«A Herminio no le hizo falta tener el corazón sano para llenarnos de afecto»

El templo de San Lorenzo, repleto de sacerdotes, feligreses y allegados de Hermino González Llaca, fallecido el miércoles. / FOTOS: PALOMA UCHA
El templo de San Lorenzo, repleto de sacerdotes, feligreses y allegados de Hermino González Llaca, fallecido el miércoles. / FOTOS: PALOMA UCHA

El arzobispo de Oviedo, Sanz Montes, presidió el funeral por el padre Llaca, párroco de San Lorenzo fallecido el pasado miércoles

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

La parroquia de San Lorenzo brindó en la tarde de ayer un multitudinario último adiós a Herminio González Llaca, su párroco durante los últimos quince años. Lo hizo a través de una emotiva misa presidida por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, y a la que asisitieron casi un centenar de sacerdotes que, junto con los numerosos feligreses, dejaron pequeño el templo gijonés. «Su muerte, no por esperada ha dejado de conmovernos. No hay libro de reclamaciones en el que podamos expresar el disgusto que nos provoca su pérdida», afirmaba Sanz Montes, quien reconocía que «Herminio iba trampeando su mala salud como podía» y reivindicó cómo, pese a esos problemas, «no dejó de estar al frente de la parroquia». El arzobispo, al que le unía una gran relación con González Llaca desde que se conocieran durante la formación sacerdotal, quiso también poner en valor «la coherencia, sabiduría y afecto» del fallecido. «No le hizo falta tener el corazón sano para que todos tuviésemos cabida en él», afirmó, visiblemente emocionado al tiempo que reivindicaba el carácter «cercano» del fallecido y el cariño que le procesaron siempre los feligreses de todos los lugares en los que estuvo destinado.

El padre Llaca, de 62 años, llevaba tiempo arrastrando diversos problemas coronarios. Una circustancia que había derivado en un primer infarto en abril de 2018 y que lo mantenía a la espera de un transplante que finalmente no llegó. «Fue una carrera a contrarreloj para encontrar una salida al problema de corazón que padecía. Intentamos todo lo que estuvo a nuestro alcance», expresó Sanz Montes antes de agradecer a los médicos del hospital de Cabueñes y del HUCA el tratamiento dispensado al sacerdote. «La vida decide y elige la fecha, el momento y las circustancias, aunque el resto no lo entendamos y nos quedemos con tantos porqués sin respuesta», resumió.

Doble pérdida

La casualidad, la vida o el destino quisieron que horas después de que se confirmase la muerte del párroco de San Lorenzo, falleciese, también por un infarto, el asturiano Juan Antonio Menéndez, obispo de Astorga. «Esa misma mañana me había enviado un mensaje diciéndome que le había conmovido mucho la muerte de Herminio y pidiéndome permiso para venir a Gijón y poder asistir a su funeral», recordó el arzobispo a propósito de la terrible coincidencia temporal de ambas pérdidas.

Tras un largo aplauso, el padre Llaca abandonó por última vez la parroquia de San Lorenzo, la que fue su casa durante quince años y en donde deja un vacío de cariño que resultará muy complicado de llenar.

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