Adiós a Javier Mosquera, jefe de Urología de Cabueñes, y a su trabajo «por un mundo mejor»

Funeral de Javier Mosquera en La Milagrosa./Arnaldo García
Funeral de Javier Mosquera en La Milagrosa. / Arnaldo García

La despedida del jefe de Urología de Cabueñes, fallecido de forma repentina, abarrotó La Milagrosa

Aida Collado
AIDA COLLADOGijón

Comenzaba el párroco de La Milagrosa, ante una iglesia llena hasta los topes, recordando las palabras que un día antes había dirigido uno de los desconcertados colegas del jefe de Urología del Hopital de Cabueñes, Javier Mosquera, a la madre de su compañero repentinamente fallecido. «Tiene que estar orgullosa, porque su hijo, además de ser un gran profesional y una gran persona, fue un hombre que se implicó con la sanidad y trabajó para que cada día fuese mejor». Pocas cosas más valiosas podría haber destacado Marcelino Montoto sobre la figura del médico de 58 años, que el miércoles se encontró indispuesto durante una sesión clínica con los miembros de su equipo quienes, pese a su inmediata respuesta, no pudieron hacer nada por salvar su vida.

«La vida de Javier fue relativamente corta», concedió el cura, «pero puso su grano de arena para que el mundo fuera mejor». Lo hacía, en el mismo momento de su muerte, desde el Hospital de Cabueñes. Y «aunque un grano no hace playa, muchos sí».

Por eso, invitó a los presentes a dar las «gracias por los 58 años que vivió con nosotros, gracias por todas las cosas buenas que hizo desde la Medicina».

El párroco se hizo cargo del «gran dolor» de sus seres queridos y, tras la lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, confió en que la familia mantenga «la esperanza». Porque, insistió ante sus desolados amigos, «la muerte no tuvo la última palabra sobre Javier».

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