Un holandés trata de localizar al policía de Gijón que le salvó la vida

Isidro Martínez, propietario de la sidrería La Santina, ubicada en la rotonda de subida a Covadonga. / N. A
Isidro Martínez, propietario de la sidrería La Santina, ubicada en la rotonda de subida a Covadonga. / N. A

Sufrió un infarto durante una visita a Covadonga en mayo y logró evitar la muerte gracias a la reanimación que le practicó el agente

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

Los hechos ocurrieron el pasado 10 de mayo. Uno de los clientes de la sidrería La Santina, ubicada frente a la carretera que da acceso al santuario de Covadonga, comenzó a encontrarse mal. De sentirse indispuesto pasó, en apenas unos segundos, a caer desplomado. Fue entonces cuando el comensal de otra mesa corrió veloz en su auxilio. Y le salvó la vida. Porque de no haber sido por su inmediata reacción, la víctima, de nacionalidad holandesa y que se encontraba visitando la región con su familia, no hubiera sobrevivido al infarto. Meses después la familia al completo viajó de nuevo a la región preguntando por él. «Querían contactarlo para darle las gracias. Nosotros solo sabíamos que era policía en Gijón, así que no pudimos ayudarles mucho», cuenta el personal de la sidrería. Ese simple detalle fue suficiente para el grupo de holandeses, que enviaron varios fax a la Jefatura de Policía Local contando lo sucedido con el fin de lograr, por fin, dar con su paradero.

Los mensajes fueron colocados en el tablón de anuncios de la Comisaría, pero el héroe hasta entonces anónimo se encontraba de baja, por lo que no fue consciente de ellos hasta que sus propios compañeros, que lo habían identificado por la descripción aportada en la nota, le avisaron de lo que estaba sucediendo. Se trataba del agente Sergio Mendes. «Realmente no hay nada que agradecer. Estuviera o no de servicio, hice lo que tenía que hacer», declara hoy el policía, que aún no ha conseguido contactar con la familia. «No hace falta. El abrazo que me dio su mujer antes de irse al hospital es la mejor muestra de agradecimiento», alude.

El día de autos, rememora, «comprobé que estaba en parada cardiaca, por lo que mientras la gente llamaba a los servicios sanitarios decidí realizarle una serie de ejercicios de reanimación». Y recuerda: la formación en primeros auxilios es voluntaria; sin embargo, él intenta acudir a los cursos siempre que tiene oportunidad. «Está probado que salva vidas», sentencia.

Afortunadamente, tanto la intervención del policía como la posterior atención recibida por el paciente de mano de los médicos de la UVI móvil, que apenas tardaron 15 minutos en llegar al establecimiento, fueron decisivas para estabilizarle. «En un primer momento ayudé a los sanitarios, pero una vez que el hombre fue trasladado al hospital consideré que ya no aportaba nada más y me marché del lugar», narra con humildad el agente, que aquel día se encontraba fuera de servicio.

Ni al propio enfermo, al que se le colocó en el Hospital de Cabueñes un 'stent' (dispositivo con forma de muelle para corregir el estrechamiento de una arteria), ni a su familia se les olvidará nunca la oportuna intervención de Mendes.

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