con este libro, podrán conocer que en Somió se proyectó en cuatro sitios y en la parroquia de Vega en tres.

Gijón fue la ciudad media española con mayor número de cines entre las décadas de 1930 y 1940. En los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, Gijón tenía tres teatros (Los Campos, Jovellanos y la Universidad Laboral), que funcionaban como cines, y 17 cines, a lo que cabría sumar todos los espacios de proyección polivalentes. En la década de 1960 llegaron a coexistir 26 cines, sin contar con todos esos espacios de proyección como podrían ser los hogares del productor, la Casa Sindical, el Ateneo Jovellanos, etcétera. Casi en cada calle del ensanche jovellanista había un cine. En definitiva, en su historia, Gijón tuvo cerca de cien espacios de proyección cinematográfica bien distribuidos y hoy solo tenemos unos remotos e incomunicados multicines Yelmo y la original opción del autocine.

Brisamar y San Pedro

Lo que hoy aqueja la ciudadanía es la recuperación de un cine en el centro, la devolución de aquel fenómeno sociológico que era el cine y que favorecía la generación de otros negocios. Los cines formaban parte de la vida de los gijoneses, puesto que eran objeto de su rutina diaria. La gente salía a la calle y en cualquier momento, mientras paseaba, se le ocurría ir al cine porque estaba rodeada de ellos. Era un fenómeno de tal magnitud, que en EL COMERCIO, cuando su edición tenía entre cuatro y seis páginas en las décadas de 1930 y 1940, la cartelera de los cines estaba en la página 2.

Quién no ha oído hablar del multitudinario día familiar en Los Campos. Quién no ha dado un paseo entre Begoña y Corrida acercándose a consultar las carteleras del cine Goya, el Imperio, el teatro Jovellanos, el teatro-cine Arango, el Hernán Cortés, el cine Roma, el teatro-cine Robledo y el María Cristina, siguiendo hacia Álvarez Garaya para ver qué ponían en el Avenida. Tampoco hay que olvidarse que en Cimadevilla hubo dos cines (San Pedro y Brisamar) y en Pumarín otros dos. La Arena nunca llegó a tener un cine ya que Los Campos, el Codema y los Hollywood se situaban justo fuera del ensanche. El Real, El Coto y Ceares tampoco tuvieron cine, al igual que El Llano. Aunque en Ceares y El Llano hubo sucursales de Cultura e Higiene y Hogares del Productor. A día de hoy solo queda recordar, a través de este libro, aquellos gloriosos años de cines y teatros por todo Gijón.

El libro 'Cines, teatros y salones de variedades' es un proyecto editorial encargado por el Ayuntamiento de Gijón, que arrancó hace dos años.

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