«El hombre lo que quería a todas luces era que lo sacáramos de allí»

«El hombre lo que quería a todas luces era que lo sacáramos de allí»
M. R. A. C., ayer, en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial. / CAROLINA SANTOS

Policías y psicólogos coinciden en que la acusada de maltratar y apropiarse del dinero de su novio de 76 años «lo tenía machacado psicológicamente»

Olaya Suárez
OLAYA SUÁREZGijón

«Tenía los síntomas claros de, sin duda alguna, de que había sufrido maltrato psicofísico». Los peritos que declararon en la segunda sesión del juicio a la mujer acusada de maltratar y apropiarse del dinero de su novio, de 76 años, fueron contundentes a la hora de relatar «el calvario» que sufrió el hombre durante los aproximadamente dos años que duró la relación sentimental, iniciada en un baile en la discoteca Dragón y concluida el día que la familia fue acompañada de la Policía para «liberarlo» del piso de la calle de Ceán Bermúdez del que, supuestamente, apenas le dejaba salir.

El denunciante tiene principios de un deterioro cognitivo, «con lagunas pero un relato sólido», según declararon los peritos, lo que no le resta credibilidad «pero le hace más vulnerable a la hora de ser manipulado y manejado».

Fue en 2017 cuando los hijos y varios amigos decidieron personarse en el domicilio para rescatarlo. «El hombre lo que quería a todas luces era que lo sacásemos de allí», relató uno de los policías que intervino.

La procesada, M. R. A. C., natural de Siero y vecina de Gijón, afronta una condena de cinco años y medio por maltrato y apropiación indebida de aproximadamente 100.000 euros. Durante su declaración en la primera sesión del juicio oral que se celebra en la Sección Octava de la Audiencia Provincial negó tajantemente haberse apropiado del dinero del hombre y dejarlo en la ruina, con la pensión y el piso embargados. «Fue él quien lo quiso gastar conmigo, íbamos al cine, al baile, a seguir a una cantante que nos gustaba...», dijo. Sin embargo, los testigos apuntaron a que lo maltrataba, lo insultaba, lo aisló socialmente, le quitó las llaves de casa y el teléfono móvil, a lo que se sumaban expresiones como: «Te voy a descuartizar y a meter los trozos en la nevera».

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