«Tengo la inspiración de que me voy a morir siendo capellán de Primera»

Fernando Fueyo, en pleno archivo de papeles en su despacho de la iglesia de San Nicolás de Bari. / ARIENZA
Fernando Fueyo, en pleno archivo de papeles en su despacho de la iglesia de San Nicolás de Bari. / ARIENZA

Fernando Fueyo Párroco de San Nicolás de Bari y capellán del Sporting, se jubila el día 21 | El viernes pregonará las fiestas de El Coto: «Cuando vine me dijeron que no se me ocurriera ponerme sotana, que este era un barrio muy comunista»

P. SUÁREZGIJÓN.

Folios, libros, cajas y todo tipo de recuerdos han colonizado desde hace días el pequeño despacho que Fernando Fueyo (Gijón, 1937) lleva ocupando durante casi 30 años en la iglesia de San Nicolas de Bari, en el barrio de El Coto. El párroco ultima la mudanza antes de que el próximo día 21 le alcance la jubilación. «Esto es un lío. He acumulado muchos libros», farfulla, agobiado, mientras su móvil no deja de entonar el himno del Sporting. «Es gente que me llama para pedirme misas», se disculpa. Fueyo pondrá mañana el colofón a su labor pregonando las recientemente recuperadas fiestas del barrio, ese al que llegó con la ilusión que le caracteriza y que abandona con el trabajo hecho y la popularidad por las nubes.

-¿Cómo encara la jubilación?

-(Risas) Pues mire, por un lado soy consciente de que tengo 82 años, 57 de los cuales he sido cura, que yo creo que de servicio ya estuvo bien. Pero al mismo tiempo... Esto es mi vida y yo soy una persona activa, que no sé estar sentado, así que no me veo de jubilado en la barra del bar. De mano, voy a venir todos los días a concelebrar la misa. De cura no te jubilas nunca.

-Dicen sus feligreses que, sin usted en la parroquia, El Coto no va a ser lo mismo.

-Bueno, son muchos años. Quiero mucho a la gente y ellos me quieren mucho a mí. Lo digo sin vanagloria. Yo he trabajado mucho en el barrio, desde que empezamos en aquel gimnasio de las Dominicas hasta hoy, que gracias a Dios tenemos estos locales y esta iglesia.

-¿Ha cambiado mucho la vida en el barrio?

-Bueno, hemos envejecido todos mucho (risas), pero la verdad es que la zona sigue teniendo las virtudes de un barrio. Nos conocemos todos.

-Cuando usted llegó no era un lugar fácil para la Iglesia.

-Bueno, tenía fama de ser muy de izquierdas, muy comunista. Me acuerdo que lo primero que me dijo el obispo fue que no se me ocurriera ponerme sotana ni nada (risas). Luego no fue para nada así. Hubo una colaboración mutua desde el principio. De hecho, como bien pone un cuadro a la puerta, esta iglesia fue construida gracias a la generosidad de los feligreses. Es así.

-Y cierra el ciclo como pregonero.

-Sí. Me acuerdo también de que cuando me mandaron para aquí, los compañeros me decían que se alegraban, que era donde tenía que estar. Lo decían porque El Coto se asociaba a la cárcel que había en aquel entonces (risas). De hecho, mañana voy a aprovechar el pregón para hacer un repaso de la historia del barrio. Me acuerdo que cuando me mudé con mi familia aquí al lado, hace 75 años, esto era como la selva, todo prao y montañines. En aquella época, El Coto funcionaba en torno al cuartel, a la cárcel y a las casas baratas. Es ahí, a principios del siglo cuando esto empezó a despegar. Y hasta hoy.

Sportinguista «antes de nacer»

-Se jubila como párroco, pero continuará como capellán del Sporting.

-Como capellán nunca me jubilaré, hasta que la muerte nos separe. El otro día el arzobispo, cuando nombró a mi sustituto, le dejó bien claro que era como párroco, no como capellán (risas).

-¿Es lo que más felicidad le ha dado?

-La verdad es que sí. Tengo mucha relación con los jugadores. He casado a muchos, he bautizado a sus hijos... A algunos, como Abelardo, incluso les di clase en Roces.

-Ninguno tan especial como Quini, ¿no?

-Por supuesto. Cuando empecé de capellán era él quien venía a buscarme. Tuvimos mucha amistad. Yo cuando quería jurar algo lo hacía por Quini, y él al final acabó también jurando por Fueyo.

-¿Fue el funeral que más le ha costado oficiar?

-Desde luego fue el más multitudinario. Fíjese cómo estaba El Molinón aquel día. Me impresionó el respeto y el silencio que había. Nunca creí que vería aquello.

-¿Es usted consciente de su popularidad entre el sportinguismo?

-Bueno, sí. Sobre todo por las veces que me paran por la calle para preguntarme si subimos.

-¿Y qué responde?

-Que sí, que seguro. Lo sé porque tengo la inspiración de que voy a morir siendo capellán de Primera. Así que tiene que ser pronto porque esto ya se está acabando.

-Lo de las redes sociales imagino que le queda un poco lejos.

-Sí. Nací demasiado pronto. Pero me entero por los chavales de la parroquia, que me cuentan lo que se habla.

-Cuando lo de Rubi -durante la etapa del entrenador catalán se le prohibió la entrada en el vestuario antes de los partidos- llegó a ser usted 'trending topic'.

-Aquello se sacó de quicio totalmente. Rubi lo que no quería es que nadie, ni el médico ni el utillero, estuviesen en el vestuario cinco minutos antes de que saliesen al campo. Llegaron a decir que si era ateo. ¡Qué iba a ser ateo! Es un rapaz de lo más normal. Yo sigo enviándole mensajes. Lo que pasa es que lo de que había echado al cura tenía más morbo.

-¿Qué es para usted ser del Sporting?

-No lo sé. Yo siempre digo que soy del Sporting desde nueve meses antes de nacer.