Llorca: «Los puertos sin instalaciones gasistas quedarán fuera del mercado»

Los presidentes de los puertos de Gijón y Avilés, Laureano Lourido y Santiago Rodríguez Vega, charlan con la directora del Idepa, Eva Pando, y el jefe de innovación de Puertos del Estado, José Llorca. / PALOMA UCHA
Los presidentes de los puertos de Gijón y Avilés, Laureano Lourido y Santiago Rodríguez Vega, charlan con la directora del Idepa, Eva Pando, y el jefe de innovación de Puertos del Estado, José Llorca. / PALOMA UCHA

«Esta fase de adaptación acelerada del transporte marítimo al gas durará hasta 2035», calcula el jefe de innovación de Puertos del Estado

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

«Tener una regasificadora en El Musel es, sin lugar a dudas, una oportunidad muy relevante para el futuro del puerto». Así lo aseguró ayer el jefe de innovación de Puertos del Estado y expresidente del ente público, José Llorca, durante la jornada 'Puertos 4.0' celebrada en la Autoridad Portuaria de Gijón. En su opinión, «vivimos una nueva revolución industrial» caracterizada por «un cambio tecnológico enormemente acelerado» que implica transformaciones energéticas, logísticas y productivas que afectan a todo el sector portuario nacional.

Y una de las características del proceso de reconversión a los parámetros de la nueva economía es, precisamente, la «adaptación acelerada del transporte marítimo al gas» derivada de las nuevas exigencias normativas en el ámbito internacional, tales como las referentes a la utilización de combustibles con óxido de azufre en el transporte marítimo, que a partir del próximo año van a estar limitados al 0,5%. Esto «exige una transformación de los barcos, bien con filtros para que no emitan óxidos, o con un cambio hacia otro tipo de combustibles como el gas». Por tanto, según Llorca, «los barcos que se están construyendo ahora o adaptándose a estas nuevas regulaciones van a dar una importancia significativa a que los puertos dispongan de instalaciones que permitan dar servicio de avituallamiento a este tipo de buques».

El puerto gijonés dispone desde 2012 de esta infraestructura, propiedad de Enagás, que se encuentra hibernada desde la finalización de las obras a causa de una sentencia que la consideró ilegal al incumplir la legislación en materia de distancia mínima a zonas habitadas y que requería de una autorización ambiental más exhaustiva. Su puesta en marcha, «vital para compensar la caída del carbón» según el presidente de la Autoridad Portuaria de Gijón, Laureano Lourido, recibió un espaldarazo este mismo mes gracias al reclamo del nuevo presidente de Puertos del Estado, Salvador de la Ercina, quien consiguió el compromiso del Ministerio de Fomento de agilizar la tramitación para la autorización del funcionamiento de una planta cuya relevancia para el futuro de El Musel quedó ayer manifiesta con las palabras de Llorca. «Aquellos puertos que no tengan infraestructuras gasistas que puedan avituallar a los buques quedarán fuera del mercado».

A pesar de que, por el momento, el volumen de embarcaciones que emplean este tipo de combustible «aún es pequeño», el jefe de innovación de Puertos del Estado recordó que «estamos en un proceso exponencial y cada vez habrá más barcos que utilicen el gas como energía alternativa forzados por estas regulaciones». No obstante, dada la aceleración del proceso actual de cambio, «lo que hoy es un tema de actualidad dentro de poco puede verse superado». Así, la etapa del gas en el transporte marítimo podría ser relativamente corta y Llorca sitúa el horizonte temporal de este combustible en 2035. A partir de entonces, el desarrollo de otras tecnologías y mecanismos como las baterías o la fabricación mediante energías renovables de combustibles sintéticos podrían desplazar al gas natural.

Pese a los interrogantes sobre cuál será el combustible del futuro, hay algo sobre lo que no cabe duda: la progresiva descarbonización del transporte marítimo y la energía en general, que «va a llevar a que los puertos graneleros pierdan tráfico, no solamente del carbón sino también de productos petrolíferos», un descenso que el puerto de Gijón ya está experimentando pero que según Llorca será «paulatino». Como consecuencia, aseguró, «hay que readaptarse, ya que los puertos deben trabajar al servicio de la economía real y, por tanto, de la diversificación». «La nueva economía va a hacer desaparecer productos, pero también atraerá otros y generaránuevos procesos económicos. Los puertos, como nodo crucial de la logística en un mundo global, van a seguir teniendo un papel importante».

Tecnología para el futuro

¿Por dónde pasa el futuro de El Musel? «La energía renovable va a ser un elemento fundamental». «Seguramente habrá fábricas de combustibles sintéticos que podrán instalarse perfectamente aquí; veremos molinos de viento o cédulas fotovoltaicas», pronosticó Llorca, quien insistió también en que «los puertos son microclimas que deben poder autoabastecerse. El Musel puede hacer algo parecido al puerto de Valencia, que ya tiene un plan específico de instalación de energías renovables para autoabastecer las grúas de las terminales de graneles».

Próximamente, además de la proliferación de las energías sostenibles, «veremos proyectos de robotización de terminales o de automatización de procesos».

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