«Me gustaría volver, pero no lo veo posible a corto plazo si no es con trabajo precario»

José Manuel Antolín (26 años), Verónica Faya (29 años) y Paola Braojos (24 años). / E. C.
José Manuel Antolín (26 años), Verónica Faya (29 años) y Paola Braojos (24 años). / E. C.

Los jóvenes que abandonaron la ciudad en el último año lamentan la escasez de perspectivas de futuro laboral que ofrece Gijón

E. GARCÍA GIJÓN.

Paola Braojos es una de los 2.068 jóvenes gijoneses que a lo largo del pasado año se 'cayeron' del padrón municipal para pasar a formar parte de otra población. Compaginó su último año de estudios de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Oviedo con prácticas en EdP y, tras graduarse en julio de 2017, comenzó a buscar trabajo. «Todo lo que me ofrecían con mi formación y mi experiencia eran becas en las que ni siquiera te daban la opción de quedarte en un futuro», rememora. Por ello, empezó a buscar fuera de Asturias y acabó encontrando una oferta de seis meses de prácticas en Palma de Mallorca. Eso sí, con opción de prosperar. Ya tiene contrato fijo. «Me gustaría y me planteo volver -admite-, pero no lo veo posible a corto plazo en estas condiciones».

En febrero de 2018 se empadronó en Palma, «principalmente por el descuento en vuelos para residentes, que llega al 75%». El de esta gijonesa de 24 años no es el caso más común: a menudo, el padrón municipal sufre un cierto retardo respecto a la realidad y muchos de los jóvenes que estudian o viven fuera tardan, a veces incluso más de un lustro, en hacer efectiva su marcha en el censo.

Es el caso de Verónica Faya, titulada en Publicidad y Relaciones Públicas de 29 años, que hizo las maletas hace cinco y no se empadronó en Madrid hasta el pasado mes de noviembre. No se plantea regresar, al menos próximamente. «En Gijón hay pocas oportunidades. Veo muy difícil entrar en el mercado laboral, pero sobre todo mantenerte, crecer y ascender», justifica. No obstante, sí se ve formando una familia aquí.

Continua diáspora

Más de dos años lleva ya José Manuel Antolín (26 años), graduado en ADE por la Universidad de Oviedo, en Barcelona. En su caso, se trasladó por motivos personales y buscando «cambiar de aires», pero antes había comenzado a trabajar en Gijón.

Desde aquí observaba «una continua sangría» en su grupo de amigos. No encontraban salidas en la región y ahora se han trasladado «prácticamente todos» a Madrid. «Allí está la mayor parte de la diáspora asturiana», lamenta, y apunta: «Creo que todos tenemos ganas de volver a casa, que al final es donde mejor estás. A mí mismo me gustaría hacerlo en el futuro, pero no sé si encontraré un sitio donde pueda continuar mi carrera».

En contexto

Temas

Gijón
 

Fotos

Vídeos