Gijón llora a Rodrigo, estilista y maestro de toda una generación de peluqueros

José Antonio Martínez Rodrigo, en la que fue la peluquería de su hijo en la calle Uría, en 2016. / DANIEL MORA
José Antonio Martínez Rodrigo, en la que fue la peluquería de su hijo en la calle Uría, en 2016. / DANIEL MORA

Muere a los 91 años uno de las personjes más conocidos de la ciudad, que logró levantar de la nada todo un imperio en torno al cabello

MARLA NIETO GIJÓN.

Peinó a familias influyentes como los Figaredo y los Felgueroso; al mismísimo Torcuato Fernández-Miranda; a la Miss España de 1973 e incluso al cinco veces campeón del Tour de Francia Jacques Anquetil, entre otros muchos. A finales de los años 60, se especializó en la modalidad de corte a navaja y, posteriormente, fue el primero en traer a España un innovador sistema de implante capilar ideado en Alemania.

José Antonio Martínez, 'Rodrigo' para todos los que lo conocían, fue un auténtico 'influencer' de su tiempo que sorprendía constantemente a los gijoneses con novedades estilistas traídas de diversas zonas del territorio nacional y de otros países. Gijón se despide de una personalidad que fue capaz de construir de la nada un verdadero imperio de peluquerías y academias de gran calidad. El parragués nacido en 1927 atravesó una infancia complicada, pues se topó de pleno con la Guerra Civil. Al cumplir la edad para realizar el servicio militar, fue destinado a Palma de Mallorca, donde aprendió el oficio de la peluquería gracias a un maestro capilar catalán que le instruyó.

El primer sillón

Una vez que se licenció en Infantería de Marina, volvió a Asturias y se afincó en Gijón con los bolsillos vacíos, donde poco a poco pudo alquilar un sillón por treinta pesetas en la que fue la peluquería de su tío Amable para empezar a desarrollar el oficio. Apuntaba maneras y, con el tiempo, decidió hacerse emprendedor y montar su propio negocio. Cuatro, luego siete y después nueve sillones fueron dando forma a un establecimiento que terminó triunfando. Estaba claro que, a pesar de las palabras que el decano de peluqueros de aquel entonces, Estrada, le dijo en sus comienzos -«debería ser más precavido, pues hay otros peluqueros en la zona y será difícil que vaya a tener mucho trabajo»-, Rodrigo no se iba a rendir y terminaría destacando por encima de todos ellos. Al contrario de las expectativas del decano, el artista del cabello empezó a ser toda una sensación en la ciudad e incluso a aparecer en los periódicos. Un destino muy merecido para una persona que desde pequeño demostró ser responsable con el trabajo, pues tuvo que dedicar su infancia y adolescencia a labores del campo y luego a un taller de serrería donde permaneció desde los nueve años hasta que se fue a la 'mili'.

A la primera peluquería, situada en El Carmen, le siguieron otras a finales de los 60 y principios de los 70 en la calle Corrida, en las avenidas de la Constitución y Argentina y en Menéndez Pelayo, así como en Oviedo y Avilés, donde también abrió una importante academia.

«Nunca me gustaron los postizos, pues los que había entonces se notaban muchísimo y no los quería para mis clientes», explicaba Rodrigo hace tres años en EL COMERCIO. Por eso se decantó por una ténica con la que el terminado «era totalmente natural». Gracias a la peluquería, pudo conocer un sinfín de lugares del mundo, como Brasil, Estados Unidos, China, Alemania, Francia, Italia y Argentina, entre otros.

Profesional enamorado

A pesar de una vida profesional a la que el estilista siempre estuvo entregado, aún tuvo tiempo de encontrar al amor de su vida en el baile. Su mujer, María del Carmen Caicoya, fue un gran apoyo para Rodrigo. «Es muy trabajadora y me ayudó muchísimo con el negocio. Más adelante, abrió ella misma una perfumería y una boutique», presumía.

Con ella tuvo dos hijos, Rodrigo y Carmen, quienes continúan con el negocio. Él, centrado en la peluquería de mujeres y en las prótesis capilares y pelucas; y ella, con una peluquería en Oviedo y con la academia que su padre abrió en los años 80 en la avenida de la Constitución y de la que salieron algunos de los mejores peluqueros de la región.

Su nieto Diego también se ha unido a una familia dedicada por completo al mundo de la belleza, pues abrió hace unos años una peluquería de caballeros en la calle Covadonga. El negocio de la calle Uría cerró para trasladarse a un piso en la calle Corrida. Rodrigo pudo, de esta manera, disfrutar hasta el último momento de sus otros cuatro nietos y dos bisnietos.

Fallecido a sus 91 años, Gijón dice adiós a todo un ejemplo a seguir en cuanto a constancia, responsabilidad y arte. Todos recordarán esa emoción por ir a cortarse el pelo a la calle Uría sobre todo los más pequeños, que podían subirse a Bambi o Dumbo mientras tanto o cómo estudiaba los rasgos para saber qué estilo era el adecuado. Sus restos mortales son velados en la capilla ardiente del tanatorio de Cabueñes hasta el funeral, que tandrá lugar esta tarde, a las seis, en la iglesia de San José.

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