El uso del inodoro como una papelera provoca 3.000 atascos al año en tuberías de edificios

Cientos de palitos de plástico huecos, de bastoncillos, en el recogedor de flotantes de Aboño. Masa de toallitas, papel Sontara (tipo bayeta), celulosas sanitarias y trapos. / E. C. E. C.
Cientos de palitos de plástico huecos, de bastoncillos, en el recogedor de flotantes de Aboño. Masa de toallitas, papel Sontara (tipo bayeta), celulosas sanitarias y trapos. / E. C. E. C.

La EMA dedica más de 600.000 euros anuales para evitar la obstrucción de la red de saneamiento por residuos como toallitas y bastoncillos

MARCOS MORO GIJÓN.

Las toallitas higiénicas, unidas a otros residuos sólidos y líquidos que se tiran inapropiadamente por los retretes de las casas, se han convertido en los últimos años en un grave problema medioambiental y económico. Pueden provocar atascos en colectores de saneamiento como primera fase de su rotura. También están detrás de la afluencia de aguas residuales al freático urbano, la emisión de olores ofensivos en zonas urbanas, generación de putrefacciones en redes y estaciones de bombeo, rotura de equipos de bombeo y obstrucciones en las propias depuradoras. El sobrecoste de esta problemática se estima cada año en España en 4-6 euros por persona (200 millones de euros al año).

En el caso concreto de Gijón, han justificado la reciente campaña de concienciación ciudadana de las Tres P ('Pipí, Popó, Papel'). No es para menos. Cada año, el camión-aspirador, comúnmente llamado cuba de la Empresa Municipal de Aguas (EMA) presta más de 3.000 servicios en la ciudad, la mayoría para solucionar atascos provocados por todos aquellos elementos que se vierten por el inodoro y que deberían ir a los contenedores. Toallitas, restos de comida, preservativos, bastoncillos para los oídos, hilo dental, compresas, pañales y trapos son algunos de los residuos que los operarios de la cuba tienen que sacar de las tuberías por no haber sido eliminados de manera responsable en los contenedores, con los inconvenientes y gastos que conlleva. Cada servicio de la cuba en una comunidad de vecinos tiene un coste medio aproximado de 120 euros.

Acumulación de toallitas retiradas en las instalaciones de La Reguerona.
Acumulación de toallitas retiradas en las instalaciones de La Reguerona. / E. C.

Los problemas no terminan en las conducciones de los edificios, sino que las toallitas higiénicas y otros residuos van reduciendo la capacidad de los colectores hasta que, en ocasiones, pueden llegar a obstruirlos por completo. Cada año la empresa municipal invierte más de 600.000 euros en solventar atascos que hasta hace poco, cuando las toallitas no existían, no se producían. Un problema añadido que tiene la reducción de la capacidad de los colectores por culpa de los residuos -inciden desde la EMA y el área de Sostenibilidad y Cambio Climático del Ayuntamiento- es que éstos no pueden asimilar la misma cantidad de agua que si solo llevaran aquello para lo que están diseñados. Esta circunstancia hace que los alivios involuntarios a los ríos se hagan más frecuentes y entrañen mayor gravedad, como los episodios del pasado verano.

En la depuradora que está activa, la de la zona oeste, en Aboño, las aguas residuales pasan en primer lugar por unas rejas de desbaste y tamices. Las toneladas de objetos que no deberían estar ahí provocan que los impulsores se obturen y atasquen las bombas, dificultando y encareciendo el proceso depurativo. Los tamices de la depuradora funcionan como una escalera que va elevando el residuo rechazado y lo deja caer a un tornillo sin fin. El tornillo alimenta una prensa, que compacta el residuo para retirar el agua y de ahí va a un contenedor de Cogersa.

Cientos de palitos de plástico huecos, de bastoncillos, en el recogedor de flotantes de Aboño.
Cientos de palitos de plástico huecos, de bastoncillos, en el recogedor de flotantes de Aboño. / E. C.

En esa masa compactada que se retira hay de todo, pero el material que sirve de argamasa es el tejido. No solo las toallitas. También hay papel tipo Sontara, que se usa cada vez más, celulosas sanitarias varias, trapos, etcétera.

Y en el recogedor de flotantes, situado en un extremo de los decantadores de la planta, es habitual encontrarse con una gran proporción de palitos de plástico huecos, que proceden de los bastoncillos una vez que pierden los extremos de algodón. Todo lo que no se atrapa ahí va al emisario y, por tanto, al mar.

Pollos y tortugas

No todo lo que llega a la depuradora de La Reguerona viene vía inodoro. Hay que tener en cuenta los sumideros (lo que se tira al suelo en la calle y lo arrastra la lluvia) y los vertidos directos al sistema de saneamiento que, pese a estar prohibidos, se sigue haciendo. En la estación de bombeo de La Figar se ha llegado a interceptar un cargamento entero de pollos muertos y materiales de construcción. Y en la depuradora del oeste los operarios rescataron en una ocasión dos tortugas que sobrevivieron después de que sus dueños quisieran deshacerse de ellas tirando de la cadena desde casa.

Covadonga Díaz, que es la responsable del laboratorio de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de La Reguerona, explica que las toallitas no pueden considerarse biodegradables aunque en sus envases tengan la calificación de desechable vía inodoro. «No es una mentira del todo, porque seguro que si pasan unos cuantos años acaban deshaciéndose, pero en los tiempos que se manejan en un sistema de saneamiento, del usuario al emisario, prácticamente no se alteran», explica.

Noticias relacionadas

 

Fotos

Vídeos